Escribo esta nota compuesta de tres puntos no sólo por aprovechar la ocasión del viaje de la presidenta Claudia Sheinbaum a Barcelona, España, en particular, porque ha sido y es necesario hablar de esos puntos en relación a la carta enviada, en marzo de 2019, por el entonces presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, al rey de España (y otra al Papa Francisco) “exigiendo” a la corona española “ofrezca disculpas o resarcimientos políticos que convengan” a los pueblos originarios de México por los agravios, crímenes y atropellos cometidos por los españoles durante el traumático proceso conocido como “la conquista”. A saber: 1. Una precisión sobre la literalidad y el tono de la carta; 2. Una consideración sobre la pertinencia o no de dicha carta. 3. Un apunte sobre una contradicción esencial de la carta, sobre todo, una contradicción vital de quien la escribe, firma y envía.
Y es necesario hablar de ello porque sigue siendo un asunto polémico y porque el gobierno de Sheinbaum ha ratificado el planteamiento del gobierno que le antecede, lo que lo convierte prácticamente en una perspectiva de Estado.
1. Literalidad y tono de la carta
Este punto fue el que originó la nota, porque he estado leyendo, desde diferentes frentes, que López Obrador envió una carta al rey “exigiendo” la “disculpa” a las autoridades españolas. Los frentes van desde los columnistas pro 4T hasta sus odiadores crónicos (o de “López”), pasando por los faltos de rigor que o no han leído el documento de origen, lo han olvidado, lo citan mal o acaso confunden una suerte de rijosidad en el perfil del firmante con lo que el texto literalmente dice.
Antes que exigir, los verbos que usa el texto son: desear, invitar y proponer. En ningún momento utiliza exigir. Por el contrario, es un manifiesto (que así le llama el autor) serio en términos de las referencias históricas y su interpretación, y utiliza un tono bastante amable en relación al rey, al cual le da trato de “Su Majestad” y “Excelentísimo Señor”.
Las tres siguientes citas apuntan los tres verbos señalados, y se presentan para literalmente contravenir esos frentes erráticos mencionados. Después de la exposición histórica y su interpretación, y luego de advertir que no está solicitando resarcimiento económico sino una reconciliación, el manifestante señala:
- México desea que el Estado español admita su responsabilidad histórica por esas ofensas y ofrezca las disculpas o resarcimientos políticos que convengan.
- [México desea] invitar al Estado español a que sea partícipe de esta reconciliación histórica.
- [El] gobierno de México propone a Su Majestad, que se trabaje a la brevedad, y en forma bilateral, en una hoja de ruta para lograr el objetivo de realizar en 2021 una ceremonia conjunta al más alto nivel.
Los tres verbos: desear, invitar y proponer, desmienten a quienes utilizan el verbo radical, y fuera de lugar del contexto tratado, exigir.
En cuanto a verbos, si alguna crítica tendría que hacerse es al uso del verbo religioso-cristiano, disculpar, vinculado al pecado, es más conveniente utilizar el sentido del perdón; pero claro, el autor es un autoproclamado cristiano, se comprende.



2. Pertinencia o no de la carta
Aclarado lo anterior, la carta y su intención no están naturalmente exentas de crítica. La primera: el hecho mismo de su existencia: ¿eso quieren realmente los mexicanos, lo esgrimido en la misiva?; ¿puede la interpretación histórica y el deseo de un gobernante (aunque sea popular y legítimo) hablar en nombre de México y los mexicanos?
Y después de que ya existe la carta y de no ser respondida por el destinatario, ¿es necesaria la insistencia constante en esa solicitud tanto de López Obrador como de Sheinbaum Pardo?
No me parece beneficioso ni individual ni colectivamente andar solicitando el perdón del sujeto a quien se considera victimario. Si el perdón se ha de dar, tiene que ser nacido de la conciencia y la honestidad de quien lo profiere.
¿Para qué andar mendigando, ya que no se exigen (y para qué exigir) las “disculpas” del rey, de la corona y el Estado español?
Yo como mexicano y como ciudadano que históricamente ha luchado durante su biografía civil por el cambio democrático en México (es decir, apoyando a López Obrador, Sheinbaum y antes a Cárdenas), no me siento representado en esa carta; ni en el manifiesto del todo, como veremos en el tercer punto.
Y bueno, si logran finalmente esas “disculpas”, ese perdón a los pueblos nativos de Mesoamérica, ¿qué sigue, una invitación al rey a que venga a recorrer el antiguo virreinato de la Nueva España?
A mí, como ciudadano mexicano, como elector de un programa de gobierno, como individualidad universal, me tienen sin cuidado y sin interés ese perdón o esas “disculpas”.
3. Contradicción esencial del contenido de la carta
El cuestionamiento mayor, la crítica más seria al manifiesto epistolar de AMLO viene de su contradicción más profunda: se señala con insistencia la imposición de una religión, de una nueva fe por parte de los “conquistadores” a los pueblos preexistentes (crítica ratificada por Sheinbaum). A costa de las creencias locales, “se impuso la fe y se construyeron templos católicos sobre las antiguas pirámides, y con los materiales de estas”.
Y sin embargo, el autor de esa crítica ha abrazado con fe prácticamente ciega (es decir, amorosa), esa fe impuesta como cristianismo, es un adorador de Jesús Cristo (como le ha llamado). Es un hombre fiel a esa fe violentamente inoculada por los invasores españoles. Se trata de una contradicción estructural, tal como ya he escrito en este espacio en agosto de 2021 en “Indigenistas de México y América: contradicción e hipocresía”.
Sintetizo: “Todo indigenista del continente americano tendría obligadamente que ser ateo, o anticristiano cuando menos. Si no es así, vive en contradicción esencial o, peor, en hipocresía. ¿Cómo enaltecer a los pueblos antiguos y recriminar a los invasores al tiempo que se abraza la cruz del judeocristianismo impuesta por estos, lo que significó la destrucción del mundo previo que se exalta? Es lógica elemental o razón radical, como se quiera ver... Es más honesto quien siendo americano amestizado, criollo, agradece a los españoles por exterminar una cosmovisión e imponer la católica judeocristiana; aunque se le pueda acusar de fascista...
“¿Cómo justificar racionalmente que se asume el espíritu y la religión de los invasores sin cuestionamientos pero se rechaza su acción invasora e impositiva, criminal? ¿Sólo porque se considera que la cosmogonía anterior era tan terrible que sometía a otros pueblos y a la vez realizaba sacrificios humanos? Bueno, eso ha sido connatural a todos los pueblos remotos, como lo ha explicado Robert Graves en Los mitos griegos…
“Se entiende a los cristianos que justifican y aun celebran el exterminio del mundo indígena, ellos han encontrado en su espiritualidad religiosa judeocristiana lo que consideran, sin cuestionarlo, el camino de la divinidad y la salvación.
[Pero] “resulta imposible comprender al indigenista cristiano y, peor, si se trata de un indigenista cristiano de izquierda… que no rechaza al dios impuesto por los españoles, al cual ora y ante cual se inclina y arrodilla. Vive así, si no en la hipocresía… sí en la más confortable y conformista contradicción. Una contradicción espiritual y racional estructural”.
Ha quedado a deber López Obrador una explicación importante sobre su contradicción esencial. Tal vez la tenga para sí, pero al haber sido presidente del país, líder social histórico con gran legitimad y popularidad, al haber tomado iniciativas y decisiones como el asunto de la carta al rey de los españoles a nombre de los mexicanos, su explicación tendría que ser pública.
En su caso, Claudia Sheinbaum, aunque étnicamente de origen judío (no sionista) y luchadora activa de la izquierda electoral y democrática, parece más bien expresarse desde el ateísmo tolerante, al menos eso se interpreta de sus alocuciones públicas sobre materia religiosa. Que ella continúe insistiendo en el proceso de la carta y su intencionalidad, es una cuestión de lealtad política a la figura mayor de la izquierda electoral de los últimos casi cuarenta años; y acaso no le falte convicción en ello. No obstante, no considero que esa insistencia deba convertirse en obcecación, pues el asunto no deja de tener sus contradicciones e inconvenientes, como ya hemos visto.
P.d. Aprovechando el viaje de la presidenta de México a España, y para evitarme los reclamos y exigencias de videos musicales en este espacio, aquí ofrezco “Barcelona”, de Freddie Mercury, interpretada por él mismo a dueto con la soprano barcelonesa Monserrat Caballé, con motivo de la celebración de los Juegos Olímpicos de 1992 en dicha ciudad:
La versión de 1987:
La versión de 1988, Olimpiada Cultural:

Héctor Palacio en X: @NietzscheAristo



