3 de diciembre de 2021 | 16:06

Noticias y cultura de la mentira

Los funcionarios satisfacen la necesidad de dramatismo de los medios de comunicación inventando crisis y gestionando sus respuestas en el escenario
AMLO en su conferencia mañanera donde sale mucha agenda para las noticias de medios
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Trato de ver las conferencias de prensa matutinas del presidente de México casi todos los días. Cuando terminan las mañaneras, a las 9 am regularmente, intento discernir cuáles fueron las noticias. Y siempre llego a la misma conclusión, recordando la frase de Reuven Frank, ex presidente de NBC News: “las noticias son lo que el condenado gobierno diga que son”. Frank fue una figura clave en sacar de la sombra a las noticias de la televisión. Enfatizó la importancia de las imágenes al contar historias. Fue mentor de periodistas como Tom Brokaw.

La conferencia de prensa matutina de ayer (con todo y el rap “Digo lo que pienso” de Calle 13) y todas las versiones gubernamentales sobre la reforma constitucional en materia eléctrica, me recordaron un libro que leí en 1994, escrito por Paul H. Weaver, “Noticias y cultura de la mentira: cómo funciona realmente el periodismo” (The Free Press, 1994) https://amzn.to/3nriHNZ.

Exjefe de la oficina de Washington y editor adjunto de la revista Fortune, el doctor Weaver fue profesor de ciencia política en la Universidad de Harvard y miembro del Aspen Institute, American Enterprise Institute y Hoover Institution.

Después de analizar el período de 1980 a 1992 en Estados Unidos, la tesis principal de Weaver es que prensa y gobierno estadounidenses tenían un problema sistémico: no hacen lo que dicen hacer, lo que deberían hacer y lo que la sociedad espera que hagan.

Revisé mis notas sobre el libro y aquí van algunas de las principales ideas de Weaver:

  1. Los medios de comunicación y el gobierno están entrelazados en un círculo vicioso de manipulación mutua, creación de mitos e interés propio.
  2. Los periodistas necesitan crisis para dramatizar las noticias; y los funcionarios gubernamentales deben parecer que están respondiendo a las crisis.
  3. Con demasiada frecuencia, las crisis no son realmente crisis, sino fabricaciones conjuntas.
  4. Las dos instituciones (medios y gobierno) han quedado tan atrapadas en una red simbiótica de mentiras que los medios de comunicación son incapaces de decirle al público lo que es verdad y el gobierno no puede gobernar con eficacia.

Weaver cita en su libro, como ejemplo, las políticas públicas para eliminar el déficit, que se encuadraron en la enmienda Gramm-Rudman-Hollings. Cualquiera que leyera un periódico o mirara las noticias por televisión pensaría que el Congreso y la administración Reagan estaban luchando heróica y dolorosamente para contener el gasto público y reducir el déficit. Sin embargo, detrás de la cortina de humo, los comités del Congreso y los funcionarios federales estaban aumentando el gasto y agregando nuevos programas en los procesos de presupuestación y asignaciones anuales de rutina. Como resultado, escribe Weaver en su libro, “no hubo noticias de que el gobierno aumentaría el déficit a pesar de que eso era lo que estaba sucediendo”.

La lección principal del libro de Weaver es que “Los medios de comunicación y el gobierno han creado una farsa que sirve a sus propios intereses pero que engaña al público. Los funcionarios satisfacen la necesidad de dramatismo de los medios de comunicación inventando crisis y gestionando sus respuestas en el escenario, aumentando así su propio prestigio y poder. Los periodistas informan diligentemente sobre esas fabricaciones. Ambas partes saben que los artículos son manipulaciones que se engrandecen a sí mismas y no informan al público sobre los temas más complejos, pero aburridos, de la política y la actividad del gobierno”.

Más lecciones del libro de Weaver sobre su análisis del período de Ronald Reagan, el “gran comunicador”:

  1. Lo que ha surgido es una cultura de la mentira. Es el discurso y el comportamiento de los funcionarios que buscan obtener los poderes del periodismo en apoyo de sus objetivos, y de los periodistas que buscan cooptar a funcionarios en sus esfuerzos por encontrar y cubrir historias de crisis y respuesta a emergencias.
  2. El resultado es una distorsión del papel constitucional del gobierno. Se ha convertido en una institución que debe resolver continuamente, o parecer que resuelve, las crisis. El gobierno funciona en un nuevo y poderoso modo de operación de emergencia permanente.
  3. Es un teatro multietapas. Hay demanda por drama en las noticias. La versión de la realidad es la que el público y los funcionarios crean. Utilizan la persuasión y la creación de imágenes para promover sus intereses. Es la manipulación de la percepción y del proceso de políticas públicas. Literalmente, están actuando.
  4. Las noticias a menudo tienen una identidad dual, una fachada externa y una realidad interna. Las dos historias, o realidades, a menudo estaban en desacuerdo entre sí.

La práctica de los medios de centrarse en los manipuladores y sus maquinaciones, en lugar de en cuestiones de fondo, es quizás inevitable porque refleja varios aspectos de la cultura estadounidense. Las personalidades son más convincentes que las instituciones, los hechos a menudo son inciertos, la capacidad de atención es breve y la simplificación es la norma.

Pero el enfoque de los medios tiene varias consecuencias, según Weaver:

  1. Las noticias pueden cambiar las percepciones; y las percepciones, a menudo, se convierten en realidad.
  2. Las filtraciones o insinuaciones adversas sobre un funcionario del gobierno conducen a su pérdida de influencia, renuncia o despido.
  3. El mercado de valores también es un terreno fértil para historias plantadas. Los rumores o las acusaciones difundidas por los vendedores en corto suelen hacer bajar el precio de una acción.
  4. La disposición de la prensa a informar sobre insinuaciones y rumores, a medida que las noticias cambian la realidad, lleva a que los sujetos de tales informes, que generalmente son invenciones creadas por oponentes, deben estar preparados para defenderse instantáneamente.

Quizás la consecuencia más grave del enfoque de los periodistas en las crisis y los conflictos es que tanto ellos como el público se vuelven ciegos ante los problemas sistémicos. Weaver argumenta:

  1. La prensa está demasiado dispuesta a aceptar las versiones autopromocionadas de los hechos por parte de los funcionarios gubernamentales.
  2. El verdadero defecto de la prensa es que se ha convertido en una víctima del síndrome del “hombre-muerde-perro”.
  3. Lo que realmente está sucediendo en el mundo real es el negocio ordinario de las instituciones ordinarias. En lo que convergen funcionarios y reporteros, por lo tanto, son parodias, no hechos reales.
  4. La noticia deja de representar el mundo real y comienza a falsificarlo. La transacción de trueque entre periodista y periodista degenera en un ejercicio de engaño, manipulación y explotación.

Weaver tiene razón. El público estadounidense, desconfiado, ha llegado a depender de hechos, datos, encuestas y, presumiblemente, estudios científicos. La gente es cada vez más reacia a creer cualquier afirmación que no esté respaldada por investigaciones estadísticas. Pero entonces llegó otro problema: se desarrolló una industria para crear la investigación que legitima las posiciones políticas. Los debates sobre políticas públicas ahora giran comúnmente en torno a estimaciones competitivas de costo, efectividad o riesgo, más que en torno a los méritos intrínsecos de una propuesta.

Weaver hace algunas consideraciones finales en su libro:

  1. La prensa debería cubrir menos las crisis y los desastres y más los acontecimientos políticos, sociales y económicos, las políticas públicas serias y sólidas. Menos política, más sustancia; menos personalidades, más instituciones.
  2. El enfoque de los medios debe reorientarse hacia los lectores y el público en general.
  3. Una prensa impulsada por el drama y las crisis crea un gobierno impulsado por la respuesta a las crisis. Y un gobierno de emergencia no puede gobernar.
  4. El apoyo público a las políticas de emergencia no sólo se evapora en el momento en que pasa la crisis, sino que los funcionarios que actúan en modo de emergencia no pueden nunca formular políticas públicas significativas en beneficio de la nación.

Javier Treviño: @javier_trevino