La oposición, unida para esta guerra sucia, ha ido arreciando el tono de las declaraciones. Aunque esto no ha cobrado mucha fuerza, es fundamental que el gobierno y toda la estructura territorial salgan en defensa de la presidenta Claudia Sheinbaum. Es verdad, la jefa de Estado tiene en sus manos un poder monumental de apoyo que le otorga el grueso de la población de México, incluyendo los estados donde gobierna la derecha. El punto es que, ante todo, debemos respaldar las decisiones, pero sobre todo la defensa de la soberanía. Por esa y muchas razones, el respaldo irrestricto se ha mantenido firme. Más del 72% de la población muestra su apoyo incondicional al proyecto que encabeza Sheinbaum. Alcanzó, de hecho, a posicionarse como una de las mujeres con mayor poder político en América Latina.
Más allá de eso, resulta fundamental mostrar el respaldo hacia la presidenta de México, sobre todo ahora que nuestro país está atravesando momentos decisivos en desarrollo económico, político y social. Vemos, por ejemplo, cómo el flujo de inversiones sigue al alza mientras reforzamos los tratados comerciales con países cruciales. Alcanzamos, ahora que podemos medir el grado de avance, una cifra récord de inversiones de más de 23 mil millones de dólares. Eso demuestra que nuestro país tiene un equilibrio, mayormente porque la economía se mantiene estable. De ese modo, las mayorías siguen respaldando ese tipo de estrategias que están en las mejores manos para su gestión y conducción. Difícilmente o, de plano, resulta imposible que eso sucediera en el periodo neoliberal, donde la derecha, entregada a causas extranjeras, hizo hasta lo imposible por vender y privatizar los bienes de la nación.
Por eso una oleada de respaldo social se volcó a las urnas. Claudia Sheinbaum, aunque la oposición no haya procesado la derrota humillante que les propició, sigue siendo una presidenta que ha sabido cargar con la responsabilidad del mandato popular. Eso es fácil de explicarse: la jefa de Estado ha cumplido y ha honrado su palabra para concretar acciones o, mejor dicho, políticas públicas que beneficien a la sociedad, mayormente a los grupos que viven en mayor grado de vulnerabilidad. Y como el segundo piso de la transformación es una administración de mucha presencia, la oposición ha buscado la manera de tratar de desestabilizar. Lo ha hecho, inclusive, arrodillándose con fuerzas extranjeras a sabiendas de que eso, como sucedió en Chihuahua, es una traición a la patria.
Nosotros, ya lo ha dicho la presidenta Sheinbaum, tenemos la capacidad, como país independiente, de tomar nuestras propias decisiones, pero sobre todo el rumbo para guiar la política social. Por esa simple razón, Andrés Manuel López Obrador ha tomado la decisión de salir a respaldar públicamente a Claudia Sheinbaum. Ha cumplido su palabra: se asomó ahora que hay amenazas de otras naciones que buscan influir. Esa decisión del expresidente, que tomó mucha fuerza, la celebramos todos, especialmente viniendo de él. Optar por ello, a propósito, desencadenó una irritación de la oposición, que no han podido permear en el ánimo social. Pero, más allá de eso, lo de AMLO fue, en definitiva, un gesto de buena voluntad y, desde luego, un mecanismo de inspiración para cerrar filas en torno a un proyecto.
Viendo lo que pasó, ante esta oleada de ataques sistemáticos para vulnerar la soberanía, lo de Andrés Manuel habla de una convicción fuerte a la que no renunciará jamás. Aunque ese mensaje abarcó todo el país, Chiapas fue el principal epicentro; es decir, el punto donde se desencadenó toda esa inercia. De hecho, esa entidad es, de acuerdo con los datos de la pasada elección, el segundo territorio más votado, con una participación que casi alcanza el 80% de un ejercicio democrático a favor de Morena. Precisamente allí, el pasado fin de semana, acudieron miles de ciudadanos a festejar el triunfo de la presidenta constitucional. El gobernador de esa entidad, que ha encontrado la brújula para coronar un andamiaje de ideas bien estructuradas, movilizó una multitud que, desde cualquier punto de vista, podemos calificar como fundamental para robustecer los pilares del proceso de transformación.
Y sí: Andrés Manuel López Obrador, aun después de su retiro, decidió acompañar y respaldar a la presidenta Sheinbaum frente a las recientes señales de injerencia extranjera. Aunque se apartó de los cargos públicos, nunca se ha desvinculado del todo de la vida política; entiende con claridad cuándo las circunstancias exigen fijar postura. Su sola intervención bastó para detonar un intenso movimiento en redes sociales, sobre todo por la evidente irritación que generó en una derecha que atraviesa uno de los momentos más críticos de su historia.
El expresidente, sin estridencias ni confrontaciones innecesarias, reabrió el debate público sin caer en provocaciones, especialmente ahora que existe una participación social muy activa en respaldo de Claudia, presidenta constitucional, con quien se identifica una amplia mayoría de mexicanos que celebran que una mujer encabece los destinos de un país como México.



