La revisión de cualquier narrativa que incite al odio o al menoscabo de los derechos de cualquier persona o grupo debe ser revisada y cuestionada en automático, puesto que, si bien es cierto que en la actualidad en una buena parte de las naciones se permite gracias a las luchas feministas que cualquier mujer no sufra la obligación de ser utilizada exclusivamente como un ser determinado para la crianza y para las labores del hogar, ¿por qué en pleno siglo XXI buscamos retroceder en el avance de las oportunidades y garantías para que las mujeres dediquen su vida a lo que les venga en ganas y, en ese mismo orden de ideas, que pierdan derechos políticos por lo que tanto lucharon, como el derecho al voto?

El movimiento de las tradwives es legítimo y racionalmente aceptado porque se basa en la idea de la dignificación del quehacer doméstico y la crianza de los infantes, cuestión que no debe estar en juicio; es decir, cualquier mujer que decida por libre voluntad dedicarse a ser un ama de casa está bien y no debe ser juzgada por ello. Sin embargo, bajo ese discurso de “retorno a lo tradicional por el bien de las mujeres”, se esconde el régimen patriarcal, tratando de socavar lo logrado con sudor, sangre y lágrimas por años de pugna para desencadenar a las mujeres de un supuesto rol determinado por la naturaleza y hasta de los dioses.

Pero, ¿por qué nos compete señalar a todas, todos y todes que esa narrativa es peligrosa y nociva? Porque creo que en las sociedades donde este discurso se convierta en bandera política, como actualmente lo están utilizando grupos y partidos políticos de ultraderecha, y en el caso de que estos accedan al poder y lo conviertan en ley, será un retroceso en nuestro proceso evolutivo social, ya que será enteramente en el perjuicio de las mujeres de dicho lugar, que cabe aclarar, en la mayoría de las naciones son más del 50% de la población que se vería afectada en un primer momento.

En un segundo momento, derivado de la instauración de leyes y políticas públicas basadas en las ideas del tradwife, se encuentra una resistencia a la construcción de masculinidades positivas o nuevas masculinidades, las cuales ayudan a construir y deconstruir una mejor generación de hombres que estaban sujetos al yugo del patriarcado. En algún momento leí que, gracias al feminismo, no solo las mujeres se liberaron del sistema patriarcal, sino también los hombres, puesto que ellos ya no se encontrarían con la obligación determinista de ser proveedores únicos, además de tener la capacidad de expresar sus emociones sin prejuicio y tener la facultad de ser parte activa en las labores de crianza y del hogar.

Así como en un tercer momento (aunque no necesariamente en orden cronológico), la apertura y lucha por los derechos y oportunidades de la comunidad LGBTTIQ+ proviene en buena medida de las luchas feministas, ya que estas fueron las que abrieron la puerta para que estos movimientos basados en pensadores feministas tuvieran fuerza y legitimidad en el ámbito de lo racional para ser aceptadas socialmente. En ese orden de ideas, regresar al estatus quo de la —familia tradicional— (porque cualquier otro tipo de asociación afectiva se identificaría como negativa) también va de la mano para continuar con su persecución y odio, pero ahora de manera institucionalizada y legal si estas ideas permean en el poder.

En ese orden de ideas, por eso es necesario que en un mundo donde ser indiferente a la injusticia te vuelve cómplice de ella, es importante revisar qué se está apoyando y por qué, porque en muchas ocasiones atrás de una idea que en primera instancia pareciera la solución para los problemas estructurales que viven las mujeres, no lo es, porque luchar por la dignificación de ser ama de casa es correcto; lo que no lo es, es cuando eso obliga a más mujeres a serlo cuando no es su voluntad y cuando, peor aún, eso implica perder derechos como lo es poder votar. Si Hermila Galindo o Elvia Carrillo Puerto vivieran, ya les hubiera dado un infarto al ver que por lo que tanto lucharon fuera minimizado por mujeres en TikTok que prefieren hornear galletitas en lugar de salir a sufragar como parte de su responsabilidad con la comunidad política. ¡Nos leemos pronto!