El Mundial de futbol ha terminado y Gianni Infantino continúa generando titulares en la prensa internacional. Según el diario estadounidense The New York Post, Donald Trump habría propuesto formalmente al presidente de la FIFA como próximo secretario general de Naciones Unidas, lo que representa, a todas luces, un despropósito propio del locatario de la Casa Blanca. Sugiero la lectura de la columna de Frida Gómez, en este mismo espacio de SDP Noticias, intitulada “Infantino a la ONU pues la guerra es mundial de fútbol”.

Tales declaraciones no solo revelan de nuevo el profundo desdén de Trump hacia Naciones Unidas y el derecho internacional, sino que han suscitado más controversias en torno a la relación entre ambos personajes. Siempre se recordará -para la vergüenza del deporte más popular del mundo- la llamada que hizo desde Washington a Infantino para que le condonasen la tarjeta roja a uno de los jugadores de la selección de Estados Unidos, y para que así pudiese jugar en el partido contra Bélgica. Infantino aceptó y la FIFA reculó. Lamentable.

Sin embargo, a la luz de lo que ha señalado el citado periódico, la relación entre ambos podría implicar no sólo corrupción en el futbol, sino en toda una red movimientos financieros fuera de la ley.

Según ha trascendido, y de acuerdo al reportaje hecho por el investigador francés Romain Molina, el FBI investiga transacciones irregulares hechas por la FIFA, con motivo del triunfo de Argentina en Catar 2022, a empresas fantasmas que no están directamente relacionadas con la industria deportiva, en complicidad, huelga señalar, con la Asociación del Fútbol Argentino de Claudio Tapia, que debería haber sido el único beneficiario de los fondos entregados por la organización internacional.

Estas empresas tendrían su base -según se ha informado- en la ciudad de Miami, en el estado de Florida. Es decir, el favoritismo hacia la selección argentina y el trato diferenciado podrían no limitarse al campo, sino que estarían relacionados con millones de dólares que habrían terminado en manos de sujetos de identidad hoy desconocida.

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Si bien es especulativo, pues deberá esperarse el resultado de las pesquisas, algunas de las empresas de Trump han recientemente trasladado su razón social a Florida, estado de la Unión Americana donde se habría operado la triangulación de los fondos otorgados por la FIFA a la AFA en 2022, apenas unos días antes de la final del Mundial contra Francia.

¿Sonaría descabellado inferir que Trump, cuyas credenciales éticas están por los suelos, derivado de escándalos tales como el intento de descarrilamiento de los resultados electorales en 2020, o sus procesos penales en el estado de Nueva York, o el regalo del avión privado por parte del gobierno catarí, o las especulaciones bursátiles de sus empresas previo al anuncio de los aranceles en 2025, o la llamada a Infantino, estuviese involucrado con la citada triangulación de recursos? ¿O que sus empresas se hubieran beneficiado del evidente pacto mafioso concluido entre la FIFA de Infantino y la AFA de Claudio Tapia?

En adición, debe igualmente recordarse cuán tensa ha sido la relación Trump con el FBI, cuyo antiguo director, Christopher Wray, fue cesado en 2025 tras sus investigaciones sobre los hechos ocurridos en el Capitolio con motivo de la ratificación de Joe Biden.

A pesar de que, como he señalado, todo cae por el momento en el escenario de lo “no comprobado”, Donald Trump, Gianni Infantino y Claudio Tapia han demostrado al mundo cuán profundamente puede penetrar la corrupción; desde lo que ocurre en el campo hasta la operación de una compleja red de tráfico de influencias que podría terminar con la credibilidad de un torneo que hoy continúa emocionando a muchos.