“La concentración del poder político en manos de unos pocos es la definición misma de la tiranía”.
Thomas Jefferson
La arquitectura de la Cuarta Transformación se construyó alrededor de personajes y familias que hicieron de la militancia, la victimización y el discurso de “perseguidos” su fuente de legitimidad política. Al llegar Andrés Manuel López Obrador al poder, algunos ocuparon posiciones estratégicas para influir en las finanzas públicas, la vigilancia del dinero y el diseño de las reglas electorales.
La familia Gómez Concheiro es uno de esos casos.
Del 68 al poder financiero
Pablo Gómez, convertido en la caricatura de lo que combatió durante décadas, es quizá el ejemplo más evidente. El antiguo dirigente estudiantil, militante comunista, fundador del PRD y crítico del autoritarismo priista terminó al frente de una de las instituciones más sensibles del Estado: la Unidad de Inteligencia Financiera.
Su trayectoria política comenzó en el movimiento estudiantil de 1968. Fue delegado de la Preparatoria 6 ante el Consejo Nacional de Huelga y presidente de la Sociedad de Alumnos de la Facultad de Economía. Tras el mitin de Tlatelolco fue detenido y permaneció tres años en Lecumberri. Sin embargo, al interior del movimiento fue considerado entre los más destacados negociadores o “esquiroles”, él junto con Ignacio Ovalle, ambos ahora en el obradorismo.
En 1979 llegó por primera vez a la Cámara de Diputados por representación proporcional, figura impulsada en la reforma electoral de Jesús Reyes Heroles. A partir de entonces construyó una larga carrera legislativa que se prolongó hasta 2021, cuando López Obrador lo colocó al frente de la UIF.
La institución tiene la delicada función de detectar operaciones financieras sospechosas, combatir el lavado de dinero y seguir las rutas económicas del crimen organizado. Durante su gestión surgieron cuestionamientos sobre su eficacia y el supuesto uso selectivo de investigaciones que pudieron ser utilizadas para perseguir adversarios políticos mientras se mantenía una tolerancia inexplicable frente a personajes cercanos al poder
La senadora Carolina Viggiano señaló que, de unas 800 denuncias presentadas por la UIF ante la FGR durante el sexenio de López Obrador, solamente 66 habían sido judicializadas y ninguna había terminado en una sentencia firme.
Posiciones clave
Los cuestionamientos aumentaron con el caso de Vector, CIBanco e Intercam, instituciones sancionadas en 2025 por el Departamento del Tesoro estadounidense por presuntas operaciones relacionadas con lavado de dinero y redes del narcotráfico.
En ese contexto se dio la salida de Gómez de la institución, dejando interrogantes sobre la actuación de la institución y la información que México había compartido con Washington.
Se especuló que la UIF habría recibido solicitudes de información por parte del Tesoro estadounidense que Gómez no atendió oportunamente. La periodista Lourdes Mendoza sostuvo incluso que esa omisión habría beneficiado a Vector y a Alfonso Romo, exjefe de la Oficina de la Presidencia.
Durante su gestión también salió a la luz el llamado huachicol fiscal. La senadora Lilly Téllez llegó a exigirle explicaciones sobre lo que había hecho la UIF con respecto a supuestos movimientos financieros relacionados con Andrés López Beltrán, Adán Augusto López y Mario Delgado. Sí bien, estas acusaciones deben probarse, la falta de investigaciones revela las sospechas que acompañaron a Gómez.
Pero, mientras Pablo Gómez dirigía la UIF, otros integrantes de su familia ocuparon posiciones relevantes.
María Elvira Concheiro, entonces esposa de Gómez, fue tesorera de la Federación. Francisco Luciano Concheiro, su cuñado, fue subsecretario de Educación Superior. Juan Luis Concheiro dirigió la Gaceta Parlamentaria de la Cámara de Diputados. Argel Gómez Concheiro, hijo de Pablo Gómez, ocupó una posición directiva en la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México y Galia Borja Gómez, sobrina de Pablo Gómez, llegó a ser subgobernadora del Banco de México.
¿Coincidencias o una red familiar construida alrededor de la 4T?
De perseguido a reformador
A su salida de la UIF, Claudia Sheinbaum colocó a Pablo Gómez al frente de la Comisión Presidencial para la Reforma Electoral, desde donde participa en el diseño de una nueva reforma.
Entre las propuestas destaca reducir la representación proporcional y modificar la estructura electoral.
Siendo que Gómez Concheiro llegó por primera vez al Congreso precisamente por la representación proporcional que ahora busca modificar, resulta por decir lo menos, contradictorio.
Quien durante décadas combatió el monopolio político del viejo régimen. Hoy tiene la encomienda de impulsar una reforma que podría reducir espacios de representación de las minorías y favorecer al partido dominante.
La 4T llegó al poder en buena medida gracias a los espacios de pluralidad ganados por esa lucha y ahora podrían terminar reduciéndolos.
Pero la democracia no consiste en que el monopolio cambie de dueño, sino en impedir que exista.
X: @diaz_manuel




