Lo que alguna vez se llamó Marea Rosa y hoy figura en las listas oficiales como Somos México, es una verdadera galería de cartuchos quemados.

Ahí tenemos a Guadalupe Acosta Naranjo, exdirigente nacional del PRD y ahora presidente de esta nueva organización política. Este señor ha recorrido casi todos los rincones de la oposición sin lograr consolidar una alternativa real ni distanciarse de las viejas prácticas políticas que tanto se critican. Pero detrás de él, la lista de nombres confirma que no se trata de un movimiento ciudadano nuevo, sino de una reunión de actores que ya pasaron por cargos, partidos y decisiones que dejaron huella —y en muchos casos, desconfianza— entre la población. Gente reciclada, como la gran perdedora de la elección presidencial de 2024, Xóchitl Gálvez, o Cecilia Soto, Emilio Álvarez Icaza, Enrique de la Madrid y Gustavo Madero, entre otros personajes con trayectorias ya agotadas en la escena política nacional.

Estos oportunistas, y varios más, saborean una victoria que aún no llega. En realidad su batalla comienza.

El Instituto Nacional Electoral (INE) impuso restricciones claras para su registro: primero, prohibió el uso del color rosa en su identidad visual, argumentando que podría generar confusión con otras marcas o fuerzas políticas registradas, incluso con el mismo INE. Segundo, exigió el cambio definitivo de nombre, Somos México, porque puede generar confusión entre los votantes. Recordemos que hubo un partido político llamado Fuerza por México que perdió el registro a nivel nacional y solo lo conserva en Puebla.

A sus integrantes, en especial a Acosta Naranjo no le gustó esta determinación y dijo que la impugnarán.

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Más allá de esos cambios formales, lo que más llama la atención es el presupuesto al que ahora tendrán acceso: a partir del 1 de julio, recibirán más de 80 millones de pesos de financiamiento público, solo para sus primeros seis meses de existencia, además de tiempos oficiales en radio y televisión, acceso a espacios institucionales y todos los derechos para competir en las elecciones de 2027.

Al final toda esta bola de inconformes que se vendieron en 2024 como una “marea de cambio” no son otra cosa que pan con lo mismo, caras vistas y trayectorias desgastadas que ahora vivirán, mientras les dure el gusto, de los impuestos de todos los mexicanos.

La pregunta inevitable sigue en pie: ¿esta runfla podrá ofrecer algo distinto a lo que ya no funcionó, o solo cambian de etiqueta para volver a usar el dinero público?

Somos México no es un nacimiento, es un reciclaje. Y mientras sus líderes sigan siendo los mismos que ya tuvieron oportunidades, la ciudadanía tiene motivos suficientes para vigilar de cerca cómo se gastan esos más de 80 millones de pesos.

¿Quién será el o la candidata presidencial en 2030 si este partido sigue vivo para entonces? Veremos…