Cada año, en estas fechas suele gritarse, en las marchas conmemorativas del movimiento estudiantil de 1968, en México: “2 de octubre no se olvida”. De acuerdo, no se olvida, pero ¿se comprende? ¿se cuenta con referentes históricos claros sobre lo sucedido ese año? Según lo que he explorado entre estudiantes universitarios, la respuesta es que “no”.
Algunas de las preguntas que he planteado a alumnas y alumnos de licenciatura, en la Universidad Pedagógica Nacional, Unidad Querétaro, durante los últimos años es: “¿Por qué sucedió en Tlatelolco?” “¿Por qué los hechos de represión y brutalidad gubernamental de ese año ocurrieron en una plaza ubicada en una unidad habitacional?”
La mayoría no lo sabe o simplemente alguno o alguna improvisa respuestas equivocadas como las siguientes: “Porque las y los estudiantes iban a protestar en la torre de la Secretaría de Relaciones Exteriores, sede de la cancillería mexicana, que estaba en Tlatelolco, para que el mundo se enterara de la protesta estudiantil de México” o “porque el hecho de manifestarse ahí sería una medida de presión ante la inminente realización de los Juegos Olímpicos que se inaugurarían el 12 de octubre de 1968”.
Ninguna de las anteriores es una respuesta correcta o simplemente no corresponde con los hechos. Cuando el Consejo Nacional de Huelga (CNH), órgano de dirección del movimiento estudiantil de 1968, convocó, a través del diario El Día, a la Marcha del Silencio para el 13 de septiembre, invitó a “todos los trabajadores, agricultores, maestros, estudiantes y público en general” a participar en la marcha. El CNH ahí enfatizó que la protesta no tenía “conexión con los Juegos Olímpicos (JJOO)... ni con los días feriados nacionales que conmemoran la Independencia nacional”, y que “este consejo o comité no tiene intención de interferir con ellos de ninguna manera”. El anuncio reiteró la lista de seis demandas del CNH entre las cuales no había ninguna petición para “boicotear” ni alterar la organización de los JJOO. Por lo tanto, la razón de “por qué Tlatelolco” es diferente.
Esos hechos de represión y barbarie del gobierno en contra de manifestantes, en resumen, la masacre, se dio en la Plaza de las Tres Culturas porque en Tlatelolco había dos escuelas del Instituto Politécnico Nacional (IPN), en paro o en huelga: la Escuela Vocacional “Cuauhtémoc”, No. 7 y la Prevocacional No. 4 (secundaria técnica). Es probable que estudiantes de esos planteles propusieran, en el seno del CNH, que los actos de protesta se realizaran en esa plaza por razones prácticas.
Cabe mencionar que, durante el movimiento estudiantil de ese año, el CGH organizó dos mítines en esa misma Plaza de la Unidad Habitacional “Nonoalco Tlatelolco” en otras fechas: el 7 y el 27 de septiembre de 1968, según se tiene registro en documentos periodísticos (textos y fotos en los periódicos El Día y Excélsior, por ejemplo).
Sería interesante, para historiadoras e historiadores, que se conocieran los acuerdos del Consejo Nacional de Huelga (CNG), emitidos entre agosto y septiembre de 1968, en los cuales se tomó la decisión de que el mitin se realizara el 2 de octubre en esa plaza (originalmente, ese lugar sería el punto de reunión para marchar hacia el Casco de Santo Tomás, donde están escuelas del IPN, pero al final se decidió que se suspendería la marcha al terminar el mitin en Tlatelolco para evitar confrontaciones).
La razón por la cual se eligió o se propuso realizar dos o tres actos de protesta en esa plaza, antes del 2 de octubre y ese mismo día, fue debido a que las instalaciones universitarias y politécnicas habían sido tomadas por la fuerza pública en días previos (ejército, granaderos y policía), lo mismo que el Zócalo capitalino. Por lo tanto, no había muchos otros sitios para continuar con la movilización, los actos públicos y exigir el cumplimiento del pliego petitorio.
Así es que la única o casi única plaza pública factible y de amplia capacidad para continuar con el movimiento, era la Plaza de las Tres Culturas. Por consiguiente, no hay registro de que la protesta en ese lugar estuviera motivada por actos propagandísticos en las puertas de la cancillería mexicana.
Interpretaciones sobre la decisión de convocar al mitin en Tlatelolco
La afirmación de que el mitin del 2 de octubre de 1968 en la Plaza de las Tres Culturas fue “inducido” o facilitado por infiltrados del gobierno en el Consejo Nacional de Huelga (CNH) aparece en varias crónicas periodísticas, investigaciones y resoluciones judiciales, pero no constituye una prueba documental directa e inequívoca de que agentes provocadores hayan impuesto o manipulado la decisión de convocar allí el acto. Se trata más bien de una hipótesis respaldada por indicios de infiltración generalizada, el contexto de inteligencia previa y la conveniencia táctica del lugar para el operativo gubernamental (Operación Galeana).
Esta infiltración es un hecho ampliamente aceptado por historiadoras e historiadores, la Fiscalía Especial para Movimientos Sociales y Políticos del Pasado (FEMOSPP) y organismos de derechos humanos. Sin embargo, se refiere principalmente a espionaje e identificación de líderes, no necesariamente a la manipulación específica del lugar del mitin del 2 de octubre.
La Operación Galeana fue planeada con conocimiento del mitin. El secretario de la Defensa, Marcelino García Barragán, ordenó el despliegue al enterarse de la convocatoria. Elementos del Batallón Olimpia (mezcla de militares y agentes de la Dirección Federal de Seguridad (DFS), vestidos de civil e identificados con guante o pañuelo blanco) se infiltraron en la plaza y en los edificios. Su misión incluía llegar al edificio Chihuahua (donde estaban los oradores) y detener a los líderes. Documentos desclasificados y el informe de la FEMOSPP confirman que francotiradores del Estado Mayor Presidencial (bajo las órdenes del general Luis Gutiérrez Oropeza) estaban apostados en azoteas de la parroquia y edificios, y en departamentos, incluso en uno perteneciente a la cuñada de Luis Echeverría. El objetivo era inducir una respuesta armada del Ejército.
Esto demuestra que el gobierno aprovechó el lugar y se preparó para él, pero no prueba de manera concluyente que infiltrados hayan “forzado” la convocatoria desde dentro del CNH. Las investigaciones de la FEMOSPP, los archivos desclasificados y los testimonios de sobrevivientes siguen siendo las fuentes más sólidas. La cuestión de la “inducción” permanece en el terreno de la interpretación histórica respaldada por indicios fuertes, más que por una prueba directa única.
Mientras tanto, durante estos días se llevarán a cabo los actos conmemorativos del movimiento estudiantil de 1968 en México. Ojalá que cada día comprendamos los hechos a profundidad y de manera contextualizada. Si parafraseáramos lo que señala el periódico La Jornada y el Canal Seis de Julio en el documental “Tlatelolco: Las claves de la Masacre” (2002), hoy diríamos con certeza: A 58 años de los hechos de Tlatelolco, la memoria es más fuerte que el olvido.
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