Tuve un sueño, en el que los niños tocaban a los futbolistas.

Los jugadores descendían del Olimpo y se desconectaban de sus audífonos, se bajaban de sus lujosas cápsulas, último modelo. Abrazaban la pelota y la compartían con otros que viven la misma pasión por el juguete.

Se apagaban las redes sociales por un momento, una vez de vez en cuando y el contacto era frente a frente. Jugadores y aficionados una vez más compartiendo.

La hostilidad de las redes era sólo un problema de distanciamiento, el amor por el juego estaba intacto y crecía con el juego y a cada patada a la pelota entre profesionales y aficionados.

En el sueño, o que sueño, por Dios… los jugadores no estaban en las aplicaciones, las puertas se abrían y los aficionados veían a sus jugadores entrenar, era casi, casi una epifanía.

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Ambas partes se deleitaban y regocijaban al verse… sentirse tan cerca, de un lado la admiración y del otro el respeto.

En una parte del sueño, los papás se enorgullecían de ver a sus hijos mamar de la misma pasión, de compartir con ellos la cercanía de sus ídolos, de gente extraña pero tan cercana y querida como la familia.

Vaya sueño, donde extraños se convertían en parte de mi día a día.

Tuve un sueño, tuve un sueño… que el mundo del futbol fuera menos frívolo y un poco más empático.

Paco Vela en Twitter: @PacoVela14