¡Bienvenidos amantes de la gastronomía! Está claro, un gran incentivo para la industria restaurantera es el próximo Mundial de Futbol, que debe ser aprovechado para atraer comensales, aunque no podemos cerrar los ojos ante lo evidente: también tendrán que enfrentar grandes desafíos.

Uno de ellos, los costos de las materias primas, que se han incrementado en parte por la inflación que se da de manera natural cada año, y además por las cargas fiscales.

Otro punto, es que lo clientes buscan experiencias cada vez más “auténticas”; en pocas palabras, no quieren que les den gato por liebre, sino que les cumplan con las expectativas que los restaurantes crean.

Y es que las redes sociales y el “hype” que algunos lugares llegan a tener, juegan en contra cuando el comensal descubre que no se parece nada a lo que les prometieron.

Puede ser que el lugar “en sí”, se veía diferente o más atractivo en las fotografías o videos, o de plano la experiencia culinaria nada tiene que ver con las miles de reseñas que le hicieron al lugar en videos cortos.

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Ese es uno de los más grandes desafíos que se enfrentan, pues los clientes, además de buscar experiencias reales, también se tornan recelosos si la calidad de los platillos no es la adecuada o la prometida, y a eso hay que sumarle el factor humano.

Un caso que se está dando mucho en los restaurantes del eje Roma-Condesa (y algunas colonias más) es que emplean meseros norteamericanos o europeos, quienes incluso han llegado a desplazar a los meseros argentinos que fueron tan populares años atrás.

Hoy la gentrificación de dicha zona ha traído consigo meseros de otras latitudes. Tengo conocidos que han ido a uno que otro restaurante de la zona, que comentan que fue “todo un rollo” la comunicación con la mesera, y no porque ellos no supieran inglés, pero como bien sentenciaron “¿por qué tengo que hablar otro idioma en mí propio país?”.

El dueño del restaurante en cuestión, argumentó que la contratación de meseros extranjeros se debe a que los foráneos están más cómodos con ellos que con los meseros mexicanos, dando a entender que era porque hablan “el mismo idioma”, pero se vuelve problemático cuando se desplaza al personal nacional por no ser lo “suficientemente atractivos” para atraer clientela extranjera.

Los clientes buscan ahora “experiencias inmersivas” y se fijan en todos los detalles; tenemos ofertas que van desde lo literario, pasando por postres que se vuelven verdaderas obras de arte, hasta experiencias que se elaboran con tecnología de punta. Sin embargo, también destacan que lo que más les suele atraer es cuando les explican a detalle los procesos de elaboración de un platillo, y el origen de los ingredientes, más que las proyecciones de imágenes.

Otro punto que destacan es la búsqueda de lugares pequeños, con menús cortos pero concisos y atención personalizada. Este es un dato para tener en cuenta, cada vez más comensales buscan la sostenibilidad en la comida, y que los ingredientes sean de calidad, pero que se adquieran con responsabilidad social.

Además de ser una gran idea, la tendencia del “zero waste” seguirá vigente, esto de aprovechar absolutamente todo en la cocina, permite a los chefs echar la imaginación por la ventana, y no detenerse en todo lo que puedan crear, volviéndose un gran incentivo para gastronomía.

En resumen, podemos decir que los restaurantes en el país buscarán centrarse más en el bienestar del comensal; será prioridad una mejor oferta gastronómica, al mismo tiempo que sostenible, personalizada y ágil en el servicio; a nadie le gusta estar esperar, ya sea para entrar, o entre plato y plato.

Hablo del enorme reto de crear experiencias inolvidables, pues tendrán que ir a la par con los costos y los gastos. Así pinta -a grandes rasgos- el mundo restaurantero para este 2026, en este hermoso país. Bon appetit!!!

Cat Soumeillera en X: @CSoumeillera