Hay, definitivamente, acuerdos de colaboración que permiten generar mejores condiciones de seguridad. La propia presidenta de México, sea del partido que sea, ha brindado una mano amiga a todos los gobiernos estatales para que sean partícipes del plan nacional de seguridad que, por ende, ha dado buenos resultados para la pacificación de muchos enclaves.
Hace poco, a través de estos espacios de opinión, hablábamos del excelente trabajo que viene realizando Omar García Harfuch. Él, alejado de la parafernalia, está llevando a cabo un trabajo eficiente. En pocas palabras, ha predicado con el ejemplo de nuestra presidenta de servir al pueblo. Me refiero a los quehaceres que, con plena coordinación, han resultado fructíferos a pesar de los enormes desafíos que siempre estarán latentes en la reconstrucción del tejido social. De hecho, los mecanismos tecnológicos que se desprenden de una sociedad moderna hablan de que nos hemos ido adaptando a esos ajustes vertiginosos. Hoy, por ejemplo, la inteligencia de nuestras instituciones es de primera.
Nuestro país, desde que Claudia tomó protesta como la primera presidenta de México, se ha caracterizado por trabajar arduamente para generar espacios propicios de convivencia que, por ende, son parte inherente de esa pacificación de la que hablamos. Muchos gobiernos, diría que la mayoría, han sabido aprovechar la mano que ha extendido el gobierno de la república para colaborar con las diferentes instituciones encargadas de salvaguardar la seguridad. A la par de ello, desde luego, hay estrategias enfocadas en el desarrollo de la sociedad. Los programas sociales, por ejemplo, son la principal apuesta para el mejoramiento de la calidad de vida. Como esas directrices, están también otras que han inhibido el impacto de la percepción de la inseguridad. De ese modo, le decimos al mundo entero que estamos preparados para los enormes desafíos. Es muy fácil probar que hemos avanzado sustancialmente, sobre todo en la disminución histórica de delitos, homicidios y feminicidios en el país.
Pero no todos los gobiernos estatales han estado dispuestos a coordinar tareas. Lo que pasó en Chihuahua, además de vulnerar la soberanía de nuestro país, ha sido un duro golpe para la administración de Maru Campos. Ella, en solitario, tomó decisiones incorrectas que, al final de cuentas, marcaron un antes y un después. La presencia de integrantes de la CIA en ese territorio, por la magnitud de los hechos, agravó la gobernabilidad de ese enclave y, con ello, salió a flote el deterioro, como el que se toman decisiones a la ligera. De hecho, eso ha generado una enorme presión para la mandataria, que no ha querido aclarar del todo lo que aconteció. Cierto: a muchos nos tomó por sorpresa; sin embargo, eso representa o, de plano, desnuda la decadencia que viven las administraciones de la derecha. De ese modo, la cadena de acontecimientos y el espiral de renuncias se pusieron sobre la mesa. Claro: alguien tenía que asumir el control de daños y, al no tener muy bien definida la perspectiva, todo recayó en la Fiscalía Estatal. Su propio titular, luego de muchos rumores, renunció a su posición y, con ello, le suma más negativos a la causa de la gobernadora.
No es cualquier cosa lo que aconteció. A la par de evidenciar la falta de oficio y operatividad, sin duda, esto agrava más la situación de Acción Nacional, que ha tratado de meterse en el debate para respaldar a la gobernadora. Pero lo que pasó es caótico. A los pocos días de haber trascendido la noticia, queda claro, vimos que eso impactó poderosamente en las encuestas de opinión pública. De por sí, Morena venía en ascenso; esto acelera más su llegada al despacho del ejecutivo estatal. Es verdad, muchos podrán decir que la gobernadora está haciendo un esfuerzo que, en verdad, no lo vemos ni mucho menos lo percibimos.
Siendo así, creemos que lo más factible es que el PAN, con esa enorme losa que carga en Chihuahua, vaya preparando una transición ordenada. Morena ganará las elecciones, de eso no hay ninguna duda. De hecho, la parte fundamental para el movimiento, ahora que tomará decisiones a mediados de junio, será encauzar la unidad. Sabemos, por fuentes muy confiables, que la balanza se inclinará hacia un hombre en esa entidad. La llegada de Ariadna Montiel, ahora que tome protesta el próximo domingo, ratificará que, a la postre, será un coordinador de la defensa del voto quien se encargue de los trabajos de organización y planeación. Inclusive, vale la pena revisar las encuestas para ver que una senadora de la República ha perdido terreno que, por supuesto, ha sabido ser aprovechado por cuadros y liderazgos que están haciendo un buen trabajo para afianzarse en la cima de las preferencias.
Morena, dentro de muy poco, tomará la estafeta del despacho estatal. Tendrá, sin ir más lejos, un gobernador que habrá de encaminar los principios de la llamada cuarta transformación. Basta ver el despegue de la coalición Seguimos Haciendo Historia para saber que, de plano, su triunfo está cantado, mayormente ahora que el PAN ha caído en decadencia por las malas actuaciones de sus representantes. No tiene, de hecho, margen para maniobrar una estrategia de publicidad. Lo que están haciendo es improvisar sin tener resultados. Ya lo dijimos: la crisis del panismo acelera la llegada de la 4T al despacho estatal de Chihuahua.
Seguramente trascurrirán los días; sin embargo, no es tan fácil sacudirse de una crisis como la que vive la gobernadora de Chihuahua. Ella, asimismo, no ha tenido la voluntad para coordinar tareas con la federación. Otros estados, en cambio, sí lo hacen y, viendo los resultados, conocemos a detalle que se ha ido avanzando desde el sur hasta el norte. Hablamos de Chiapas a Baja California. El primero, uno de los enclaves que tiene un plan integral, ha destacado por ser uno de los territorios que más progreso ha tenido. Hace poco, a través de un evento público, vimos que la pacificación se ha hecho visible porque se han incorporado estrategias. Una de ellas, desde luego, el programa de viviendas de Bienestar, que beneficiará a muchas familias gracias a las gestiones de su gobernador.



