3 de diciembre de 2021 | 17:12

La guerra de trincheras de la 4T

La política de la 4T es inquietantemente similar a la guerra de trincheras. Los seguidores están agachados en el barro con sus compañeros.
La 4T del presidente AMLO parece emplear una estrategia similar a la "guerra de trincheras".
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El debate sobre el paquete económico y sobre la reforma constitucional eléctrica ilustran muy bien la esencia del gobierno de la 4T. Aprobaciones de las iniciativas sin mover ni una coma; anuncios con verdades a medias en la radio y la televisión; agresivas voces de la 4T en las redes sociales; conferencias de prensa matutinas desde Palacio Nacional y boletines de prensa peculiares del director general de la CFE; todo ello refleja confrontación y cerrazón. No hay espacio para el diálogo. La verdad es única. Todo lo demás son “mentiras de la semana”. Las etiquetas ya están colocadas: los malos son los empresarios, conservadores, neoliberales y ladrones. No importa si son ellos los que invierten, se arriesgan, generan empleos bien remunerados y llevan prosperidad a las comunidades.

La política de la 4T en el México de hoy me recordó mis lecturas sobre el triste período que vivió el mundo de 1914 a 1918. Durante la Primera Guerra Mundial se utilizaron distintas estrategias y ataques. Los alemanes iniciaron la guerra de trincheras o guerra de posiciones, que siempre recordaremos como un referente de lo absurdo, del horror y la inutilidad de la guerra de desgaste.

Las trincheras permitían que la guerra se disputara en frentes estables. El objetivo principal era mantener el territorio bajo control para evitar que el enemigo pudiera conquistarlo. Cruzar las trincheras resultaba imposible. Los Aliados hicieron lo suyo. Cavaron zanjas profundas para establecer sus posiciones. Los alemanes tenían sus trincheras en zonas más altas y con mejor visibilidad.

Los libros sobre la historia de la Gran Guerra narran ese enfrentamiento estático y de desgaste. Los ejércitos francés y británico incrustados en trincheras desde el Mar del Norte hasta la frontera de Suiza. Hay más de 20 películas extraordinarias, incluyendo la reciente “1917″, sobre la vida en las trincheras. Libros, artículos, documentales y películas narran como el objetivo era conservar el territorio y no perderlo. Siempre llama la atención que los soldados no entraban en batalla sino que tenían la misión de aguantar y defender su posición.

Los soldados vivían en condiciones epidémicas inaceptables: con bajas temperaturas, humedad, cólera, disentería, gripe, tifus. La vida en las trincheras era rutinaria y aburrida. Había un llamado de alerta en la mañana y otro por la noche. Los posibles ataques no se materializaban. Los que murieron en las trincheras de la Primera Guerra Mundial fueron abatidos por las ametralladoras cuando se quedaban atrapados en las alambradas que separaban los hoyos profundos.

El arma de los soldados en las trincheras era el fusil con bayoneta. La lucha que todos esperaban era la de cuerpo a cuerpo. Sin embargo, los soldados se escondían del enemigo, porque confiaban en que serían defendidos por la artillería, ametralladoras, cañones, y armas de largo alcance.

En las batallas de Verdún y del Somme, en 1916, el ejército francés y el británico consiguieron avanzar un poco. Pero murieron casi 2 millones de soldados.

Así estamos en México hoy. La política de la 4T es inquietantemente similar a la guerra de trincheras. Los seguidores están agachados en el barro con sus compañeros. Tienen un conocimiento de la situación limitado debido a la falta de voluntad para abandonar la seguridad de su fortificación. Tienen la esperanza de sobrevivir al enemigo, lograr avances o encontrar una resolución, sin esforzarse ni un milímetro.

La política mexicana de antes no era así. Los políticos no definían a sus partidos por el poder que tenían a través de la seguridad o el tamaño de su trinchera. El éxito se definía por las políticas públicas que apoyaban el bienestar de México.

Después de los debates de los últimos días, hoy huele a muerte en el mundo de los partidos. Cada vez se hacen más anchas las trincheras. No parece que podamos progresar. No hay esperanza.

Para que México avance, los partidos deben abandonar sus trincheras. Si van a enfrentarse, que lo hagan en el campo de batalla y no en los hoyos. Las trincheras de la 4T inspiran inacción; son enemigas del progreso. En lugar de lograr el bienestar de la gente, se quedan enterrados en sus zanjas de lodo y seguridad.

Recordemos que una vez que se cavaron las trincheras en la Gran Guerra, el progreso se estancó durante casi tres años y medio. No hubo avance tangible de ninguna de las partes. Las condiciones grotescas de la trinchera se convirtieron en una amenaza mayor que el enemigo.

Así estamos con la 4T. Al refugiarse en las profundidades de la trinchera, la retórica de cada partido es una amenaza mayor que cualquier escaramuza con su oponente.

Con propuestas ideológicas, y de un anticuado nacionalismo, los seguidores de la 4T no ven el futuro porque viven en una madriguera que está llena sólo de personas con ideas afines. No importa cuán irreal o inverosímil sea la idea, en su mundo no hay ninguna oposición inicial ni nada parecido a un contraargumento.

Este ambiente enconado sólo representa a los que están en la trinchera, no a los millones de habitantes que no vivimos en ese hoyo y que queremos que nuestro país avance. Sin la diversidad de argumentos, la trinchera de la 4T se vuelve más profunda, el lodo más espeso y la probabilidad de fallas en las políticas públicas son mayores.

Independientemente de lo que diga cualquiera de los bandos, no se puede lograr el progreso sin la colaboración de los habitantes de las trincheras con los que no lo somos. México no necesita una guerra de trincheras. Nuestro país requiere liderazgo, coraje, visión y pragmatismo.

Con los votos de estos días en el Congreso, los legisladores de la 4T dejaron claro que piensan que entusiasmar sólo a sus compañeros habitantes de trincheras es un verdadero liderazgo. No es así. Un verdadero líder no pone excusas ni pretextos ni elige encabezar el esfuerzo de sólo aquéllos que ya están de acuerdo con él.

El liderazgo real es salir de la trinchera, ponerse en la línea de fuego y llevar a todos hacia la victoria. Ya es momento de pensar diferente.

En la Primera Guerra Mundial se vivió la tregua de la Navidad de 1914. En la semana previa al 25 de diciembre, soldados franceses, alemanes y británicos cruzaron las trincheras para intercambiar saludos. Durante la Nochebuena se mezclaron y compartieron comida y recuerdos. Hubo intercambio de prisioneros. Muchos encuentros terminaron en cánticos de villancicos. Se disputaron partidos de fútbol. Fueron las más memorables imágenes de la tregua. Reflejaban un estado de ánimo de “vive y deja vivir”.

Nuestros políticos deben recordar que es probable que haya más similitudes que diferencias en los temas que verdaderamente tienen un impacto sobre el bienestar de la gente.

¿Cómo superamos la gran división en la que nos tiene sumidos la 4T?

México necesita una tregua. Que sus políticos, empresarios y funcionarios cenen juntos. Que se dejen atrás las etiquetas de conservadores y neoliberales. Que todos trabajen en la construcción de una nueva relación por el bien de México. Ninguno de nuestros problemas puede ser resuelto por una sola parte. La única forma de avanzar es a través del diálogo, la colaboración y un esfuerzo coordinado.

La guerra de trincheras no hizo avanzar a nadie en la Gran Guerra. A tres años de iniciado el gobierno de la 4T, México necesita una tregua: debemos iniciar una nueva etapa y ponernos a trabajar juntos por el bien de nuestros hijos.

Javier Treviño/ @javier_trevino