Comienzo esta columna hablando del posteo que realicé en mis redes sociales, respecto a la gestión de la aviación en los Estados Unidos de América. Sepan ustedes que con mi opinión, crítica como siempre, solamente conseguí una andanada de insultos, y por supuesto no faltaron quienes sacaron a relucir el cobre, y me preguntaron que por qué no mejor hablaba de las autoridades aéreas mexicanas, en lugar de andar señalando a las gringas.
Y bueno, entiendo el desacuerdo, aunque no así el encono ni la virulencia que les invade cuando me descalifican. Y creo firmemente que esas voces se envalentonan porque lamentablemente aquí en México tenemos supuestos especialistas, analistas y periodistas que se siguen creyendo el cuento de que en Estados Unidos todo se hace bien y son el ejemplo a seguir.
Yo no soy de esa opinión, de entrada, porque es un despropósito comparar una supuesta “potencia mundial” con un país en “vías de desarrollo”. No hay piso parejo entre Estados Unidos y Mexico, aunque seamos vecinos. Quienes creen que debemos aspirar a que nuestra aviación sea como la del país más poderoso, gobernado por los reyes del mundo, como ellos mismos se autoperciben, opinan que al norte del Río Bravo tienen los recursos necesarios para gestionar de forma saludable su aviación.
En cambio, esas voces y plumas críticas parten de que México es un país tercermundista, ¡y peor aún!, con un gobierno cuasi comunista encabezado por una mujer que construye el “segundo piso” de la 4T, en que se hacen recortes en nombre de la “austeridad republicana” porque somos un país pobre.
Así pues, la comparación resulta fútil además de fastidiosa; no se pueden comparar peras con manzanas. Por eso, cuando en mis redes sociales dije que la aviación en el vecino país estaba gestionada por analfabetas funcionales, se me fueron a la yugular; pero ahora la Junta Nacional de Seguridad en el Transporte (NTSB, por sus siglas en inglés), me da la razón.
Esta dependencia acaba de confirmar datos importantes respecto al fatal accidente, ocurrido en enero del año pasado en el Aeropuerto Ronald Reagan, en Arlington, Virginia. Recordemos que en 2025, un helicóptero militar y un avión comercial, colisionaron, y hoy sabemos que fue un accidente que se pudo haber evitado.
Se confirma que el evento fue el resultado de la saturación, sumado a una cadena de errores en el manejo del tráfico aéreo. Literalmente la NTSB ha dicho: “una tasa de llegadas al aeropuerto insostenible, un volumen de tráfico cada vez mayor con una combinación de flota cambiante, y prácticas de programación de vuelos que regularmente sobrecargaron a la fuerza laboral de la torre de control de tráfico aéreo y degradaron la seguridad con el tiempo”.
Si ustedes amables lectores buscan, no se van a tardar en encontrar a mi tía panista María Larriva, experta en aviación, afirmando que en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM) se debe aumentar la frecuencia de los slots; y hay que entender, la señora es claramente una de las viudas del NAIM. ¡Por piedad! Que alguien le enseñe el informe de la NTSB que deja claro, ¡muy claro!, por qué no se debe permitir la saturación en las operaciones aéreas.
El martes pasado la NTSB publicó un extenso informe sobre las causas que originaron el accidente de enero del año pasado en Estados Unidos, en el que lamentablemente perdieron la vida 67 personas. Este tipo de informes tardan mucho porque son exhaustivos, y no se basan en conjeturas, sino en la revisión de todos los datos disponibles, y después de cruzar toda la información recabada, porque sirven para tratar de evitar que en el futuro se repitan este tipo de tragedias.
Para ello tuvieron que recrear el accidente acontecido el 29 de enero de 2025, y así observar cuáles fueron los momentos exactos donde se rompió la larga cadena de seguridad, implementada para que las operaciones aéreas sean completamente seguras.
Todo este trabajo terminó con la justificada molestia de la NTSB, quienes han cuestionado el trabajo de la Agencia Federal de Aviación (FAA, por sus siglas en inglés), la autoridad estadounidense encargada de gestionar el tráfico aéreo.
Imaginen cómo se puso el asunto, que la NTSB declaró dentro de su informe lo siguiente:
“El fracaso de la FAA en múltiples organizaciones para implementar recomendaciones previas de la NTSB, incluida la Vigilancia Dependiente Automática para seguir e integrar completamente su sistema de gestión de seguridad establecido, lo que debería haber llevado a varios cambios organizacionales y operativos basados en riesgos previamente identificados que eran conocidos por la gerencia; así como la ausencia de un intercambio y análisis de datos efectivos entre la FAA, los operadores de aeronaves y otras organizaciones relevantes”.
En buen español, la NTSB detectó que la causa probable del accidente fue que la ruta de helicópteros permitida por la FAA estaba demasiado cerca de la trayectoria de aproximación de la pista. Y que a pesar de las recomendaciones que se le habían realizado con anterioridad, se siguió operando igual, dependiendo de forma excesiva de su sistema de tráfico aéreo en la parte visual, sobre todo bajo condiciones de limitada visibilidad nocturna.
O como bien explica la NTSB, que fue el resultado “[…] de una confluencia de rutas de vuelo incompatibles, una dependencia excesiva de la separación visual en un entorno nocturno complejo y la saturación de los controladores de tráfico aéreo en el Aeropuerto Nacional Ronald Reagan de Washington (DCA).”
Pero eso no es todo, en su informe la NTSB presenta 33 recomendaciones directamente a la FAA, y ocho recomendaciones para que las acate el Ejército norteamericano que también opera en dicho aeropuerto; más cinco recomendaciones a la Junta de Políticas sobre Aviación Federal del Departamento de Guerra, una más al Departamento de Transporte a cargo de Sean Duffy, otra a la oficina del Inspector General del Departamento del Transporte, y por último una recomendación al Comité Gestor del Programa RTCA (La Comisión Técnica de Radio para la Aeronáutica… Radio Technical Commission for Aeronautics).
La presidenta de la NTSB, Jennifer Homendy, no se quedó solamente con los errores cometidos por el controlador aéreo y los pilotos, sino que se fue duro y a la cabeza criticando la “cultura” de la FAA, a la que describe como “mentalidad de lápida”; esto es, hasta que no haya muertos, no se mejora la gestión de las operaciones aéreas, y en este caso -en opinión de ella- la FAA debe abandonar esa cultura y priorizar la protección de la vida, tanto de los usuarios como de los trabajadores de la industria aérea.
Durante la investigación que llevó a cabo la NTSB salió a la superficie que de forma deliberada la FAA se hizo como el tío lolo con advertencias que se habían hecho desde el año 2013, las cuales recomendaban cambiar la ruta de los helicópteros, y que, en caso de no ser posible, de plano eliminarla para prevenir accidentes aéreos.
Pero la FAA obró con un exceso de confianza, no solo hizo caso omiso de las recomendaciones que le hicieron hace más de una década, sino que tampoco consideró necesario marcar en las cartas aeronáuticas que utilizan los pilotos, como un “hot spot”.
La FAA no informó a los pilotos comerciales que, dentro de su ruta de descenso para la pista de aterrizaje, había un corredor de helicópteros militares. Pero mejor que lo diga la propia Jennifer Homendy:
“¿Cómo es posible que nadie, absolutamente nadie en la FAA, hiciera el trabajo para descubrir que solo había 75 pies -en el mejor de los casos 75 pies- de separación vertical entre un helicóptero en la Ruta 4 y un avión aterrizando en la pista 33? ¿Cómo es que nadie lo supo hasta que nosotros hicimos esta investigación?”
No debemos dejar de lado relevante: el Aeropuerto Nacional Ronald Reagan, en Washington, es uno de los más complicados de gestionar a nivel mundial, dado que no solamente tiene aviación comercial, sino también militar, y lo más llamativo: todas las operaciones son atendidas por una sola torre de control.
Y la FAA, en lugar de fortalecer al personal, lo mejor que se le ocurrió fue recortar salarios de los controladores aéreos. Además de no tener personal exclusivamente para la gestión de las operaciones comerciales, y otro personal dedicado a la operación militar, el informe señala que el día del accidente, el operador de tráfico aéreo se dijo “abrumado” por llevar trabajando más horas de las permitidas, justamente para no dejar acéfala la torre de control.
¿Me estás diciendo que el país más poderoso militarmente, económicamente e incluso culturalmente, no tiene los recursos necesarios para pagar sueldos decentes al personal del tráfico aéreo?
Y nos falta lo peor, porque todavía hay más: por alguna razón desconocida, la FAA decidió de forma deliberada ocultar los incidentes reales en dicho aeropuerto. Esta actitud negligente por parte de la autoridad aeronáutica de los Estados Unidos se suma a su “permisividad” con Boeing y su “autocertificación” de los aviones modelos MAX, que terminaron causando dos terribles accidentes con víctimas mortales.
Vemos de nueva cuenta a la FAA haciendo gala de su negligencia. La NTSB hizo una auditoría y los resultados dan mucho qué pensar, pues entre los años 2022 y 2024 encontraron 15,214 eventos de “proximidad cercana” entre aeronaves comerciales y helicópteros. Lo preocupante es que la FAA solamente avisó al Senado norteamericano que fueron “cinco” los incidentes de proximidad, es decir, el 0.03% de lo real.
A mí me queda claro que cuando un país tercermundista o en vías de desarrollo comete errores, o recorta salarios y plazas, es porque no le alcanza el presupuesto. Pero que esto ocurra en los Estados Unidos, es simplemente inaudito, más cuando al famoso departamento de Guerra este año le asignaron un presupuesto de 901 mil millones de dólares.
Con todo y todo, hay quienes ven que los Estados Unidos son el “faro” a seguir. Yo no lo creo, y a ustedes amables lectores les toca decidir. Yo espero que las almas descarriadas se den cuenta, y echen mano de sus recursos económicos, humanos intelectuales, y de casta (de ser necesario) y dejen de pretender que México aspire a ser como nuestros vecinos del norte.
Para mejorar nuestra aviación hay mucha tela de dónde cortar. Estamos creciendo, pero estamos lejos de llegar al nivel que la realidad le exige al país, de eso no hay duda. Además de ser nuestros vecinos, los Estados Unidos son un referente, y no vamos a negar aquí sus monstruosos niveles de influencia. Pero no confundamos lo “grandote” con lo “grandioso”.





