LA POLÍTICA ES DE BRONCE
Hace poco caminé por la banqueta de la sede del PRI nacional, un inmenso inmueble que ocupa una manzana sobre avenida de los Insurgentes, un lugar deteriorado en donde sus edificios son habitados por fantasmas políticos de otros tiempos. Me queda claro que lo que dirige Alejandro Moreno, Alito, es apenas el cascarón de lo que fue un inmenso aparato político; es la piel seca de una víbora al mudar de piel.
¿Qué pasó con los priistas? ¿Acaso desaparecieron? ¿Se dedican a otras actividades? ¿O simplemente se esfumaron? Desde 2018, e incluso antes, se dio un silencioso y efectivo éxodo de priistas hacia Morena. Basta revisar los nombres en el gabinete, el origen de los gobernadores, de burócratas de alto nivel, de la integración de las cámaras en el Congreso de la Unión y los congresos locales, para constatar que los priistas forman parte de la nueva élite gobernante y ocupan puestos estratégicos en el gobierno.
El primer éxodo de priistas a Morena se dio en 2017, en el contexto de la elección del Estado de México; se incrementó en 2018, cuando Andrés Manuel López Obrador ganó la Presidencia de la República; se volvió torrente en las elecciones intermedias de 2021 y en las locales de 2022. Para 2024, los expriistas representaban un tercio de la clase política morenista. Rumbo a 2027 y 2030, el cielo es el límite. Lo que sea de cada quien, los priistas han demostrado una gran capacidad de resistencia y adaptación para llegar al nuevo partido político dominante.
Los priistas se insertan muy bien en la estructura morenista, su forma de organización y sus dinámicas de poder. El estilo personal de gobernar de Andrés Manuel López Obrador, donde existe un líder indiscutible cuyas decisiones se cumplen sin chistar, se acopla muy bien con la cultura priista de seguir la línea del presidente municipal, del gobernador o del presidente de la República. Además, los priistas son más organizados tienen experiencia en la administración pública y ya construyeron sus fortunas personales. De hecho, en los recientes escándalos derivados de posibles vínculos de líderes de Morena con el crimen organizado, los priistas brillan por su ausencia o son mencionados en contadas ocasiones.
La jugada maestra de este éxodo, pese a lo que se piense, la realizó Enrique Peña Nieto. Su reconocimiento temprano al triunfo de Andrés Manuel López Obrador, su desaparición de la escena política y su salida del país facilitaron que prácticamente su sexenio, sus errores y sus excesos desaparecieran de la historia oficial morenista.
Para Andrés Manuel López Obrador prácticamente no existió el gobierno de Enrique Peña Nieto. Sólo Jesús Murillo Karam y Rosario Robles fueron procesados durante el gobierno de López Obrador. En los dos años que van del gobierno de Claudia Sheinbaum, ha mencionado en más ocasiones los errores del gobierno peñista, pero sus enemigos favoritos siguen siendo Felipe Calderón, Vicente Fox y, cuando declara, Ernesto Zedillo Ponce de León.
Así que no nos vayamos con la finta. El PRI de Alejandro Moreno es sólo el cascarón; los priistas y su cultura viven en condominio en ese gran edificio llamado Morena.
Eso pienso yo. ¿Usted qué opina? La política es de bronce.



