Nos dijeron que la conferencia matutina sería un ejercicio inédito de transparencia, la máxima tribuna del Estado mexicano, el foro para informar a los ciudadanos sobre los asuntos de interés nacional, rendir cuentas y mantener un diálogo directo con el pueblo de México.
Una promesa más que tampoco se cumplió y como muestra ahí está la llamada ‘Mañanera del Pueblo’, que parece debatirse entre un programa de variedades, una plataforma de promoción y un espacio de propaganda en la que sólo de manera ocasional aparecen temas de gobierno, y de la rendición de cuentas mejor ni hablamos.
La presidenta Claudia Sheinbaum dedicó la conferencia del jueves 23 de julio de 2026 prácticamente en su totalidad, a presentar a los siete finalistas mexicanos que radican en Estados Unidos de la segunda edición de México Canta.
El Salón Tesorería dejó de parecer la sede del Poder Ejecutivo para convertirse en Siempre en Domingo. Sólo faltó el conductor que anunciara al siguiente concursante.
Y mientras eso ocurría, el país pasa por la revisión del T-MEC, por presiones comerciales de Estados Unidos, investigaciones internacionales sobre huachicol fiscal, cuestionamientos en materia de seguridad, una economía prácticamente estancada y una creciente incertidumbre jurídica.
Pero cada gobierno decide cuáles son sus prioridades.
Narcocorridos
Muy llamativa resultó la postura presidencial sobre los narcocorridos. En plena discusión nacional sobre la prohibición de espectáculos que hacen apología del crimen organizado, Sheinbaum cuestionó las restricciones impuestas en distintos estados y municipios y defendió que “es mejor promover y concientizar” antes que prohibir.
Una afirmación, cuando menos, contradictoria. Durante años, autoridades han sostenido que estas expresiones musicales glorifican la violencia, presentan a los delincuentes como modelos de éxito y terminan convirtiéndose en instrumentos de propaganda para las organizaciones criminales, particularmente entre jóvenes.
De ahí que una decena de estados, incluida la Ciudad de México gobernada por Morena, hayan aprobado sanciones para impedir la difusión de este tipo de espectáculos.
El propio Congreso capitalino reformó recientemente la Ley para la Celebración de Espectáculos Públicos para prohibir expresamente cualquier apología del delito.
Ahora habrá que esperar para saber si aplicará esa lógica cuando la promoción viene desde Palacio Nacional.
Porque en el discurso y en los hechos sobresalen las contradicciones: el mismo gobierno que impulsa reformas para regular redes sociales y ampliar las facultades del Estado para retirar contenidos o sancionar expresiones que le resulten incómodas, reivindica la libertad de expresión cuando se trata de canciones que exaltan a los cárteles., mientras con la otra mano, pretenden limitar contenidos críticos bajo el argumento del combate a la desinformación.
No parece un criterio parejo ni de respeto a las libertades, más bien parece un criterio de conveniencias.
Pan y circo
El problema no radica en un concurso musical, sino en la creciente banalización de la comunicación gubernamental.
Las mañaneras de Andrés Manuel López Obrador nunca fueron conferencias tradicionales. Eran una herramienta política para fijar la agenda pública, confrontar adversarios, descalificar opositores, responder a periodistas y construir la narrativa oficial.
Era propaganda, sí, pero seguía siendo política.
Sin embargo, aunque el formato permanece y Claudia Sheinbaum intente reproducir el estilo de su antecesor, sus pausas, sus explicaciones y hasta sus bromas; ahora la política comienza a ceder terreno al espectáculo.
No es nuevo, desde que fue jefa de Gobierno y como presidenta, se han multiplicado conciertos masivos, festivales gratuitos y eventos musicales financiados con recursos públicos. Shakira, Rosalía, Grupo Firme, Los Fabulosos Cadillacs, Interpol, BTS, Los Tigres del Norte, Residente y muchos otros artistas han ocupado espacios privilegiados dentro de la agenda gubernamental.
La política cultural es legítima, pero no debe sustituir la política pública.
Lo difícil es ignorar que, mientras artistas internacionales son recibidos en Palacio Nacional, las madres buscadoras siguen esperando ser escuchadas. Mientras se presentan concursos musicales, millones de mexicanos esperan respuestas sobre seguridad, salud, crecimiento económico, desapariciones o corrupción.
Nuevamente, se trata de prioridades.
Jesús Ramírez Cuevas diseñó las mañaneras como el gran instrumento propagandístico de la 4T, pero ya parecen un programa de revista donde caben cantantes, concursos, cápsulas culturales, descalificaciones políticas, mensajes ideológicos, humor, promoción oficial y si el tiempo alcanza, uno que otro asunto de gobierno.
La máxima tribuna convertida en escenario de entretenimiento, de un gobierno que cree que gobernar consiste en mantener cautiva a la audiencia, para que así “no le cambien” al programa estelar del régimen.
La incógnita ya no será qué importante asunto de Estado se tratará en la Mañanera, sino quién será el siguiente artista invitado.
X: @diaz_manuel





