Este 2026 se cumplen 50 años de la publicación del libro: Corrientes psicológicas en México, coordinado por José Cueli y Lucy Reidl, (1976, Editorial Diógenes, segunda edición). Esta obra representa un momento y una circunstancia relevantes para entender los rasgos de la historia reciente de la psicología en nuestro país, tanto en lo referente a su práctica profesional como a su enseñanza en instituciones de educación superior.

Aunque la historia de la psicología en México se inició en la última década del siglo XIX (recordemos la importancia de precursores como Gabino Barreda, Ezequiel A. Chávez y Enrique Aragón, entre otros), en esta oportunidad abordaré solo algunos aspectos de esa trayectoria académica y colectiva que se ha registrado durante los últimos 50 años.

No olvidemos que los inicios de la disciplina psicológica estuvieron marcados por influencias filosóficas, específicamente de la escuela del positivismo europeo (Augusto Comte). La psicología emerge, así, como disciplina a partir de supuestos o premisas de la filosofía, con énfasis en la ciencia positiva y la educación racionales como bases del progreso social.

Entre 1947 y 1980 la psicología experimentó un importante crecimiento institucional. Se creó, por ejemplo, en la UNAM, la carrera de psicología en la Facultad de Filosofía y Letras; también surgió la carrera en la Universidad Veracruzana; luego, en la UNAM, la Facultad de Psicología fue fundada en 1973, para independizarse teórica y organizativamente de la filosofía. Unos años después, la misma UNAM estableció la carrera de psicología en las Escuelas Nacionales de Estudios Profesionales (ENEP) de Iztacala y Zaragoza entre 1975 y 1976. Hechos que marcaron la consolidaron de diversas corrientes psicológicas en México, mismas que, en su tiempo, recibieron críticas por sus posicionamientos e implicaciones eclécticas, más que por su carácter de unificación o coherencia teóricas y metodológicas, puesto que la disciplina se encontraba (y hoy todavía se encuentra), sin consenso sobre su objeto y sus métodos de estudio.

Para apoyar estas afirmaciones, hay que señalar que el propio libro antes mencionado es representativo del estado en que se encontraba la enseñanza y la práctica de la psicología en México, es decir, muestra la situación prevaleciente durante la segunda mitad de la década de los años setenta. Podría afirmarse, sin duda, que esa obra prácticamente contiene un mapa conceptual sobre la evolución, influencias y pluralidad de la psicología mexicana a finales del siglo XX.

Las columnas más leídas de hoy

Veamos. En el índice de la obra se registran los siguientes textos: “El Psicoanálisis hoy” de José Cueli; “La teoría de la información”, de Luis Castro; “La escuela psicobiológica”, de Alberto Cuevas; “El conductismo”, de Lucy Reidl; “El Cognoscitivismo”, de Serafín Mercado; “La teoría sociocultural del comportamiento humano”, de Rogelio Díaz Guerrero; “La escuela de Ginebra”, de Araceli Otero; “La escuela soviética”, de Lucy Reidl; y “Análisis experimental de la conducta”, de Emilio Ribes Iñesta.

¿Qué simbolizan las y los autores y el contenido mismo reunidos en este libro? Esto, en abono a la reconstrucción historiográfica de la psicología que se ejerce en México, desde hace 50 años. Lo que se puede interpretar y observar con claridad es la pluralidad de aproximaciones y la diversidad de tradiciones epistemológicas, teóricas, metodológicas; de lenguajes, lógicas y aplicaciones prácticas.

Asimismo, la historia de la psicología mexicana, como disciplina independiente, representa la evolución de un campo académico y de trabajo profundamente influido por contextos sociales, culturales y políticos del país. Por lo tanto, su desarrollo refleja la adaptación creativa de corrientes globales al contexto mexicano, lo que ha generado una singular pluralidad teórica y metodológica que no se da tan nítidamente en otras naciones.

Corrientes principales: origen y perspectivas teórico metodológicas

En los primeros años, en México, el psicoanálisis se practicó, principalmente, con interpretaciones basadas en las obras freudianas y frommianas: Exploración del inconsciente, dinámicas psíquicas y análisis de la personalidad, con fuerte influencia en la práctica clínica mexicana.

El conductismo inició con un enfoque centrado en los estudios sobre la conducta operante y condicionamiento, y con una perspectiva experimental rigurosa, que desarrolló, sobre todo, el Grupo Xalapa en la Universidad Veracruzana.

Por su parte, la corriente cognoscitivista se concentró en el estudio de los procesos mentales superiores como memoria, pensamiento y resolución de problemas con influencias norteamericana y europeas adaptadas al contexto local.

La llamada psicología social se dedicó, en un principio, a estudiar las interacciones grupales, los procesos colectivos y aquellos fenómenos institucionales relevantes como el liderazgo o las dinámicas de poder en los grupos y en contextos mexicanos.

La psicología transcultural, de Díaz Guerrero, analizó cómo los valores culturales afectaban la conducta. También realizó investigación sobre las relaciones individualismo-colectivismo en México. Por otra parte, las y los psicobiólogos se interesaron por indagar en torno a procesos de la neurobiología, la psicofisiología y las bases biológicas del comportamiento; así como a desarrollar la neuropsicología, a través de métodos científicos rigurosos.

El Colegio Nacional de Psicólogos (y Psicólogas) (CoNaPsi), se estableció en 1976. Fue un organismo que reguló y certificó la práctica profesional de la psicología en México. A partir de ese año se crearon diversas asociaciones, federaciones y colegios de psicólogas y psicólogos en diferentes ciudades o entidades de la república mexicana.

Nombres como Víctor Alcaraz, Arturo Bouzas, Víctor Colotla, Juan José Sánchez Sosa, Serafín Mercado, Gustavo Fernández, Florente López, Luis Lara Tapia y Graciela Rodríguez, entre otros, además de las y los autores del libro antes referido, son considerados pioneras y pioneros en los difíciles inicios de la psicología en México, durante un tiempo y en contextos sociales complejos; y en los cuales se sentaron las bases, no sin dificultades, para desarrollar la psicología académica, la formación de miles de psicólogas y psicólogos, y el ejercicio de la profesión en el país con reconocimiento social, legal y político.

Por último, solo dejo por aquí un apunte: junto con otras y otros colegas, tuvimos la suerte de formarnos como psicólogos en la ENEP (hoy FES) Iztacala de la UNAM entre 1980 y 1984, y compartir el especial privilegio de haber sido estudiantes de Emilo Ribes, en Iztacala; y de Luis Castro y Serafín Mercado, en CU, quienes figuran como coautores del libro hoy comentado. Dicho esto en términos de una síntesis poco exhaustiva y sumamente apretada.