La religión se ha convertido en una de las variables que ayudan a dibujar el mapa político brasileño y que daba señales de una modificación en las dinámicas de alto calado desde antes. Solo durante el Mundial de 2026 comenzó a circular una explicación extraordinaria para la caída de su selección, que sostuvo cómo es que Brasil había dejado de ser Brasil en el momento que dejó de ser católico para ser evangélico. La lógica es que murió esa vieja idea de comunidad y que once jugadores podían comportarse como un solo cuerpo para ser sustituida por un “ethos” evangélico individualista, concentrado en la salvación personal y en juzgar a sus pares por cosas comunes como adorar vírgenes y santos, practicar yoga, bailar o divertirse.

En las elecciones del 4 de octubre, Flávio Bolsonaro obtuvo alrededor de 47% de los votos válidos y quedó por delante de Luiz Inácio Lula da Silva, que obtuvo alrededor de 45%. Ninguno alcanzó la mayoría absoluta, por lo que ambos pasarán a la segunda vuelta del 25 de octubre. Jair Bolsonaro, padre de Flávio, se encuentra cumpliendo una condena de 27 años por abolición violenta del Estado de derecho y liderazgo de organización criminal armada contra el resultado electoral de 2022.

En los municipios brasileños donde la presencia evangélica está por encima de la media nacional, Flávio obtuvo 52% de los votos válidos. El cruce realizado entre los resultados electorales y el Censo de 2022 muestra una correlación interesante entre composición religiosa y comportamiento electoral. En cambio, Lula conserva mayores niveles de apoyo en municipios con mayor presencia católica.

En 2026, Flávio Bolsonaro buscó deliberadamente el respaldo de algunas de las mayores denominaciones pentecostales del país. Se acercó a Silas Malafaia, a sectores de las Asambleas de Dios y a otras organizaciones religiosas. Su campaña entendió que el templo también es una estructura de movilización política pero antes de que el lo hiciera, desde 1985 la prensa brasileña ya señalaba que la CIA apoyó e incentivó la expansión evangélica. Eso estuvo contenido en informes dirigidos al Vaticano que investigaron actividades de la CIA relacionadas con movimientos religiosos no católicos, pero después el tiempo les dio la razón cuando se liberó en el año 2000 el documento clasificado de la CIA, originalmente procesado como memorandum de fecha de 1952, denominado “Geographical Area Considerations in the Development of a Latin American Policy” que en el contexto de la Guerra Fría, identifica condiciones para que países del sur global simpatizaran con el bloque soviético, por lo que recetaba una estrategia basada en “propaganda y guerra psicológica” junto con “un esfuerzo al más alto nivel nacional para persuadir a los líderes religiosos que se unan en una campaña concentrada contra el comunismo, basada en su fundamento antirreligioso y materialista”.

Durante la campaña de las últimas elecciones, hubo pastores que utilizaron los púlpitos para expresar posiciones abiertamente antipetistas y asociar la disputa electoral con una suerte de “batalla espiritual” en la que votar por Lula era como votar por el diablo.

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Esto no quiere decir que exista un “voto evangélico” uniforme. De hecho, pastores como Otoni de Paula se apartaron del bolsonarismo y cuestionaron públicamente a Flávio. Las propias iglesias están atravesadas por disputas, intereses y diferencias políticas. El Censo brasileño de 2022 registró que 26.9% de la población de diez años o más se identificaba como evangélica, mientras el porcentaje de católicos descendió a 56.7%. Hace décadas Brasil era casi sinónimo de catolicismo pero ya no lo es.

El crecimiento evangélico ocurrió principalmente en las periferias urbanas, entre sectores populares y en territorios donde otros factores como vacío o desconfianza hacia el Estado permitió pequeñas células cristianas de gran influencia.

Con financiamiento que aún no está totalmente mapeado pero incluye corporaciones internacionales y “donativos” de fe, construyeron redes, ofrecieron pertenencia, disciplina, acompañamiento, alfabetización, autoestima, liderazgo y formas de protección social. La socióloga Cecilia Mariz encontró desde los años noventa, que las comunidades pentecostales y las comunidades eclesiales de base católicas tenían más similitudes de las que sugerían sus diferencias ideológicas porque ambas podían proporcionar redes de apoyo y desarrollar capacidades organizativas. Pero en las últimas elecciones, las evangélicas sirvieron como brazo de operación electoral que va alineado con los intereses de Estados Unidos por romper las alianzas de las izquierdas y sumar adeptos leales a los intereses de Donald Trump.

Como si fuese la versión moderna de las cruzadas, mientras algunos sectores del cristianismo católico latinoamericano hablaban de comunidad, organización popular y justicia social con la Doctrina Social de la Iglesia y la teología de la liberación que coloca, el bien común como combate a la desigualdad, la solidaridad contra la pobreza y la dignidad humana contra la injusticia y la opresión, el evangelicalismo estadounidense exportaba la ideología del anticomunismo, responsabilidad individual, familia tradicional, libre empresa y salvación personal. La batalla incubada en los sesentas parece más viva que nunca por los contrastes en personas que pueden cantar “somos hermanos” el domingo y recitar el lunes que el pobre solamente necesita esforzarse más y el que se queda ahí es porque quiere.

Aún así, el crecimiento de la derecha no puede explicarse únicamente por las iglesias.

Los triunfos presidenciales suelen ser multifactoriales pero tenemos dos hechos: Bolsonaro ganó en los municipios con mayor concentración evangélica e incluso los análisis de estos datos se advierte que religión, ingreso, escolaridad, programas sociales y otras variables interactúan en la decisión del voto, pero la movilización evangélica parece altamente influyente.

Lo otro es la denuncia por una supuesta intervención norteamericana mediante redes sociales. El 25 de septiembre, a diez días de la primera vuelta, Meta deshabilitó temporalmente los anuncios del perfil de Lula en Facebook; la campaña reclamó y la cuenta fue restablecida, mientras Meta no explicó públicamente la razón de la suspensión. La dinámica es más sofisticada que eso, pues recordemos que hace unos años, Cambridge Analytica obtuvo y utilizó datos de millones de usuarios de Facebook para elaborar perfiles y que Facebook terminó pagando una multa de 5 mil millones de dólares por violaciones relacionadas con la privacidad. El caso pudo demostrar que una tecnología puede ser utilizada para segmentar políticamente e influir en el comportamiento del votante mediante anuncios ultrapersonalizados, basados en los detonantes emocionales que el algoritmo de cada usuario ha mostrado a Facebook. Estas tecnologías no son ilegales en Brasil y difícilmente son detectables.

Por cierto. Es un error garrafal pensar que México podría tener la misma suerte. Aunque será el tema de la columna de mañana, adelanto que México apenas y tiene 14.1 millones de protestantes/cristianos evangélicos mientras que Brasil tiene 47.4 millones de evangélicos y para nuestro país, las principales iglesias evangélicas como la Luz del Mundo y otras vinculadas a partidos como los extintos Partido Humanista y Partido Encuentro Social, ahora partido Construyendo Sociedades de Paz (PAZ) son cercanas a Morena en historial de alianzas, perfiles e inclusive, agenda (sí, también la izquierda puede ser conservadora). Juzgue usted mismo.