DESDE EL SEXTO SOL

Nahel, de 17 años, era un niño de barrio, repartidor de pizzas, inmigrante argelino, que era muy amado por su familia y su entorno, pero, se negaba a obedecer, circulaba en su auto en el suburbio de Nanterre y no frenó cuando la policía le marcó alto, murió de un disparo en el pecho.

Su muerte inició una ola irrefrenable de vandalismo y terrorismo en muchas ciudades de Francia, árabes y africanos abren la rebelión callejera.

Han lastimado a Francia, a su paz, a sus iconos ancestrales en una brutalidad que fue replicada en Bélgica y Suiza.

Los rebeldes étnicos ponen a la migración, cómo el centro de atención y alerta mundial ante sus violentos actos de destrucción masiva en muchas ciudades francesas.

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Lo que sucede en Francia es muy impactante, pero no es justo para la migración.

Siempre el hombre ha migrado, es parte del genoma de la tierra, es su ADN quien lo obliga a hacerlo y así ha logrado la epopeya más grande de multiplicidad cultural, lingüística y de acoplamiento de razas que son, todas, hermosas, únicas en la construcción musical, artística, mística y gastronómica.

La humanidad no tendría la era actual, sino fuera por la fusión que ha logrado la migración.

Lamentablemente, hoy, el jardín de Francia, de exquisitez simétrica y belleza perfecta, no es lo que mira el mundo, hay irá en el corazón de migrantes que nos dejan muchas preguntas para resolver hacia el futuro.

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