Agradezco a Federico Arreola por este espacio, porque hablar de las mujeres no debe ser un gesto de ocasión ni una frase obligada dentro del discurso público. Hablar de las mujeres es hablar de la vida real: de lo que pasa en las casas, en las calles, en las comunidades, en los centros de trabajo, en las escuelas, en los mercados, en el campo y en cada lugar donde Querétaro se sostiene todos los días.
Hay una verdad que la política no puede seguir diciendo a medias: sin las mujeres, Querétaro no camina.
Son ellas quienes muchas veces se levantan primero en la casa y se duermen al último. Son ellas quienes cuidan, trabajan, estudian, emprenden, administran, acompañan, resuelven y vuelven a empezar. Son ellas quienes conocen mejor que nadie lo que hace falta en una colonia, en una comunidad o en un municipio, porque viven de cerca los problemas que a veces desde el escritorio se ven lejanos.
Por eso, cuando se habla del futuro de Querétaro, las mujeres no pueden estar en una nota al pie. Tienen que estar en el centro.
No se trata solo de reconocerlas con palabras bonitas. Se trata de escucharlas con seriedad. De entender sus preocupaciones. De abrir espacios reales para su participación. De garantizarles seguridad, oportunidades, justicia, independencia económica y condiciones para vivir con libertad. Porque una sociedad que no escucha a sus mujeres se condena a entender solo la mitad de su realidad.
Y Querétaro necesita escuchar completo.
He recorrido el estado porque creo que la política se hace caminando, no adivinando. He estado en municipios, comunidades, colonias, barrios, mercados, caminos y plazas donde las mujeres hablan con una claridad que muchas veces le falta a la política. Hablan de seguridad, de transporte, de agua, de empleo, de salud, de educación, de violencia, de cuidados, de sus hijas, de sus hijos, de sus padres, de sus negocios, de sus tierras y de sus sueños.
Y cada conversación deja algo muy claro: aunque Querétaro sea un solo estado, cada municipio vive una realidad distinta.
No es lo mismo ser mujer en la zona metropolitana que ser mujer en la sierra. No son las mismas necesidades en Amealco que en Corregidora, en Jalpan que en San Juan del Río, en Cadereyta que en Querétaro capital, en Colón que en Pinal de Amoles, en Tolimán, Huimilpan, Pedro Escobedo, Tequisquiapan o Ezequiel Montes. Cada municipio tiene su propia historia, sus propios pendientes y también su propia fuerza.
Por eso no se puede construir una agenda para las mujeres desde una sola mirada. Sería injusto y sería insuficiente. La mujer que emprende en una zona urbana necesita apoyo, crédito, capacitación y seguridad para crecer. La mujer indígena necesita respeto a su identidad, acceso a servicios, reconocimiento a su cultura y participación real en las decisiones. La mujer del campo necesita respaldo, agua, caminos, oportunidades productivas y que su trabajo sea valorado. La madre trabajadora necesita tiempo, ingreso, transporte seguro y redes de apoyo. La joven estudiante necesita libertad, oportunidades y un entorno donde pueda soñar sin miedo.
Todas son Querétaro. Todas importan. Todas deben ser escuchadas.
Esa es la razón por la que sigo recorriendo el estado. Porque nadie puede decir que conoce Querétaro si no ha escuchado a sus mujeres. Nadie puede decir que entiende sus necesidades si no ha estado en sus comunidades. Nadie puede hablar con profundidad del futuro del estado si no ha mirado de frente a quienes todos los días enfrentan sus problemas con valor y dignidad.
Y lo digo con absoluta convicción: nadie ha recorrido Querétaro como yo. Nadie ha escuchado de manera tan constante a sus municipios, a sus regiones y a su gente. Nadie puede hablar del estado solo desde la comodidad de una oficina o desde una campaña bien producida. Querétaro se conoce en el territorio, con los zapatos en la calle y con la disposición de escuchar incluso aquello que incomoda.
Porque también hay que decirlo: Querétaro tiene cosas que funcionan y que debemos cuidar. Tiene desarrollo, talento, trabajo, historia y una enorme capacidad de salir adelante. Pero también tiene realidades que duelen y que deben mejorar. Hay mujeres que todavía no se sienten seguras. Hay mujeres que quieren trabajar y no encuentran condiciones justas. Hay mujeres que denuncian y no siempre encuentran respuesta. Hay mujeres que sostienen familias enteras sin recibir el reconocimiento ni el apoyo que merecen.
No podemos hablar de progreso si ese progreso no llega a la vida cotidiana de las mujeres.
La política debe dejar de pedirle paciencia a quienes llevan demasiado tiempo esperando. Debe dejar de usar sus causas como discurso y empezar a convertirlas en decisiones. La igualdad no puede quedarse en una fotografía, en una fecha conmemorativa o en una frase de campaña. La igualdad debe sentirse en una calle iluminada, en un transporte seguro, en una oportunidad de empleo, en una atención digna, en una escuela cercana, en una denuncia atendida, en una emprendedora apoyada y en una niña que crece sabiendo que su voz vale. Ese es el Querétaro que debemos construir.
Rumbo a los próximos años, nuestro estado necesita una política con sensibilidad y con carácter. Sensibilidad para escuchar lo que viven las mujeres en cada municipio. Carácter para cambiar lo que no está funcionando. Porque no basta con decir que las mujeres son importantes. Hay que demostrarlo con hechos, con presupuesto, con leyes, con programas, con presencia territorial y con una forma distinta de ejercer el poder.
La transformación de Querétaro tiene que tener rostro de mujer. Tiene que escuchar a las jóvenes, a las madres, a las trabajadoras, a las empresarias, a las campesinas, a las mujeres indígenas, a las cuidadoras, a las estudiantes y a todas aquellas que durante años han sostenido al estado sin recibir siempre el lugar que merecen.
Yo creo en una política que camine con ellas, no que hable por ellas. Una política que no llegue a imponer respuestas, sino a construirlas. Una política que entienda que cuando una mujer avanza, no avanza sola: avanza su familia, su comunidad, su municipio y todo Querétaro.
Por eso seguiré caminando. Porque en cada municipio hay mujeres que tienen mucho que decir. Porque en cada comunidad hay historias que merecen ser escuchadas. Porque en cada región hay necesidades distintas que requieren soluciones distintas. Y porque el futuro de Querétaro no se puede escribir sin la voz, la fuerza y la dignidad de sus mujeres.
La política verdadera no empieza en el aplauso. Empieza en la escucha.
Y mientras haya una mujer queretana que sienta que su voz no ha sido tomada en cuenta, ahí tenemos una responsabilidad. Mientras haya una madre que pida seguridad, una joven que pida oportunidades, una mujer indígena que pida respeto o una trabajadora que pida justicia, ahí debe estar la política: cerca, presente y con humildad.
Querétaro será más fuerte cuando sus mujeres vivan más libres. Será más justo cuando sus mujeres tengan más oportunidades. Será más humano cuando sus mujeres sean escuchadas no como excepción, sino como prioridad.
Porque el futuro de Querétaro no se construye solamente con discursos. Se construye con las mujeres al frente, con el territorio en el corazón y con la convicción de que ninguna transformación será completa si no camina de la mano de ellas




