LA POLÍTICA ES DE BRONCE

Como lo dijo Marx, pero no el de la SEP, sino el filósofo creador del materialismo histórico: la guerra es la partera de la historia; sin embargo, también es el mejor negocio del mundo. Después de la guerra está el petróleo y, le sigue, el tráfico de drogas; así como el comercio de armas, legales e ilegales, que abastece a ejércitos y a grupos del crimen organizado.

Hablemos del petróleo y del narcotráfico como mercados globales, los cuales obedecen las reglas de la oferta y la demanda.

En tres semanas de ataques de Estados Unidos e Israel a Irán, lograron matar a su líder máximo, a una parte importante de la jerarquía militar y religiosa; destruir una buena parte de instalaciones estratégicas militares y de inteligencia, pero no han logrado destruir el régimen de los ayatolas ni someter a la nación persa. La inteligencia y las fuerzas armadas estadounidenses cumplieron muchos de sus objetivos de manera exitosa, pero olvidaron uno de carácter estratégico: el estrecho de Ormuz, por el cual pasa un tercio de los combustibles del mundo, lo cual ha disparado durante tres semanas los precios del petróleo, provocando caída de mercados, inflación y presiones políticas en Estados Unidos y otras partes del mundo.

De este tema podríamos hablar mucho, pero para este texto nos interesa destacar lo siguiente: la guerra provocó una distorsión en la oferta y la demanda de petróleo. Se amenazó la producción petrolera, se interrumpieron las rutas de suministro y hay una disputa por el estrecho de Ormuz. Disminuye la oferta, aumenta la demanda y los precios subieron a más de 100 dólares por barril de petróleo. La mezcla mexicana pasó de un promedio de 60 a tocar los 100 dólares por barril. La acción clara de las leyes de la oferta y la demanda.

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¿Qué pasa con el narcotráfico? Desde el 20 de enero de 2025 inició la lucha de Trump contra los cárteles del narcotráfico. La frontera entre México y Estados Unidos se militarizó como nunca antes: hay una férrea vigilancia por tierra, aire y mar; mientras que en México se han incautado miles de dosis de fentanilo, destruido laboratorios y cortado líneas de suministro. Los principales líderes del narcotráfico presos han sido entregados a Estados Unidos. Hace un mes, elementos del Ejército, con ayuda de inteligencia estadounidense, abatieron a Nemesio Oseguera, “El Mencho”, el narcotraficante más buscado y, según autoridades estadounidenses y mexicanas, el narco más poderoso del mundo; sin embargo, no hay reportes de autoridades sanitarias o de seguridad que den cuenta de que existe escasez de drogas en el mercado estadounidense.

La cocaína sigue corriendo libremente en antros, discotecas, bares, clubes deportivos y estudios de cine y televisión, como ocurre desde hace décadas; lo mismo pasa con las metanfetaminas, el crack y otras drogas de diseño. Donald Trump desató su guerra contra el fentanilo basada en una hipótesis: que México producía el fentanilo que se consumía en calles y plazas estadounidenses y que causaba la muerte de 100,000 estadounidenses al año. Hasta el momento, el tráfico y la oferta de fentanilo siguen igual que hace un año y dos meses: hay la misma cantidad de drogas y prácticamente a los mismos precios.

¿Qué significa este comportamiento en el mercado mundial de las drogas? Esta pregunta tiene varias respuestas. La primera, que “El Mencho” y otros narcotraficantes de alto perfil, hechos populares por series de televisión, películas y corridos, no son en realidad tan importantes como se creía. La segunda, que la militarización de la frontera, la inteligencia y los patrullajes han fracasado porque siguen pasando la misma cantidad de droga. La tercera, que la producción, al menos de fentanilo, es local y que los principales productores y distribuidores en la Unión Americana de opioides sintéticos son ciudadanos estadounidenses.

Donald Trump se equivoca. México no es el epicentro del narcotráfico en el hemisferio occidental. El epicentro, tanto de la producción como del consumo de fentanilo, es Estados Unidos, y lo seguirá siendo mientras continúe en esta lógica del enemigo externo y se sigan ignorando los problemas de salud, sociales y estructurales de la sociedad estadounidense.

Eso pienso yo. ¿Usted qué opina? La política es de bronce.