Era cuestión de tiempo para saber que Nuevo León, por el ánimo desesperado, sería el primer territorio en concretar una alianza entre los socios más eternos del PRI y PAN. Hay que recordar que, unos meses antes, en una improvisada reunión masiva, Jorge Romero gritó a los cuatro vientos que el panismo estaba en proceso de reconstrucción luego del desastre que significó pactar con el revolucionario institucional. En aquella ocasión —recuerdo bien— hablaban de una alianza con la sociedad mientras juraban y perjuraban que estaban viviendo un reacomodo interno porque la inmensa mayoría, ante la hecatombe, se oponía a cualquier relación con el PRI. Aunque fue una realidad efímera, los hechos terminaron por darnos la razón a muchos que aseguramos que esa atmósfera, bajo la bandera del pragmatismo, iba a suceder de un momento a otro.
Con base en esa premisa, en la etapa de definiciones, creo firmemente que Morena hubiese deseado inclinar la balanza por Tatiana Clouthier. Su fuerza local y nacional —los que conocemos la situación lo sabemos— permite comprender que es verdaderamente un fenómeno social.
Un grupo numeroso, diría muy nutrido, rápidamente se expresó en redes sociales para manifestarle su respaldo a Clouthier. Evidentemente, ante las circunstancias, mostraron su malestar por la designación de Clara Luz, una mujer muy poco competitiva para el escenario que representa Nuevo León. De hecho, ese enclave no ha mostrado la efervescencia de otros puntos donde el coordinador se ha ganado los reflectores. Esto tiene una explicación sencilla: Nuevo León se cuece aparte. Con esa diferencia abismal, y sabiendo la capacidad de adaptación que tiene Tatiana, es una realidad que lo que necesita Morena es una mujer de empuje que, además de procesar el control de las decisiones, posea la sagacidad para enfrentar una alianza variopinta como el PRIAN.
Entonces, más allá de un nombramiento, esto es más profundo porque la elección no solo se ganará con propuestas, sino con quien demuestre oficio en las entrevistas y en los debates. Al mismo tiempo que eso sucede, hay que ofrecer un abanico de alternativas que serán utilizadas para sobreponerse a cualquier infamia o calumnia. Tatiana Clouthier, por ejemplo, sabe a la perfección cómo se juegan este tipo de ejercicios. Podemos decir que una de sus principales virtudes —lo dejó más que acentuado en el momento en que coordinó la campaña presidencial de López Obrador— es contrarrestar la guerra sucia que se propaga. Eso, de repente, hay que saberlo encarar, mayormente para ubicar los puntos vulnerables que pudiesen ser una amenaza.
Seis años después —con el triunfo abrumador de Sheinbaum—, también Clouthier fue una pieza crucial en el armado territorial. Tatiana, puede leerse con determinación, es una mujer que sabe operar a ras de tierra. Eso, en el mejor de los casos, le ha permitido a la Cuarta Transformación ganar más identidad y, por ende, dar solidez a la enorme columna vertebral. De hecho, esa defensa férrea, a lo largo de este tiempo, ha impedido a la oposición romper el cerco. Todo eso es organización, pero también la selección de perfiles que siempre han dado la cara por el movimiento.
Sé que muchos dirán que Tatiana no ha terminado de darle el respaldo a Clara Luz en Nuevo León. Eso no significa un berrinche ni mucho menos un acto de rebeldía. Es, por lo tanto, una expresión legítima en un movimiento donde se debe privilegiar el derecho a disentir. Justamente esta semana que pasó, como un acto de agradecimiento, Clouthier se reunió con su equipo de trabajo. Juntos, con una voz unísona, acordaron seguir apoyando con la misma firmeza y vehemencia a la presidenta Sheinbaum. Muestras cómo esa, con un sello particular, debe ser calificada como un acto de congruencia. Hablando de una de las connotaciones más fundamentales de la declaración de principios de la 4T, Clouthier ahondará más en alimentar esas estructuras luego del nacimiento de Todos con Conciencia.
Luego de formarse esa enorme estructura territorial, muchos se preguntarán qué sucederá con quien fuera aspirante a la coordinación de la defensa del voto. Primero que nada, sin renunciar al propósito colectivo de sumar, Tatiana trabajará la labor de base, sobre todo ahora que se ha reorganizado el PRIAN. Será algo así como una probadita de lo que pudo ser la coordinación si hubiese recaído en la imagen de Clouthier. Ella, en efecto, tuvo que ser la elegida para echar abajo el binomio del PRIAN que acaba de constituirse. Con fundamento, desde luego, una mujer como ella siempre está en el centro de las conversaciones, pero también de los debates. Sin ella, la contienda luce desabrida y sin razón.
Lo que requería Morena en Nuevo León, queda claro, siempre fue un perfil con mucha madurez y experiencia. Alguien con carisma y enorme simpatía con todos los sectores de la población civil. Esa identificación, con mucho talante, la lleva consigo Tatiana Clouthier, una de las mujeres de mayor poder político en México.



