Por dos argumentos teológicos Claudia Sheinbaum debería declinar la invitación a la XXX Cumbre Iberoamericana de Madrid: (i) el pecado original del evento y (ii) el posible pecado mortal que representaría para ella acudir a una celada de la derecha.

El rey de España, Felipe VI, no voló doce horas solo para presenciar un partido de la fase de grupos de la selección de su país. Si se tratara de la gran final del Mundial, la asistencia del monarca sería obligada. Pero… si la estancia de don Felipe en Guadalajara hubiera tenido como único motivo un compromiso futbolístico menor, estaríamos ante un exceso de frivolidad monárquica. No es el caso.

El rey de España es un hombre serio que cumple funciones de representación de su Estado. El futbol, así, fue la excusa para buscar un objetivo diplomático mayor, que solo pudo ser uno: comprometer a Sheinbaum a asistir a la Cumbre Iberoamericana en Madrid.

Pero Claudia no debería participar. Tanto el rey Felipe VI como el presidente español, Pedro Sánchez, entenderían que Sheinbaum rechazara la invitación porque el evento en Madrid corre el riesgo, altamente probable, de convertirse en una auténtica emboscada orquestada por las derechas de Latinoamérica y España contra la que podría ser, en noviembre, la única líder de izquierda de gran peso en nuestro continente.

El propio presidente Sánchez enfrenta el peligro de quedar cercado en su territorio por una mayoría de gobernantes conservadores extranjeros, todos ellos peleones, gritones y altaneros aliados de sus rivales internos: Alberto Núñez Feijóo, del PP; Isabel Díaz Ayuso, de la Comunidad de Madrid; y Santiago Abascal, de la ultraderecha de Vox.

Las columnas más leídas de hoy

Los ciclos ideológicos

En Latinoamérica las derechas van al alza y las izquierdas a la baja. La tendencia no afecta a México gracias a los buenos gobiernos de la 4T, pero… Hay presiones externas. La presidenta debe evitar acercarse a la hoguera del fanatismo alimentada por tantos gobiernos conservadores envalentonados por el apoyo de Donald Trump.

El caso Brasil. De cara a la elección presidencial de octubre de este año, algunas encuestas muestran un empate técnico entre el izquierdista Lula y el ultraderechista Flávio Bolsonaro. Esto es, no son nulas las posibilidades de que Brasil se inclinara hacia la derecha, escenario catastrófico que dejaría una desfavorable, para Sheinbaum, correlación ideológica de la Cumbre Iberoamericana:

El bloque de la derecha (la gran mayoría)

  1. Javier Milei (Argentina). Aliado de Vox y de Trump.
  2. Abelardo de la Espriella (Colombia). Recién electo con el respaldo de José María Aznar y quien ya habló con la ultraconservadora madrileña Isabel Díaz Ayuso para diseñar estrategias contra la izquierda.
  3. Keiko Fujimori (Perú). Conservadora.
  4. José Antonio Kast (Chile). Derecha dura, trumpista.
  5. Daniel Noboa (Ecuador). Derecha.
  6. Nayib Bukele (El Salvador). Alineado con la narrativa de la derecha más dura y con Trump.
  7. Santiago Peña (Paraguay). Conservador.
  8. José Raúl Mulino (Panamá). Conservador.
  9. Luis Abinader (República Dominicana). Centroderecha.
  10. Nasry Asfura (Honduras). Conservador.
  11. Luís Montenegro (Portugal). Centroderecha moderada.
  12. Xavier Espot Zamora (Andorra). Centroderecha.
  13. Flávio Bolsonaro (si ganara en Brasil). Ultraderecha trumpista.

El bloque progresista democrático (minoría de 4 gobiernos)

  1. Claudia Sheinbaum (México). Izquierda.
  2. Pedro Sánchez (España). Anfitrión bajo asedio de la ultraderecha.
  3. Yamandú Orsi (Uruguay). Progresista.
  4. Bernardo Arévalo (Guatemala). Centroizquierda.

El bloque de supuesta izquierda, pero no democrática y hasta trumpista

  1. Miguel Díaz-Canel (Cuba). Dictadura de partido único.
  2. Daniel Ortega (Nicaragua). Dictadura familiar.
  3. Delcy Rodríguez (Venezuela). Dictadura satélite de Estados Unidos y de Trump.

En pocas palabras, si Brasil girara a la derecha, Claudia Sheinbaum llegaría a Madrid prácticamente sola.

El pecado original: nació salinista la Cumbre Iberoamericana

El evento nació en 1991, en Guadalajara. Su impulsor más entusiasta fue Carlos Salinas de Gortari. La iniciativa era legítima para mantener los vínculos entre España, Portugal y América Latina, pero el foro también tuvo un evidente componente de política interna, totalmente inaceptable para la izquierda mexicana.

Salinas había llegado a la presidencia después de un escandaloso fraude electoral, así que para legitimarse —y validar su agresivo proyecto de privatizaciones— necesitaba enviar el mensaje de que su gobierno gozaba de plena aceptación en el mundo.

Aprovechó Carlos Salinas que Felipe González, entonces presidente español, después de casi diez años en el poder necesitaba eventos de relumbrón para refrescar su gastada imagen.

La monarquía española también estaba urgida de oxígeno político; una cumbre latinoamericana con el rey Juan Carlos I como figura central resultaba ideal.

Las relaciones entre México y España han mejorado. El encuentro entre Claudia Sheinbaum y el rey Felipe VI contribuyó a restablecer un diálogo institucional.

Pero las diferencias históricas no han desaparecido. La presidenta Sheinbaum ha mantenido la exigencia de un reconocimiento por parte de España de los agravios cometidos contra los pueblos originarios.

Aunque la Cumbre Iberoamericana posee un fuerte contenido monárquico, el rey Felipe VI garantizó a Sheinbaum que en la misma habrá una mesa sobre pueblos originarios. ¿Es suficiente para que Claudia asista? Pienso que no, por lo que podrían hacer contra Sheinbaum, a la que odian, la derecha y la ultraderecha de Madrid.

La presidenta no debe asistir a esa cumbre, no en Madrid. La situación sería distinta si el encuentro se celebrara en la progresista comunidad autónoma cuya capital es Barcelona; una región gobernada por Salvador Illa, del Partit dels Socialistes de Catalunya.

La inasistencia de Sheinbaum imposibilitaría que un acto protocolario sea utilizado por gente poco sensata como Isabel Díaz Ayuso para agredir a la presidenta de México.

El Madrid políticamente hostil

Es buena la relación de la presidenta Sheinbaum con el presidente Sánchez y con el rey Felipe VI. El problema para Sheinbaum serían dos contextos políticos, el del evento y el madrileño. Los presidentes conservadores imitadores del estilo Trump pueden ser ofensivos con Sheinbaum y aun con el anfitrión Sánchez. Y la capital de España no solo está fuertemente dominada por radicales de derecha, sino que se ha convertido en un punto de encuentro de la oposición mexicana a la 4T.

En Madrid residen los expresidentes Carlos Salinas, Enrique Peña Nieto y Felipe Calderón; empresarios de México muy conservadores, y comentaristas mediáticos profunda e inclusive perversamente críticos de la 4T.

Latinoamérica es un tema central de la disputa ideológica española. Isabel Díaz Ayuso, quien detesta a Claudia Sheinbaum —la madrileña lo ha expresado en todos los tonos— organizó un multitudinario acto de apoyo a la venezolana trumpista María Corina Machado para restarle importancia a la reciente cumbre de gobernantes progresistas de Barcelona.

La tormenta que podría desatarse

La visita de Claudia Sheinbaum a Madrid correría el riesgo de convertirse en el centro de una tormenta mediática perfectamente previsible… y evitable: campañas de hostigamiento político impulsadas por el nada prudente gobierno madrileño; protestas de opositores mexicanos con presencia en aquella ciudad; intentos de presentar a la mexicana como una dirigente aislada en Latinoamérica.

No olvido un dato electoral. De las muy pocas casillas que Sheinbaum perdió en 2024, en la que menos sufragios obtuvo fue en la ubicada en la embajada de México en Madrid. La derecha, ilegalmente, hizo de las filas para votar un mitin contra la 4T.

No tiene sentido convertir una visita diplomática en una victoria propagandística de los adversarios de Sheinbaum, quien no tiene por qué exponerse en un foro claramente dominado por presidentes de derechas, celebrado en una ciudad gobernada por una extremista fanática que odia a Sheinbaum.

Existen otros espacios internacionales mucho más relevantes para los intereses estratégicos de México, como la muy fundamental para la economía global reunión de APEC en China, programada para las mismas fechas de la Cumbre Iberoamericana. La APEC sí vale la pena. México pertenece al grupo Asia-Pacific Economic Cooperation al lado de potencias como Estados Unidos, China, Japón, Australia, etcétera.

A la Cumbre Iberoamericana la presidenta Sheinbaum debería enviar como su representante al canciller Roberto Velasco, y asistir a APEC con los titulares de Hacienda, Édgar Amador Zamora, y de Economía, Marcelo Ebrard. Ya Velasco alcanzaría a la presidenta en China.

Otra opción, si tuviera que ir Sheinbaum a España, sería exigir que la mesa de pueblos originarios se celebrara en Barcelona, y así solo acudir a Cataluña a lo único que importa a México de la Cumbre Iberoamericana.