Los estudiantes alemanes marchan contra el espíritu antialemán.

Deutsche Studentenschaft (Unión de Estudiantes Alemanes), 1933.

Claudia Sheinbaum recordó esta mañana uno de los capítulos que forman parte de su biografía política, su participación en el movimiento del Consejo Estudiantil Universitario, CEU, que entre 1986 y 1987 enfrentó al rector de la UNAM, Jorge Carpizo.

La presidenta reivindicó aquella movilización como una lucha democrática contra la “comercialización” de la educación universitaria y sostuvo que los estudiantes demostraron que aquel proyecto era inviable para México.

El CEU nació el 31 de octubre de 1986, después de que Carpizo presentara su diagnóstico Fortaleza y debilidad de la UNAM y propusiera modificaciones académicas y administrativas, entre ellas cambios al régimen de cuotas, al pase automático y a los mecanismos de evaluación. El Consejo Universitario aprobó las reformas y la protesta estudiantil creció hasta convertirse en un movimiento de grandes dimensiones.

Pero el CEU también surgió en un contexto nacional mucho más amplio: la crisis económica y política heredada del sexenio de López Portillo, el terremoto de 1985 y el proceso de apertura económica impulsado durante el gobierno de Miguel de la Madrid.

Sumado a otra ruptura: la de la Corriente Democrática del PRI, encabezada por Cuauhtémoc Cárdenas, que cuestionaba el rumbo económico y político del gobierno priista y que terminaría convirtiéndose en uno de los antecedentes fundamentales del cardenismo de 1988.

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La historia del movimiento y los personajes centrales del CEU, merecen algo más que una reinvención de la historia y de una narrativa fuera de lugar.

Entre los dirigentes más visibles estuvieron Imanol Ordorika, Antonio Santos y Carlos Imaz. A ellos se sumaron otros dirigentes como Guadalupe Carrasco, Andrea González y Óscar Moreno, además de Martí Batres.

¿Y Claudia Sheinbaum?

Sí participó en aquel movimiento. Eso no debe ocultarse ni minimizarse. Ya era pareja de Imaz. Pero existe una diferencia entre haber formado parte de una movilización y haber encabezado su dirección política. Las fuentes históricas que reconstruyen el movimiento colocan a Ordorika, Santos e Imaz entre sus principales dirigentes. La diferencia importa y el desenlace del conflicto también debe recordarse.

Después de la huelga de enero y febrero de 1987, el Consejo Universitario suspendió las reformas de Carpizo y aceptó la realización de un Congreso Universitario. Es decir, el CEU ganó su batalla inmediata, pero su verdadero legado no terminó en la Universidad.

De la protesta universitaria al poder

Una parte de aquella generación se incorporó a la movilización política de Cuauhtémoc Cárdenas, derivada de la ruptura de la corriente del PRI que se oponía a la apertura democrática y económica del país, proceso que desembocó en 1988.

El activismo universitario pasó al cardenismo; del cardenismo al PRD; de la política capitalina al movimiento de López Obrador y, finalmente, a Morena.

Martí Batres es uno de los ejemplos más claros. Después del movimiento universitario desarrolló una larga trayectoria en el PRD, para luego convertirse en dirigente nacional de Morena y ocupar distintos cargos públicos.

Carlos Imaz, de dirigente estudiantil pasó a jefe delegacional en Tlalpan durante el gobierno de López Obrador. En 2004 apareció en los videoescándalos junto a René Bejarno recibiendo dinero del empresario Carlos Ahumada y tras reconocer que había recibido esos recursos renunció a la jefatura delegacional.

No se trata de convertir aquel episodio en una condena del movimiento estudiantil sino de recordar hasta dónde llegaron algunos de sus protagonistas.

La historia volvió a pasar por la UNAM en 1999.

La huelga contra el incremento de cuotas impulsado por el rector Francisco Barnés de Castro fue un movimiento diferente al CEU de 1987: más prolongado, fragmentado y radicalizado, con una presencia política externa mucho más visible y conexiones con el PRD capitalino y dirigentes como Carlos Imaz y Martí Batres.

Barnés renunció en noviembre de 1999 y Juan Ramón de la Fuente asumió la Rectoría. Años después, De la Fuente se incorporaría al gobierno de López Obrador y posteriormente al de Sheinbaum.

Por eso la historia que hoy cuenta Sheinbaum tiene una primera parte cierta: el CEU fue un movimiento universitario que logró frenar las reformas de Carpizo y abrir un proceso de discusión dentro de la UNAM.

Pero existe una segunda parte que merece ser contada. Aquel movimiento no se quedó en las aulas. Fue semillero de cuadros políticos que participaron en el cardenismo de 1988, en la construcción del PRD, en la política capitalina y, posteriormente, en el movimiento que llevó a López Obrador a la Presidencia.

La ironía está ahí. La generación que denunciaba la concentración del poder, terminó, décadas después, formando parte de la corriente política que ha impulsado una nueva concentración del poder presidencial, debilitado contrapesos institucionales y con Morena, regresando a la figura del partido político dominante.

Por eso resulta insuficiente convertir aquella historia en una estampita de la izquierda universitaria.

X: @diaz_manuel