La presidenta Claudia Sheinbaum y el canciller Roberto Velasco ya deben haber analizado la crisis diplomática entre Brasil y Argentina generada por los insultos de Milei dirigidos a Lula.

El principal diario de Argentina, Clarín, así ha difundido la noticia: “Dura medida de Brasil contra Argentina: no repone a su embajador en Buenos Aires y reduce su relación a nivel encargado de negocios. El gobierno de Luiz Inacio Lula da Silva rebajó sus relaciones diplomáticas con Argentina tras la nueva ola de insultos de Javier Milei hacia el jefe de Estado vecino”.

¿Tiene sentido que la presidenta Sheinbaum acuda el próximo noviembre a la XXX Cumbre Iberoamericana que se celebrará en Madrid, donde el presidente más visceral y ofensivo contra la izquierda podría no ser el siempre desbocado Milei?

La verdad de las cosas es que parece más desenfrenado el nuevo mandatario ultraderechista de Colombia, Abelardo de la Espriella.

He publicado tres artículos para sugerir a la presidenta Claudia Sheinbaum no acudir a la XXX Cumbre Iberoamericana en Madrid: (i) “Sheinbaum, APEC y los pecados original y mortal de la Cumbre Iberoamericana”, (ii) “Sheinbaum: el arte de volar 30 horas para ver a Xi Jinping, Putin y Trump” y (iii) “Sheinbaum, más allá de Tucídides: evitar la trampa de la Ítaca de la hispanidad”.

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Mi tesis de que la Cumbre Iberoamericana es un riesgo para Sheinbaum la confirma la crisis diplomática entre Brasil y Argentina.

Ya resulta imposible negar que está al máximo la polarización ideológica en Iberoamérica —podría haber todavía mayores conflictos entre países—.

Los insultos de Milei a Lula volverán imposible la convivencia cordial entre mandatarios en una cumbre como la convocada para Madrid el próximo noviembre. No puede haber peor escenario para Sheinbaum.

Si en las elecciones brasileñas Lula se reeligiera, participaría en la cumbre. Si Milei también acudiera, seguramente se lanzaría verbalmente contra Lula repitiendo sus acostumbradas ofensas. En este caso, la presidenta mexicana respaldaría al brasileño, lo que podría alentar al argentino a insultarla: además de intemperante y casi enfermo del trastorno de la personalidad límite, el tipo es misógino.

Si en Brasil ganara las elecciones el ultraderechista Flávio BolsonaroDios no lo quiera, diría el bolero—, las cosas serían todavía peores para Sheinbaum en Madrid. Y es que, como De la Espriella, casi seguramente Bolsonaro dejaría a Milei como un político prudente.

Con la derrota de Lula, no muy probable pero de ninguna manera descartable, el equilibrio en la Cumbre Iberoamericana sería todavía más adverso para Sheinbaum. No olvidemos que en Latinoamérica hoy la mayoría de quienes gobiernan se alinea ideológicamente con Donald Trump, Javier Milei, Abelardo de la Espriella, Nayib Bukele, etcétera.

Hay gobernantes conservadores sensatos, como el panameño José Raúl Mulino, pero también algún otro también psicológicamente descontrolado, como el ecuatoriano Daniel Noboa, quien mantiene un conflicto diplomático con México desde el asalto a la embajada de nuestro país en Quito en 2024.

Noboa podría cargar contra Sheinbaum porque sería la mexicana, en el escenario de la derrota de Lula, la principal representante de la izquierda, junto con el presidente del gobierno de España, Pedro Sánchez, quien enfrenta duras presiones de la ultraderecha de su país y de la latinoamericana —Milei ya ha insultado al anfitrión e inclusive a su esposa Begoña Gómez—.

Por lo demás, a Sheinbaum probablemente le serían adversas las calles de Madrid —dominadas por el conservadurismo, nada que ver con el progresismo de Barcelona—. No es descartable que la gobernante madrileña Isabel Díaz Ayuso, tan alocada como Milei, De la Espriella y Bolsonaro, apoye o participe en actos políticos contra la izquierda iberoamericana.

Y entre todas las personas gobernantes de izquierda a la que más detesta Díaz Ayuso es a Sheinbaum; esto por el fracaso de la radical madrileña en su visita a México para homenajear a Hernán Cortés y servir de apoyo a la oposición a la 4T.

En resumidas cuentas, creo que se fortalece mi opinión de que para la presidenta Sheinbaum representa un riesgo político mayor la Cumbre Iberoamericana por su pecado original —el origen neoliberal de este foro en 1991, en México, durante el gobierno de Carlos Salinas de Gortari— y por el riesgo de un pecado mortal: caer en una celada tendida por la ultraderecha.

Así las cosas, la mejor estrategia para Claudia Sheinbaum es evitar la trampa de la Ítaca de la hispanidad. Dije en uno de los artículos mencionados: “Para la ultraderecha latinoamericana, Ítaca sería el retorno a la hispanidad y al orden virreinal: aunque ahora controlado políticamente por EEUU, siempre subordinado con nostalgia a la monarquía española. De eso, precisamente, tratará la XXX Cumbre Iberoamericana que se celebrará en Madrid en noviembre de 2026”.

Otra cumbre, en China, la de APEC también en noviembre —una reunión de líderes infinitamente más importante por la presencia de Putin, Trump y Xi Jinping— le da la salida perfecta a la presidenta de México para no asistir a Madrid.

Ni hablar, ha empeorado el clima político regional en Latinoamérica. Si hace unas semanas podía alguien defender la asistencia de Sheinbaum a la Cumbre Iberoamericana, eso es algo que hoy luce mucho más riesgoso para la presidenta de México. Repasemos la lista de posibles participantes en la reunión madrileña para entender que Claudia tendría mucho que perder y poco que ganar si acudiera:

El bloque de la derecha (la gran mayoría)

  • Javier Milei (Argentina). Aliado de Vox y de Trump.
  • Abelardo de la Espriella (Colombia). Respaldado por José María Aznar; cercano a Isabel Díaz Ayuso y a la derecha española.
  • Keiko Fujimori (Perú). Conservadora.
  • José Antonio Kast (Chile). Derecha dura, trumpista.
  • Daniel Noboa (Ecuador). Derecha.
  • Nayib Bukele (El Salvador). Autoritario de derecha, alineado con Trump.
  • Santiago Peña (Paraguay). Conservador.
  • José Raúl Mulino (Panamá). Conservador.
  • Luis Abinader (República Dominicana). Centroderecha.
  • Nasry Asfura (Honduras). Conservador.
  • Luís Montenegro (Portugal). Centroderecha moderada.
  • Xavier Espot Zamora (Andorra). Centroderecha.
  • Flávio Bolsonaro (Brasil, si ganara). Ultraderecha trumpista.

El bloque progresista democrático (minoría de cuatro o cinco gobiernos)

  • Claudia Sheinbaum (México). Izquierda.
  • Pedro Sánchez (España). Socialdemócrata, anfitrión bajo asedio de la ultraderecha.
  • Yamandú Orsi (Uruguay). Progresista.
  • Bernardo Arévalo (Guatemala). Centroizquierda.
  • Lula (Brasil, si se reeligiera). Izquierda.

El bloque autoritario

  • Miguel Díaz-Canel (Cuba). Dictadura de partido único.
  • Daniel Ortega (Nicaragua). Dictadura familiar.
  • Delcy Rodríguez (Venezuela). Dictadura chavista sostenida por Trump tras la captura de Maduro; dependiente del respaldo de Washington para mantenerse en el poder.