La corrupción que se registró, en el sexenio de Andrés Manuel López Obrador, rebasó todos los límites. Con la llamada 4T, el enriquecimiento de los funcionarios públicos pasó de actos aislados, a un sistema funcional para fines político-electorales y para el financiamiento de regímenes populistas.

La corrupción del obradorato trascendió fronteras y colocó a México en un terreno geopolítico delicado. No solo por el desfalco —de por sí inadmisible— sino por comprometer al país frente a potencias y gobiernos bajo escrutinio internacional con temas como las operaciones con Cuba en el sector salud y energético y los vínculos de los cárteles de la droga mexicanos con gobiernos u organizaciones que apoyan los regímenes de Venezuela, Irán, Cuba y Colombia entre otros.

Del saqueo interno al escenario internacional

Lo de Segalmex no fue un “error administrativo”, fue un saqueo. El más grande del sexenio que prometió erradicar la corrupción. La ironía es brutal: bajo la dirección de Ignacio Ovalle, el organismo que fue creado para llevar alimentos a los más pobres terminó convertido en símbolo de opacidad, de contratos irregulares y de miles de millones desaparecidos.

Pero el problema no se queda en México. Lo grave es la conexión con redes internacionales que ya estaban bajo la lupa de Washington donde aparece un nombre clave: Alex Saab, señalado por Estados Unidos como operador financiero del régimen de Nicolás Maduro.

Saab fue acusado de mover cientos de millones de dólares mediante esquemas de sobreprecios y contratos simulados vinculados al programa alimentario venezolano, esas acusaciones ya forman parte del entramado judicial que rodea al chavismo. El paralelismo es inquietante: en Venezuela, el hambre se convirtió en negocio; en México, un programa alimentario terminó en desfalco bajo un mecanismo similar: empresas intermediarias, contratos opacos, triangulación de recursos y responsabilidades diluidas mientras el dinero desaparece.

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El riesgo geopolítico

El esquema de exportaciones hacia Venezuela que ha sido investigado en contratos con Segalmex, dejó de ser un asunto doméstico para convertirse en un problema diplomático. Porque, cuando el dinero público mexicano roza estructuras observadas por el Departamento del Tesoro estadounidense, la dimensión del asunto cambia a posibles redes financieras que involucran sistemas bancarios internacionales.

Cuando el nombre de Saab apareció en cortes federales de Miami, el mensaje fue inequívoco: cualquier estructura que haya servido para lavar, triangular o encubrir recursos en dólares puede ser investigada y, si México permitió que su organismo de seguridad alimentaria se relacionara con ese ecosistema empresarial, ¿quién asumirá la responsabilidad?

El caso de Segalmex ya era escandaloso: miles de millones observados por la Auditoría Superior de la Federación, procesos abiertos contra funcionarios menores y ninguna consecuencia contra quien encabezaba la institución. La narrativa oficial que “cerró” el caso sostuvo que Ovalle fue engañado por subordinados y ese veredicto lo colocó como intocable. Sin embargo, en política la responsabilidad no es delegable.

Impunidad

Ovalle no es un improvisado. Fue el último director de Compañía Nacional de Subsistencias Populares (Conasupo) y arrastra antecedentes polémicos desde los años noventa, periodo en el que él y su impresentable equipo, con nombres como Raúl Salinas de Gortari, quedaron asociados a escándalos de corrupción e importaciones cuestionadas que hasta la fecha permaneces impunes.

La historia no es nueva; lo nuevo es que quien sostenía una narrativa de pureza fue quien trajo de vuelta al escenario a Ovalle e intentó cubrirlo. La cercanía política con López Obrador —quien lo consideraba mentor— lo explica. Pero, cuando en la trama aparecen figuras como Alex Saab, pieza central del engranaje financiero del chavismo, el daño aparte de presupuestal, se vuelve geopolítico.

Y si a esto se suman los envíos de petróleo de Pemex a Cuba, que solo en 2025 se estimaron en tres mil mdd y los contratos por más de mil millones por los servicios de médicos cubanos, así como las denuncias sobre intercambios de crudo venezolano por alimentos con respaldo de actores vinculados al gobierno mexicano, el patrón que se revela es que la afinidad ideológica se acompaña de corrupción y opacidad financiera.

Segalmex y las operaciones administrativas descritas reflejan la contradicción de un gobierno que prometió ser distinto. Y, mientras no haya consecuencias reales, el mensaje hacia dentro y hacia fuera será el mismo: el mejor blindaje en México sigue y seguirá siendo el poder.

X: @diaz_manuel