“Tan importante es una lúcida retirada como un ataque esforzado”.
Baltasar Gracián
Hay fotografías que documentan un encuentro y otras que certifican que nadie entendió nada de nada. La de Vicente Fox con Alejandro Moreno es de la segunda especie: un expresidente panista, ataviado para la ocasión con corbata roja, visita la sede del partido al que derrotó hace 26 años para anunciar que juntos construirán el futuro. Si no fuera una tragedia opositora, sería una estupenda reunión de alumnos que se fueron a extraordinario.
Que Fox dialogue con el PRI no debería escandalizar a nadie. La política democrática consiste precisamente en hablar con quien piensa distinto y, frente a la deriva autoritaria de Morena, quizá resulte indispensable una alianza opositora en 2027 y 2030. El problema no es que se reúnan. El problema es que todavía crean que ellos representan la renovación.
Fox explicó que acudió porque “México está por encima de cualquier diferencia”. Es verdad. México también está por encima de sus biografías, sus nostalgias y su necesidad de seguir apareciendo en la fotografía. Ya chole, diría —esta vez con razón— YSQ.
El hombre que en el año 2000 llamó a los priistas “víboras prietas, alimañas y tepocatas” regresó a la casa tricolor para abrazar a su actual propietario. No sé si aquello de las tepocatas caducó, fue retirado del mercado o ahora forma parte del programa de afiliación. Lo cierto es que quien encarnó la alternancia hoy la hace de pieza de utilería del partido al que desalojó de Los Pinos.
Vicente Fox hizo lo que pudo —bien, mal y a ratos de manera memorablemente desastrosa— durante su sexenio. Su sitio en la historia está asegurado: encabezó la primera alternancia presidencial después de 71 años de gobiernos del mismo partido. Precisamente por eso no necesita corretear reflectores como si la posteridad funcionara por algoritmo.
Retirarse no significa callar, desaparecer ni renunciar a las convicciones. Significa comprender que la experiencia aconseja mejor desde la segunda fila y que un expresidente puede orientar sin volver a asumirse como protagonista. Hay una enorme diferencia entre transmitir la memoria y pretender ocupar todavía el porvenir.
Tampoco el anfitrión puede presumir de novedad. Alejandro Moreno dirige el PRI desde 2019 y promovió una reforma estatutaria que le permite aspirar a permanecer allí hasta 2032. Resulta enternecedor escucharlo convocar a una oposición “plural” y “abierta”: abrió tanto el partido que acabó instalándose dentro. Así que él no puso una mesa de diálogo; puso un vil catre.
La oposición no podrá presentarse como alternativa al régimen mientras sus dirigentes se parezcan demasiado a aquello que denuncian. No se combate la perpetuación de Morena mediante la perpetuación de Alito ni se derrota el culto al pasado llevando a Fox como reliquia de campaña. La alternancia no se construye con taxidermia. ¿Estamos?
Una coalición puede ser electoralmente necesaria. Incluso urgente. Pero sumar siglas no siempre suma votos y reunir personajes desacreditados suele producir una resta con potencia EMC2, incluida la conferencia de prensa. La ciudadanía no está obligada a entusiasmarse porque dos aparatos envejecidos decidan tomarse una fotografía y bautizarla como futuro.
La escena, además, le entregó a Claudia Sheinbaum un regalo envuelto, con moño tricolor y corbata incluida. La presidenta no tuvo que elaborar demasiado: le bastó señalar que Fox y Alito quieren “regresar al pasado de corrupción y privilegios”.
El hombre que sacó al PRI de Los Pinos, ahora vestido con corbata roja y abrazado a Alito, mientras ambos anuncian que vienen a construir el futuro. La propaganda oficial no habría podido producir una caricatura más conveniente. No necesitó explicar los problemas del presente, defender los resultados de su gobierno ni responder por las impunidades de Morena. Fox le permitió cambiar de conversación. Cuando la realidad aprieta, nada auxilia tanto a la 4T como un opositor dispuesto a personificar el espantajo del PRIAN.
Desde luego, hay una dosis monumental de cinismo también en esa acusación presidencial. Morena está conformado de expriistas, antiguos caciques y familias políticas recicladas; es decir, Sheinbaum condena el pasado desde un museo construido con sus muebles. Pero cuando la oposición se empeña en posar exactamente como la caricatura que el oficialismo dibuja de ella, tampoco es que se pueda culpar al lápiz.
Ya he mencionado esta referencia académica, pero no puedo mas que volver a utilizarla porque le va como anillo al dedo a lo que quiero transmitir. El médico y político británico David Owen llamó “síndrome de hubris” a la transformación que puede provocar el ejercicio prolongado del poder: grandiosidad, pérdida de contacto con la realidad y la convicción de ser indispensable. No pretendo diagnosticar a Fox desde una columna. Me basta señalar un padecimiento menos clínico y mucho más común entre nuestros políticos: la abstinencia de reflector.
López Obrador tampoco parece haber aprendido el arte de marcharse. Desde Palenque escribe cartas, fija la línea moral de su movimiento y reaparece cuando considera que la historia requiere nuevamente de su interpretación. Fox toca la puerta desde fuera; López Obrador dejó las llaves puestas por dentro.
No son figuras equivalentes ni pesan de la misma forma sobre el presente. Uno busca recuperar centralidad; el otro construyó un movimiento que continúa gobernando, colocó a su familia dentro del partido y dejó un sistema de lealtades que todavía condiciona a su sucesora. Pero ambos confirman una enfermedad nacional espantosa: en México los expresidentes se retiran del cargo, rara vez de sí mismos.
Fox estuvo también ante jóvenes de Acción Juvenil. Allí sí puede ser útil: contarles cómo se derrota a un partido hegemónico, pero también cómo se desperdicia una oportunidad histórica. Compartir la experiencia completa, no solo la parte que cabe en una estatua. Después, hacerse a un lado y permitir que ellos imaginen algo que no sea restaurar el año 2000, pues eso no ocurrirá ni en el 2027 ni nunca.
Aclaro de antemano que la renovación no es un asunto de actas de nacimiento. Hay jóvenes momificados a los 35 y veteranos intelectualmente vivos a los 80. Consiste en abandonar la idea de que los mismos nombres, las mismas dirigencias y los mismos pactos cupulares producirán, por alguna misteriosa alquimia, un resultado diferente.
México necesita una oposición capaz de construir una mayoría democrática, defender las instituciones y contener a Morena. La necesita con urgencia. Yo sospecho que vendrá desde la ciudadanía. Pero, en todo caso, para ofrecer futuro deberá dejar de organizar pasarelas del pasado y abrir espacio a quienes todavía no han fracasado gobernando, administrando un partido o intentando salvarnos.
Giro de la Perinola
A Fox, a López Obrador, a Alito y a tantos próceres de sí mismos habría que agradecerles los servicios prestados —las pocas veces que los hubo— y hacerles una última invitación republicana: por favor, pasen a retirarse. El país no necesita que vuelvan a salvarlo quienes ya tuvieron su turno. Necesita, para empezar, que suelten el picaporte.



