Cuestionar a los brillantes futbolistas de la Selección de Francia por motivos raciales no es un fenómeno que ha surgido en el Mundial de la FIFA de 2026.
El origen de tan inmoral actitud está en la propia, extraordinaria, ejemplar Francia: en su extrema derecha. Tristemente, el ultraconservadurismo es un virus político muy dañino que ataca a todas las democracias.
Ese patógeno del peor fanatismo, el racismo, llegó a los sectores conservadores de otras regiones. Veamos.
√ Jean-Marie Le Pen (fundador del ultraderechista Frente Nacional francés): en el año 1998, lanzó sus críticas contra la selección campeona del mundo. Afirmaba que no representaba a Francia porque muchos de sus jugadores eran negros o de origen africano.
√ Marine Le Pen y Éric Zemmour (líderes de los partidos franceses de ultraderecha Agrupación Nacional y Reconquista, respectivamente): han cuestionado durante dos décadas la identidad multicultural de la selección francesa. Lo han hecho como argumento contra la inmigración.
√ Boris Johnson (conservador exprimer ministro del Reino Unido): en el año 2021, justificó los abucheos de los aficionados británicos racistas al taking the knee realizado por su propia selección. Ese fue un gesto contra el racismo en una Eurocopa que terminó en linchamiento digital contra futbolistas afrodescendientes.
√ El cántico racista de la afición argentina en Qatar: surgió originalmente en el año 2022 en las calles de Doha tras la final del Mundial entre Argentina y Francia. Con la frase “juegan en Francia, pero son todos de Angola”, los y las racistas de Argentina atacaron con escasa o nula moralidad la identidad nacional y los orígenes de los futbolistas galos.
√ Victoria Villarruel (ultraderechista vicepresidenta de Argentina): en el año 2024, defendió ese mismo cántico xenófobo cuando fue replicado por los jugadores de la selección argentina en los festejos de la Copa América. Ella justificó su contenido y a la vez cuestionó la identidad de los futbolistas franceses.
√ Javier Milei (ultraderechista presidente de Argentina): en el 2024, en lugar de reprobar el cántico racista, lo respaldó al destituir al subsecretario de Deportes, Julio Garro, por haber sugerido que Lionel Messi tenía que disculparse con los franceses.
√ Mariano Rajoy (ultraderechista expresidente del gobierno de España): hace unos días, escribió en una columna de opinión que Francia tenía “una plantilla de altísimo nivel. Eso sí, sin franceses”.
√ Celeste Amarilla (racista senadora de Paraguay): también este año negó la francesidad de Kylian Mbappé.
√ Hebe Casado (derechista vicegobernadora de la provincia de Mendoza, Argentina): en el actual Mundial descalificó en televisión a la selección francesa reduciéndola a equipo africano.
Argentina, disculparse por su racista canción antes de jugar con Inglaterra
La canción sin duda fue terrible. Surgió, como se dijo, tras la final del Mundial de Qatar 2022 entre Argentina y Francia. Su estribillo “juegan en Francia, pero son todos de Angola” alude despectivamente a los futbolistas franceses.
Tras la conquista de la Copa América 2024, varios jugadores argentinos la volvieron a cantar durante los festejos en el autobús. Se difundió un video del hecho y esto provocó una denuncia de la Federación Francesa de Futbol. Un futbolista argentino, Enzo Fernández, se disculpó, pero nada más. Una disculpa institucional por parte de la Asociación del Futbol Argentino nunca se dio. Y el gobierno del país sudamericano, con Javier Milei a la cabeza, apoyó el cántico racista.
No dudaría que si Argentina y Francia llegaran a la final la afición gaucha volvería a entonar tan espantosa canción. Por lo tanto, cada persona debe hacer lo que esté a su alcance para denunciar el racismo en el futbol. Personalmente, yo sugiero que en las dos semifinales del Mundial los jugadores, todos, recurran de nuevo al taking the knee.
Taking the knee: las semifinales de la dignidad
Si el futbol quiere demostrar que ha avanzado debería repetir el gesto contra el racismo al que alguna vez recurrieron jugadores de la selección inglesa.
Las cuatro selecciones semifinalistas pueden dar una gran lección. Para empezar, Francia y España deberían realizar juntas el taking the knee antes de su partido. Sería la mejor respuesta a quienes han pretendido negar la francesidad de los jugadores galos por el color de su piel o el origen de sus padres.
España —que también cuenta con la riqueza de la diversidad en sus filas con dos figuras clave— dejaría claro que las declaraciones racistas de algunos dirigentes políticos no representan a la mayoría de su sociedad.
Algo semejante podría ocurrir en el juego de Inglaterra contra Argentina. Los ingleses fueron pioneros con ese gesto como símbolo de la lucha contra el racismo. Si ambas selecciones se arrodillaran antes del partido, Argentina —un país en el que ciertos grupos, tristemente numerosos y acomplejados, tanto han presumido una supuesta pureza de sangre blanca— tendría la oportunidad de enviar un mensaje claro de que los cánticos contra los futbolistas franceses quedaron en un pasado ya superado.
El saludo olímpico del siglo XXI
El taking the knee debería ir mucho más lejos del Mundial 2026 y llegar a los Juegos Olímpicos de Los Ángeles. Sería buena idea que se transformara en el saludo olímpico del siglo XXI. Arrodillarse unos segundos simbolizaría que la rivalidad termina donde empieza la igualdad de la dignidad humana.
Posdata de lección francesa. El partido entre Francia y España se disputará el 14 de julio, día nacional de Francia. Puede afirmarse, sin exagerar, que la francesa ha sido la revolución política más importante de la historia.
Espero no lastimar al nacionalismo dogmático mexicano —que existe, ni hablar—; un patrioterismo de ciertos sectores de izquierda que seguramente caerán en la tentación de ubicar por encima de la francesa a la Revolución mexicana. Lo cierto es, vistas las cosas con objetividad, que lo ocurrido el 14 de julio de 1789 transformó para bien, más que ningún otro acontecimiento de la historia universal, la idea de ciudadanía, de igualdad ante la ley, de derechos humanos fundamentales y de soberanía popular. Estos principios son el mayor patrimonio ético de la humanidad.
Sería especialmente significativo que, antes del encuentro entre Francia y España el próximo 14 de julio, ambas selecciones realizaran el taking the knee contra el racismo. Francia honraría el legado universal de su Revolución. España, al sumarse, recordaría que la lucha contra el racismo no pertenece a una nación, sino a toda la humanidad.
Ese día, no tengo la menor duda, La Marsellesa, cantada en el estadio de Dallas, dada la necesidad de acabar ya con el racismo, no será solo el himno de la República Francesa, sino un himno universal contra toda forma de discriminación. No habrá liberación que valga si no acabamos en definitiva con los prejuicios raciales. Solo entonces tendrá sentido pleno lo que dice La Marsellesa: “Liberté, liberté chérie, combats avec tes défenseurs”. Es decir, “Libertad, libertad querida, combate con quienes te defienden”.
Para al fin liberarnos de tantos prejuicios, defendamos todos y todas a los futbolistas de Francia, hoy tan estúpidamente agredidos por el racismo. Honremos la mejor herencia de la Revolución francesa: que todas las personas nacemos libres e iguales. Sería el homenaje más fiel que el futbol podría rendir, en pleno siglo XXI —¡en un país tan racista como Estados Unidos!—, a los ideales que hace 237 años, con la toma de La Bastilla, empezaron a definir los valores universales de pleno respeto a la dignidad humana.


