“One foot in front of the other babe

One breath leads to another yeah

Just keep moving, oh

Look within for the strength today

Listen out for the voice to say

Just keep moving, oh

Go, go, go

Figure it out, figure it out, but don't stop moving

Go, go, go

Figure it out, figure it out, you can do this.”

DAVID GUETTA / SIA

No es lo mejor para el género ni para las contiendas electorales (en realidad, para nada de nada) eso de que mujeres grillen —si es de mala forma, peor— a otras mujeres. No es burlándose de otras personas como se muestra altura de miras, ni el ejercicio de la política —particularmente la surgida de y entre mujeres— que tanto le urge a este país.

Este tema me preocupa y me ocupa y lo traigo a colación en razón (aunque obviamente va mucho más allá) de que hace unos días Claudia Sheinbaum compartió en sus redes sociales un palomazo desafinado con su pareja al son de Juan Gabriel. Y no, no lo digo yo, ella fue la que lo describió de esta manera: “sí somos Jesús y yo, al natural, desafinados. Lo que importa es el amor. Buena noche.”

Lamentablemente, Lilly Téllez intentó mofarse y atacar en Twitter a la jefa de gobierno de la CDMX con el siguiente comentario: “No se vale utilizar métodos de tortura en la carrera presidencial ¡yo sí juego limpio!” Pues bien, así, con ese comentario, ni tan limpio…

Lilly Téllez ha dado muestras de que puede ser una política competente; que sabe señalar con el instinto de periodista y aprendiendo a ser una mejor legisladora, las pifias y errores del poder. Ha podido contestar en no pocas ocasiones a las diatribas de López Obrador y a las presiones y malos modos de Morena y de algunos de sus secuaces como es el diputado Gerardo Fernández Noroña, lo que no es poca cosa. Sin embargo, la forma en que se burló de Claudia Sheinbaum fue acercarla a lo que tanto critica.

Las mujeres que le pegan a mujeres no es lo mejor para el género ni para la política nacional, en realidad es de lo peor.

Las columnas más leídas de hoy

Claro, es habitual que entre políticos utilicen los gazapos y traspiés de sus contrincantes para señalarlos y buscar la simpatía de sus propios representados o posibles votantes. Pero que sea usual no lo hace correcto ni constructivo.

Habiendo tanto, tantísimo substantivo que criticar, recurrir al golpeteo de bote pronto, más cuando es propinado por una mujer a otra, habla muy mal de la persona y del nivel de debate. Mal la muestra de que las mujeres pueden ser igual o peores que sus contrapartes varones al momento de golpear (mas no a la hora de soportar un golpe).

Es momento de empezar a desterrar esa vieja costumbre de que figuras públicas femeninas golpeen a otras por naderías en lugar de fortalecerse y crecer en el ejercicio de la política.

Apenas ayer en mi columna para SDPnoticias le recomendaba a Claudia Sheinbaum acercarse a otras mujeres para crecer políticamente con ellas y no a su costa. Que, como puntera en la carrera presidencial adelantada que vivimos, “insertara a la arena del debate nacional —para enriquecer y balancear este— a otras valiosas mujeres de la oposición” como podrían ser, por mencionar algunos ejemplos, Margarita Zavala, Xóchitl Gálvez, Beatriz Paredes, entre muchas, muchas otras. Enriquecer la contienda política, la competencia electoral, las ideas, pero desterrar los viejos vicios políticos del golpeteo tan típico de los varones y que solo destruye y a nada lleva. Las sumatorias en la diversidad son lo que deben impulsar nuestras mujeres en la política y en la opinión pública.

Mencioné como ejemplo a la senadora Paredes Rangel pues este miércoles, en un desayuno organizado por El Heraldo Media Group al que fui invitada dado que colaboro también ahí como analista y columnista (pero que tuve declinar pues de vez en cuando padezco de episodios severos de migraña), la legisladora levantó la mano para buscar la candidatura presidencial en las elecciones del 2024 por el PRI, por la coalición Va por México y hasta dejó entrever que ella podría sumar a Movimiento Ciudadano.

En fin, a lo que voy es que ya no debemos soportar que una mujer se someta al juego político de hacer de todo por arrancar unas sonrisas, particularmente si es en detrimento de otra persona.

Es importante hacer la diferencia: se puede y se debe criticar lo que está incorrecto, especialmente en cuestiones de gobierno. Asimismo, se debe señalar cuando cualquier político (ellas y ellos) rompen la ley, corrompen o permiten corruptelas. Esto es, se debe criticar y señalar lo intrínseco a la actuación o servicio de los funcionarios públicos, pero siempre procurando no mofarse de sus gustos, características o condiciones personales.

Corresponde a las mujeres, figuras políticas de este país, elevar el debate. Es urgente y casi casi una agenda de género.

Y en ese sentido este artículo no es sobre Claudia Sheinbaum como precandidata, ni sobre Lilly Téllez jugando el juego de la misoginia, ni sobre Beatriz Paredes apenas auto reinsertada a contiendas políticas de gran calado. Se trata de decir que sí hay posibilidad —debe haberla— de un juego limpio. Uno que no requiera que un grupo político use a una mujer para golpear a otra mujer del bando contrario.

No es la primera vez que señalo el error de denostar a otras mujeres. Desde la falta absoluta de Layda Sansores con las diputadas del PRI, como cada vez que las mujeres de la 4T guardan sepulcral silencio ante casos de violencia, encarcelamiento ilegal o asesinato de mujeres. Las mujeres NO defendiendo a mujeres vulneradas ciertamente tampoco es lo mejor para el género femenino. Es tan obvio que debiera ser innecesario decirlo.

Este es un llamado a que seamos ecuánimes —especialmente nosotras—; es una petición a las mujeres en política, más allá de sus partidos o ideologías: abandonen el juego de los varones políticos, el de la misoginia.