El 8 de mayo de 2026, satélites de la NASA registraron una erupción volcánica submarina en el mar de Bismarck, cerca de Papúa Nueva Guinea, mediante el OLI del satélite Landsat 8.
Las imágenes mostraron columnas de vapor y ceniza, además de extensas balsas de piedra pómez flotando en el agua, principal indicador de actividad volcánica.
La NASA advirtió a comunidades de las Islas del Almirantazgo sobre los riesgos, pues el material acumulado bloqueó costas, afectó arrecifes y praderas marinas, y amenaza a la fauna local.

¿Cómo se detectaron los satélites de la NASA la erupción en el mar de Bismarck?
Fue gracias al OLI (Operational Land Imager) del satélite Landsat 8, que investigadores de la NASA pudieron captar la erupción en el mar de Bismarck.
Dicho evento ocurrió en una zona de alta actividad tectónica, cerca de las Islas del Almirantazgo, que forma parte del Cinturón de Fuego del Pacífico.
Las imágenes de los satélites de la NASA muestran una erupción inicial en el mar de Bismarck, con columnas de vapor y ceniza, además de extensas áreas de agua descolorida.
Posteriormente se encontraron grandes pedazos de piedra pómez flotando en el agua, mismos que puede permanecer meses o incluso años antes de hundirse.
De hecho, es la aparición de este material el principal indicador de actividad volcánica, de acuerdo con Norman Kuring, oceanógrafo del Centro de Vuelo Espacial Goddard de la NASA.

La NASA ha advertido por la erupción en el mar de Bismarck
Tras captar la erupción en el mar de Bismarck mediante sus satélites, la NASA ha lanzado una advertencia a las comunidades que viven en las Islas del Almirantazgo.
Pues las consecuencias de la erupción en el mar de Bismarck ya se ha dejado sentir en las zonas aledañas donde ocurrió el suceso.
A principios de junio, las balsas de piedra pómez bloquearon las costas de las islas Lou y Baluan, además de afectar gravemente a la isla Manus.
En algunas zonas, el material acumulado alcanzó varios metros de espesor, cortando el acceso al agua y paralizando el transporte de mercancías y la pesca.
Además estas balsas representa una amenaza para los arrecifes de coral y las praderas marinas, ya que bloquean la luz solar y pueden dañar físicamente las estructuras naturales.
Sin olvidar que la fauna local podrían morir al ingerir accidentalmente estos fragmentos de roca, principalmente los peces y aves de la región.





