El primer ministro Carney es aliado de Claudia y viceversa. Naciones hermanadas primeramente porque poseen larguísimas fronteras que limitan y contienen adentro a los Estados Unidos de América. Comparten también gobiernos demócratas comprometidos con la justica social aplicada. Ambos mandatarios conversan con apertura entre ellos y lo intentan hacer con el presidente Trump. Pero no hay más que ver para saber que Trump tiene predilección por Claudia. Esto radica en el hecho de que, en competencia real y leal, ganaría la presidenta de México al ministro canadiense, sin menospreciar a este último. En simpatía, en viveza y en resultados.
Canadá tiene retos comerciales pactados con Estados Unidos que le impiden la libertad absoluta de decidir sobre sus recursos naturales lo que perjudica su economía, entre ellos las restricciones en la venta de su madera y la falta de inversión en refinerías propias, obligados a exportar el crudo y luego a adquirir un mayor porcentaje de su gasolina de fuera.
La llamada de Trump para preguntar a Claudia si pensaba acudir al partido final para luego personalmente invitarla a que asistiera al cierre del evento trinacional en Nueva York, denota un entendimiento mutuo basado en la empatía y respeto que antes menciono con la apertura para conciliar mediante la comunicación directa, es decir, a Trump le complace que sea ella, con quien él se comunica en México.
Al señor Trump le molesta lidiar con mediocridad o ineptitud al sur o al norte de su línea. Considera a Claudia una mujer de gran inteligencia, efectiva y asertiva. Sabe de sobra que la soberanía mexicana sigue muy bien representada, luego del cambio político comandado por el líder social AMLO, a quien también admiró durante su mandato presidencial. Así es el temperamento de Trump: admirador del humano con fuego interno para lograr el éxito. Más aún, si éste es obtenido de manera limpia cosa poco vista, o si la exitosa es una mujer rigiendo con éxito, valga la redundancia, una nación tan compleja e importante como la nuestra.
En pocas palabras, solo es necesario observar las acciones para deducir el aprecio y admiración del mandatario estadounidense hacia la convicción, la forma y el estilo de gobernar de Claudia, porque continúa siendo el nuestro un proyecto exitoso de gobierno.
La admirada presidenta de México responde siempre honestamente y con sencillez apreciando los gestos hospitalarios y de buena lid; de igual forma expresa y respeta con paciencia que el presidente Trump posea sus propias maneras para expresarse como ya lo conoce el mundo. Pero mientras este se mantenga igual de disponible para escuchar propuestas venidas del liderazgo mexicano y mientras se siga conversando para llegar a soluciones compartidas por medio de la coordinación bilateral y la aplicación de la justicia a favor del bien común y el derecho humano sin permitir ningún abuso, a ambos lados de la línea divisoria les irá bien.
La raíz de nuestra relación con todas las naciones del planeta y en especial con los vecinos del norte es y será igualitaria, al exigir y al abogar para lograr el equilibrio natural de la fraterna interdependencia y así enfrentar el diario bregar social y económico de nuestros respectivos pueblos.
Claudia: es genial tenerte como nuestra presidenta de la República.



