¿Carlos Pozos es Lord Molécula? Supongo que sí: ese debe ser su nom de guerre, que no utiliza para combatir en la clandestinidad, sino simplemente para llamar la atención y conducir al enemigo al que provoca hacia ingeniosas emboscadas.
Hacía rato que no sabía nada de él. Ciro Gómez Leyva, en cambio, no recurre a tales estrategias: no tiene alias de batalla. Lo suyo es combatir a cara descubierta, desde un programa de Radio Fórmula que lleva su propio nombre: Ciro Gómez Leyva por la Mañana o Por la mañana con Ciro Gómez Leyva.
Eso sí: Ciro enfrenta al peligroso enemigo —este domingo, nada menos que a Lord Molécula— con toda la solemnidad con la que guerrearon Napoleón, Alejandro Magno, Julio César, Aníbal Barca, Gengis Kan, Escipión el Africano y Espartaco, además de, por supuesto, Conan el Bárbaro, Darth Vader y todos los demás grandes guerreros de Star Wars.
El señor Gómez Leyva cayó en la celada que le tendió quien yo especulo es el verdadero y único Lord Molécula. Como dijo el también columnista de Excélsior, don Carlos Pozos lo aludió y preguntó a la presidenta Claudia Sheinbaum, con palabras de Ciro, si “hay una instrucción de humillar a un mexicano política y públicamente, pues no se explica por qué tanto tiempo su estatua está en el piso tirada” en Los Pinos.
Como bien comentó Gómez Leyva, la presidenta Sheinbaum no quiso responderle a Lord Molécula y, por lo tanto, no mencionó a Calderón.
Sí dijo la mandataria, porque no oculta su admiración, aprecio y respeto hacia Andrés Manuel López Obrador, que este “se quedó en el corazón del pueblo”.
Enseguida, refiriéndose con dureza a otras personas no identificadas —sobran en la política destinatarios de tan fuertes palabras—, Claudia Sheinbaum señaló que “hay otros que se quedaron con otra reputación: de ladrones, de corruptos, de entreguistas, de haber dejado una estela de muertes. Pues eso es lo que dejan para la historia, ese es el legado”.
Ciro Gómez Leyva, en su columna de este domingo, le puso el saco de “traidor y asesino” a su amigo Felipe Calderón, ya que, según el periodista, la presidenta “descalificó” al esposo de Margarita Zavala “con el epíteto de costumbre: un traidor que dejó una estela de muertes”.
Por lo demás, levantar la estatua de Calderón, tirada en Los Pinos, exigirá dedicar recursos públicos a semejante tarea. Pero no es una prioridad de gasto. Así que poner de pie a quien se robó las elecciones de 2006 deberá esperar a que se cumplan obligaciones más importantes. Ya se verá si el secretario de Hacienda, Édgar Amador, incluye en el presupuesto una partida llamada“recolección de basura política”.
Por cierto, según narró Ana Lozano, al Calderón de bronce no lo tiró el Estado en julio de 2025, sino “una tormenta con fuertes vientos” que “derribó un árbol y este a su vez, embistió la efigie de Calderón, de 800 kilos y de 2.20 metros de largo”. Fue un daño colateral, pues.
Yo di mi opinión sobre qué hacer con la estatua de Calderón, la única en Los Pinos que la fuerza de la naturaleza echó abajo —por algo sería—.
Pienso que el gobierno de México debería “enviarla envuelta para regalo al jardín de la casa de Ciro en Madrid”; pero si la vivienda del columnista no tuviera espacio para monumentos tan épicos, entonces que México done el Calderón de bronce a la ultraderechista Isabel Díaz Ayuso: la gobernante madrileña podrá ubicarlo al lado de la estatua del dictador Franco, donde quiera que no descanse en paz.


