La dinastía es la propiedad privada del poder político.
Karl Marx
Si los Monreal representan el cacicazgo regional y legislativo y los Alcalde Luján el control de la arquitectura del régimen, los Batres Guadarrama son el ejemplo de cómo una familia puede extender su influencia sobre distintos espacios del poder público.
El patriarca político es Martí Batres, uno de los operadores históricos de Andrés Manuel López Obrador. Su carrera comenzó mucho antes de Morena, en la política estudiantil de la UNAM de finales de los años ochenta, etapa que lo marcó como integrante de los grupos porriles, organizaciones que ejercían control mediante presión política, movilización e intimidación.
Aquella etapa también le permitió construir una relación con Claudia Sheinbaum y con Carlos Imaz, figuras cercanas al entonces dirigente opositor López Obrador. Esa cercanía terminaría convirtiéndose en uno de los pilares de su ascenso político.
Del porrismo universitario al poder
Desde entonces, Batres ha ocupado prácticamente todos los cargos relevantes del obradorismo: diputado, senador, presidente nacional de Morena, secretario de Desarrollo Social del entonces Distrito Federal, secretario de Gobierno, jefe de Gobierno sustituto de la Ciudad de México y actualmente director general del ISSSTE. Pocos políticos han ocupado tantos cargos de primer nivel de manera ininterrumpida, sin que se deba, precisamente, a su capacidad administrativa, eficiencia o conocimientos.
Durante su gestión en Desarrollo Social, Batres impulsó la distribución de la llamada Leche Betty, programa que terminó envuelto en un escándalo sanitario cuando autoridades detectaron contaminación por heces fecales en algunos lotes, obligando a retirarlos. Desde aquel momento la oposición sostuvo que estos programas sociales eran utilizados con fines clientelares para fortalecer la estructura electoral del lopezobradorismo.
Los tentáculos de una familia
El poder de los Batres no termina en Martí.
Su esposa, Daniela Cordero Arenas, funge como titular del Fondo para el Desarrollo Social (FONDESO) en el gobierno de la Ciudad de México.
Su hermana Lenia Batres Guadarrama fue designada ministra de la Suprema Corte de Justicia de la Nación por decisión presidencial, nombramiento que provocó críticas tanto por su abierta militancia política, como por su cercanía con Morena.
Otra hermana, Valentina Batres, es actualmente diputada local en la Ciudad de México.
La red familiar también alcanza a Ulises Lara, exesposo de Lenia Batres, quien pasó de ser vocero de la Fiscalía capitalina a convertirse en encargado de despacho de esa institución. Su designación estuvo rodeada de polémica porque obtuvo el título de abogado pocos días después de asumir el cargo, requisito indispensable para ocupar la titularidad.
Posteriormente fue incorporado a la Fiscalía General de la República de Ernestina Godoy para encabezar investigaciones consideradas estratégicas por el gobierno federal y, simultáneamente como vocero oficial de la institución. Sin embargo, al hacerse cargo de varios de los expedientes más polémicos de la 4T, resultó un problema por la forma en que los estaba desechando y tuvo que ser sustituido.
El hijo de Lenia y Ulises se desempeña en el sector público federal como jefe de departamento en el Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático (INECC).
Así, mientras Martí participa en la administración pública, Lenia forma parte del máximo tribunal constitucional y Valentina legisla desde el congreso capitalino, otros integrantes del círculo familiar ocupan o han ocupado espacios estratégicos del Estado.
Aunque, formalmente ninguna ley prohíbe esa concentración. Políticamente contradice el discurso con el que Morena llegó al poder.
La élite de la transformación
Los Batres Guadarrama forman parte de un reducido grupo de apellidos que hoy concentran poder político junto con los Monreal, los Alcalde Luján, los López Obrador, los Salgado, los Tadei, los Sansores y otras dinastías cuatroteras que ocupan posiciones estratégicas dentro del gobierno, el partido y las instituciones del Estado. Que viven rodeados de lujos y cuyos hijos estudian en las mejores escuelas privadas.
El nepotismo ya no se trata únicamente de heredar una gubernatura o una alcaldía. El nuevo modelo consiste en que una familia legisle, otra imparta justicia, otra dirija el partido y otra administre áreas del gobierno.
Las viejas dinastías del PRI le funcionaron al líder del movimiento como argumento para justificar la necesidad de una transformación, pero el modelo no desapareció, por el contrario, se amplificó bajo nuevas siglas.
X: @diaz_manuel





