El viernes 22 de mayo es una fecha que quedará grabada en la memoria del país, pues los mexicanos recordaremos que ese día más de un millón y medio de jóvenes salieron a las calles, plazas, escuelas y parques de los 32 estados para vivir el Maratón Nacional de Lectura por la Paz, una iniciativa que transformó a todo México en una gran sala de lectura al aire libre.
Todo comenzó durante la conferencia matutina de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, quien desde el Palacio Nacional dio el banderazo de arranque a esta jornada, en coordinación con el Instituto Mexicano de la Juventud (IMJUVE) y la Secretaría de Educación Pública (SEP). En un enlace en vivo con Michoacán, el director general del IMJUVE, Abraham Carro Toledo, y el gobernador Alfredo Ramírez Bedolla inauguraron formalmente las actividades, mientras desde la pantalla se veía cómo cientos de jóvenes con libros en la mano se reunían bajo los portales.
“La lectura es cultura y es libertad”, dijo el gobernador Ramírez Bedolla, y esas palabras parecieron recorrer el país entero al mismo tiempo.
En cada rincón, la escena se repetía con colores y matices distintos, pero con el mismo espíritu. En las bibliotecas de Oaxaca, las lecturas en voz alta incluían relatos en lenguas originarias, compartidos por jóvenes que querían mantener viva su herencia. En las playas de Veracruz, especialmente en Poza Rica, bajo la brisa del mar, se abrieron micrófonos libres donde cualquiera podía subir a leer un texto, un poema o incluso una reflexión propia sobre lo que significa construir paz.
No importaba el lugar: deportivos, centros comunitarios, patios escolares o plazas llenas de gente, todos se convirtieron en escenarios. La propuesta era sencilla y poderosa: salir a leer. Leer acompañados, leer en comunidad, entender que las palabras también son herramientas para encontrarse, para organizarse y para transformar la realidad.
Durante todo el día, los textos fluyeron. Hubo novelas que hicieron reír y pensar, ensayos que invitaron al debate, cuentos que transportaron a otros tiempos y temas muy cercanos: textos sobre cultura popular, sobre la vida en comunidad, incluso historias y crónicas sobre el futbol, que conectaron a los jóvenes con lo que les apasiona. Gracias al apoyo del Fondo de Cultura Económica, también hubo regalos de libros: ejemplares que pasaron de mano en mano, como regalos que llevaban consigo la promesa de ser leídos, compartidos y cuidados.
“Jóvenes están saliendo a leer en voz alta, a regalar libros… se está leyendo poesía, se están haciendo concursos literarios y vamos a estar todo el día al mismo tiempo en todas estas plazas, generando estos espacios de lectura y libertad”, explicó Abraham Carro Toledo, y así fue: la jornada se vivió con alegría, con participación libre y con esa convivencia que solo las historias y las palabras pueden crear.
Las actividades continuaron este sábado 23 de mayo, con más encuentros, ferias culturales, lecturas masivas y espacios artísticos en distintos estados. Y lo más importante: como anunció el director del IMJUVE, estos maratones se realizarán al menos una vez al mes para que la lectura, la escritura y la reflexión sean espacios permanentes donde las juventudes sigan construyendo su propia voz.
Los libros han ganado más batallas que las armas, dijo el dramaturgo español Lupercio Leonardo de Argensola hace ya varios siglos. Y es absolutamente real.
Cuando se abre un libro, no solo se lee una historia. El lector puede encontrarse con sus raíces, se escucha a sí mismo y construye, página a página, la paz que todos queremos y nos merecemos, para que en México haya más jóvenes leyendo que en manos de criminales.



