“No dejes que se estropee, cuídalo”.

Los Punsetes, Tus amigos

Se aceptan renuncias. No por ello se expiden comprobantes de inocencia. Conviene colocar el aviso en la entrada del INE antes de que Guadalupe Taddei convierta su despedida en una ceremonia de servicios prestados a la patria... Después de tantos cuestionamientos, repentinamente descubrió que la institución sí está por encima de las personas. Lástima que esa revelación le llegara a la hora de desocupar la oficina y no al administrar durante años sus relaciones con quienes hacían negocios con ella.

El sábado, según las versiones periodísticas de su reunión con consejeros, no se iba y esperaba que las cosas “se enfriaran”. El domingo anunció que presentaría su renuncia este lunes 26 ante la Cámara de Diputados para proteger al Instituto. Entre la inamovilidad y el sacrificio patriótico cupo un fin de semana; falta saber qué más cupo. Por ahora hay un anuncio oficial de dimisión: la ceremonia de despedida no debe adelantarse al trámite ni sustituirlo.

La ASF investiga las contrataciones cuestionadas; la UIF indaga empresas proveedoras. Los reportajes han documentado vínculos que exigen esclarecer posibles conflictos de interés y responsabilidades. Eso justifica investigar hasta el fondo, sin convertir todavía los señalamientos en una sentencia por enriquecimiento ilícito. Yo quiero algo bastante más incómodo que verla salir: saber quién decidió, quién cobró, quién autorizó y quién tendrá que responder. El descrédito puede quedarse en las redes; el dinero público necesita expedientes y resoluciones judiciales.

Si se acreditan delitos, deben seguir procesos y sanciones; si hubo daño patrimonial, debe repararse. También deben investigarse las responsabilidades de colaboradores y contratistas. Perder un empleo no equivale a devolver recursos ni a purgar una pena. Si todo acaba en renuncia, el mensaje para los siguientes administradores será espléndido: el riesgo máximo del negocio consiste en dejar de administrarlo. Una política anticorrupción con indemnización sentimental.

Guillermo O’Donnell explicó la rendición de cuentas horizontal como la capacidad efectiva de las instituciones para investigar y sancionar las ilegalidades de otros agentes del Estado. La palabra decisiva es EFECTIVA. Podemos tener auditorías, comunicados y una conferencia diaria sobre la honestidad: si el expediente se detiene cuando el funcionario entrega el cargo, lo que funcionó fue el mecanismo de relevo. La justicia se habrá quedado esperando su turno para hablar.

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¿Por qué el empecinamiento? Una persona convencida de su inocencia puede querer defenderse desde su puesto. También es razonable examinar el valor negociador de permanecer: conservar capacidad de decisión mientras se define cómo salir. No conozco un pacto de impunidad ni voy a inventarlo. Pero la pregunta política sigue en pie: ¿qué cambió entre el “no me voy” y el anuncio de renuncia? Los ciudadanos merecemos una explicación menos vaporosa que el repentino llamado de la República.

Mi lectura es que la crisis también permite observar la disputa por la herencia 4t: quién administra el poder que dejó López Obrador y quién lo concentra bajo Sheinbaum. La resistencia de los duros y el interés claudista en renovar lealtades son una hipótesis política que debe contrastarse con actos y nombramientos. No basta repartir a los personajes en dos bandos y anunciar una batalla ganada. Importa saber si quieren corregir al árbitro o cambiarle la obediencia.

Y por mí, que las facciones se desgasten cuanto quieran. Lo que NO acepto es que pasen la factura a los ciudadanos. Su unidad puede sobrevivir a los agravios mientras siga resultándoles más rentable compartir candidaturas, presupuestos y poder. Una ruptura teatral tampoco garantiza competencia democrática: pueden pelearse ferozmente por el control del INE y coincidir, con ejemplar espíritu republicano, en que no lo controle nadie ajeno a ellos.

Hay otra posibilidad que merece vigilancia: que las responsabilidades queden abiertas como instrumento de disciplina. Un expediente que nunca concluye puede ser políticamente más útil que una resolución. Mantiene el as bajo la mangan; pendiente al señalado, tranquiliza provisionalmente a sus protectores y recuerda al sucesor que su seguridad depende de conservar buenos términos con el poder. No afirmo que ése sea el arreglo. Digo que la ausencia de resultados permitiría preguntarnos si se persiguen delitos o se administran OBEDIENCIAS.

No pocos simpatizantes morenistas celebraron ayer la salida de Taddei y aventuraron que Sheinbaum pudo haber enviado a integrantes de su equipo a persuadir a la consejera presidenta. Hasta ahí, una conjetura. Mas después dieron por hecha la limpieza gubernamental. Ahí yo discrepo de cabo a rabo: entre suponer una intervención y adjudicarle el mérito a la presidenta falta mucha evidencia. Y entre conseguir una renuncia y limpiar una institución falta casi todo. La satisfacción por quitar a una funcionaria no acredita la virtud de quienes ocuparán el espacio que deja.

Además, si el gobierno hubiera decidido su salida, habría que examinar el costo institucional de ese éxito. Una presidencia electoral cuyo destino se resuelve mediante interlocutores del Ejecutivo difícilmente constituye una demostración de autonomía del órgano electoral. Puede haber razones sobradas para que Taddei se vaya; eso no convierte a Palacio en propietario legítimo de la sucesión. La independencia no mejora porque la presión venga acompañada de una “buena causa”.

Morena podría obtener dos beneficios del mismo desastre: capitalizar la caída de una autoridad cuestionada e influir decisivamente en la elección de su reemplazo. Una ganancia reputacional y otra institucional. Si encima logra presentar cualquier exigencia sobre el relevo como defensa de Taddei, habrá conseguido que su responsabilidad política desaparezca del debate. ¡Qué negocio tan completo!: cobrar por la reparación sin explicar quién autorizó el desperfecto.

Carla Humphrey ofrece una pista más concreta que las quinielas. Cuestionó que el nuevo portal de transparencia ni siquiera hubiera sido presentado a todas las consejerías y denunció falta de información sobre nombramientos. Transparencia hacia afuera con persianas hacia adentro. El problema rebasa a una presidenta: incluye la concentración de decisiones en la institución y la dificultad de sus pares para supervisarlas. Cambiar a la ocupante y conservar esas condiciones sería dejar preparado el siguiente escándalo, solo con fotografía y carnet de empleado nuevo.

Por eso deben responder políticamente quienes ampliaron las facultades de la presidencia del INE. ¿Qué controles consideraron innecesarios? ¿Qué advertencias desoyeron? ¿Qué van a corregir? Resulta demasiado cómodo atribuirlo todo a la conducta individual después de haber fortalecido la discrecionalidad. Si la salida de Taddei sirve para absolver el diseño que la hizo más poderosa, su renuncia habrá prestado un último servicio: llevarse la culpa de los demás.

La sucesión ya tiene una ruta anunciada por Ricardo Monreal: presidencia provisional, convocatoria y procedimiento en Diputados. Pero un procedimiento puede cumplirse y producir una autoridad sometida. Yo examinaría las dependencias políticas de los aspirantes, los compromisos que asuman y su disposición a transparentar decisiones. La pregunta que deben contestar es sencilla: ¿podrán investigar y sancionar a Morena aunque eso disguste al gobierno? Para administrar elogios presidenciales sobran candidatos.

No comparto el optimismo de quienes ven una refundación en cada relevo. Mi diagnóstico sobre la captura política del INE es profundamente pesimista; el reemplazo puede agravarla. Precisamente por eso me niego a regalarles el fatalismo. Declararlo perdido y retirarnos de la vigilancia facilitaría que terminaran de apropiárselo. Las elecciones de Estado se favorecen cuando los controles dejan de incomodar al gobierno, mucho antes de que se abra una casilla.

Ayer advertí en ¿Cuál es el colmo del INE? que podíamos terminar defendiendo al Instituto de quienes consiguieran sustituir a Taddei. Hoy la advertencia tiene una prueba inmediata: conservar los expedientes, publicar avances de las investigaciones y revisar los controles mientras se elige al relevo. La propia Taddei escribió que su decisión no releva a nadie de esclarecer los hechos. Perfecto: tomémosle la palabra cuando ya no haya cámaras esperando su despedida.

El futuro de Taddei importa porque mostrará qué consecuencias tiene el uso indebido del poder, si se acredita. El futuro del INE mostrará quién consiguió beneficiarse de su caída. Es así se simple.

No quiero una condena por aclamación ni una absolución por renuncia. Quiero que el cargo deje de servir como moneda para negociar lo que deba resolver la ley. La República no gana nada si una funcionaria entrega el despacho y recibe, a cambio, el derecho al olvido.

Giro de la Perinola

Taddei dice que se va para proteger al INE. Falta conocer la parte verdaderamente interesante del sacrificio: si el Instituto dejará de protegerla a ella...