Porque la política no solo debe hablar del presente: la política tiene la obligación de mirar hacia adelante, de escuchar a quienes vienen empujando con fuerza y de entender que el futuro no se construye sin las juventudes.

Hoy, en México y en Querétaro, hablar de jóvenes no puede ser un adorno de discurso. No basta con mencionarlos en campaña, invitarlos a una fotografía o decir que son “el futuro” mientras se les deja fuera de las decisiones del presente. Las juventudes no son una promesa lejana. Son una realidad viva, crítica, preparada, exigente y profundamente consciente de lo que ocurre a su alrededor.

Los jóvenes de hoy preguntan, cuestionan, participan, emprenden, estudian, trabajan, se organizan, protestan, proponen y también se cansan cuando sienten que la política no los escucha. Y tienen razón. Porque durante mucho tiempo se les ha pedido confiar en instituciones que no siempre les abren la puerta; se les ha pedido creer en un sistema que muchas veces no les habla en su idioma; se les ha pedido esperar su turno, cuando en realidad su tiempo es ahora.

Por eso, si queremos una política distinta, tenemos que empezar por escuchar distinto. Y eso significa ir al territorio, caminar las calles, visitar comunidades, entrar a las colonias, hablar con estudiantes, con jóvenes trabajadores, con mujeres jóvenes, con jóvenes indígenas, con quienes viven en la zona metropolitana, pero también con quienes viven en la Sierra, en el semidesierto y en los municipios que durante años han sentido que las decisiones se toman lejos de ellos.

Querétaro es un solo estado, sí, pero no todos los municipios viven la misma realidad. Los 18 municipios tienen historias, necesidades, retos y sueños distintos. No es lo mismo hablar con un joven de Querétaro capital que con uno de Pinal de Amoles, de Amealco, de Jalpan, de Cadereyta, de San Juan del Río, de Pedro Escobedo, de Colón o de cualquier otra región del estado. Cada municipio tiene su propia voz, su propia urgencia y su propia manera de ver el futuro.

Las columnas más leídas de hoy

Ahí está una de las grandes verdades que la política muchas veces olvida: no se puede gobernar ni representar bien lo que no se conoce. No se puede hablar de juventudes desde un escritorio. No se puede diseñar una agenda joven sin haber escuchado primero qué les duele, qué les preocupa, qué sueñan y qué necesitan para salir adelante.

Yo he recorrido Querétaro porque creo en esa forma de hacer política. He estado en sus municipios, en sus comunidades, en sus calles y en sus espacios de encuentro. He escuchado a jóvenes, a mujeres, a pueblos indígenas, a familias, a productores, a estudiantes, a trabajadores y a ciudadanos que no piden privilegios: piden oportunidades, respeto y resultados.

Y lo digo con toda claridad: nadie ha recorrido el estado como yo. Nadie ha escuchado con la misma constancia a las distintas regiones de Querétaro. Nadie puede hablar con seriedad de lo que necesita nuestro estado si no ha estado ahí, si no ha caminado sus municipios, si no ha escuchado sus diferencias y si no ha entendido que Querétaro no se explica desde una sola realidad.

Porque Querétaro es fuerte, pero también es desigual en sus oportunidades. Hay jóvenes con talento que no encuentran empleo digno. Hay jóvenes que quieren estudiar, pero enfrentan barreras económicas o de distancia. Hay jóvenes que quieren emprender, pero no encuentran apoyo. Hay mujeres jóvenes que piden seguridad, respeto y espacios reales de participación. Hay jóvenes indígenas que quieren preservar su identidad, su lengua y su cultura, pero también acceder a mejores condiciones de vida. Hay jóvenes que aman profundamente su municipio, pero sienten que para crecer tienen que irse.

Eso no puede seguir siendo normal.

La política tiene que volver a servir para abrir caminos. Para que un joven no tenga que elegir entre quedarse en su comunidad o tener futuro. Para que una mujer joven pueda participar sin miedo. Para que los jóvenes indígenas sean escuchados no como una cuota, sino como una voz fundamental de Querétaro. Para que la educación, el empleo, la movilidad, la cultura, el deporte, la tecnología, el medio ambiente y la seguridad formen parte de una agenda seria, construida desde el territorio y no desde la ocurrencia.

Involucrar a los jóvenes en la política no significa pedirles que repitan discursos. Significa darles espacio para proponer, decidir, equivocarse, liderar y transformar. Significa entender que su manera de participar puede ser distinta, más directa, más digital, más crítica, más libre. Y eso no debe incomodar a la política; debe renovarla.

Querétaro necesita una nueva generación de participación pública. Una generación que no vea la política como algo lejano, sucio o reservado para unos cuantos, sino como una herramienta para cambiar lo que no funciona. Pero para lograrlo, quienes tenemos una responsabilidad pública debemos hacer algo muy simple y al mismo tiempo muy profundo: escuchar.

Escuchar de verdad. No escuchar para contestar. No escuchar para cumplir. Escuchar para entender. Escuchar para construir. Escuchar para corregir el rumbo cuando sea necesario.

Por eso sigo recorriendo el estado. Porque cada municipio me confirma que Querétaro tiene una enorme fuerza joven. Una fuerza que no quiere discursos vacíos, sino oportunidades reales. Una fuerza que quiere participar, pero también quiere ser tomada en serio. Una fuerza que sabe que el estado puede estar mejor y que está dispuesta a ser parte de esa transformación.

El 2027 no puede ser solamente una discusión entre políticos. Tiene que ser una conversación con la gente, con las juventudes, con las mujeres, con las comunidades indígenas, con quienes han sido escuchados poco y con quienes tienen mucho que aportar. Porque el futuro de Querétaro no se va a decidir únicamente en oficinas o reuniones cerradas. El futuro de Querétaro se está construyendo en sus calles, en sus escuelas, en sus comunidades, en sus plazas, en sus mercados y en cada joven que todavía cree que vale la pena participar.

Yo creo en esa juventud. Creo en su energía, en su inteligencia, en su rebeldía bien encaminada y en su capacidad para empujar los cambios que Querétaro necesita. Creo en un estado donde los jóvenes no estén al final de la fila, sino al centro de las decisiones. Creo en una política que no les tenga miedo, sino que camine con ellos.

Porque escuchar a las juventudes no es una estrategia electoral. Es una responsabilidad moral con el presente y con el futuro.

Y mientras haya un joven en Querétaro que sienta que nadie lo escucha, ahí tenemos que estar. Mientras haya una comunidad que pida ser tomada en cuenta, ahí tenemos que volver. Mientras haya mujeres, pueblos indígenas y juventudes levantando la voz por un estado más justo, ahí debe estar la política: no arriba, no lejos, no tarde, sino cerca, de frente y con humildad.

Querétaro tiene futuro. Pero ese futuro no se construye solo. Se camina, se escucha y se hace con su gente.

Y yo voy a seguir recorriendo Querétaro, municipio por municipio, comunidad por comunidad, escuchando a quienes durante demasiado tiempo han esperado una política que no solo les hable, sino que verdaderamente los tome en cuenta.

Agradezco nuevamente a Federico Arreola por abrir este espacio para hablar de los temas que realmente definen el futuro de nuestro país y de nuestro estado.