Leí sobre el sismo que en 1960 arrasó Chile. Los sobrevivientes contaban que era como estar de pie sobre una sábana sacudida. Colombia vivió eso el 10 de agosto. En algunos videos se aprecia que el movimiento impide hasta caminar, justo como hacerlo sobre una sábana que se sacude.
Un terremoto de magnitud 7,4. Epicentro en San José del Palmar, Chocó. Cerca de dos centenares de muertos y cientos de desaparecidos. Ocurrió con Abelardo de la Espriella recién estrenado en el cargo, un presidente de derecha que apenas días antes había rendido protesta.
Sus primeros actos fueron dos. Ordenar atención inmediata, lo mínimo ante una catástrofe. Y desatender los ofrecimientos de rescate llegados del extranjero. Quedaban fuera países con experiencia sísmica probada. Quedaba fuera la posibilidad de sumar manos cuando cada hora define quién sale con vida.
De la Espriella no había enfrentado un terremoto así. Su biografía explica buena parte de su reacción. Le cuesta creer en la solidaridad humana. Le cuesta aceptar que existen países, México entre ellos, con resiliencia catastrófica, con protocolos para rescatar y herramientas para sobrevivir a un sismo. La ideología venció a la ciencia y a la solidaridad.
El nuevo presidente colombiano actúa como si aceptar ayuda lo debilitara. Mientras tanto, Cali, Pereira, Manizales, Armenia y Quibdó viven una realidad brutal. Buenaventura, el principal puerto colombiano, quedó en ruinas. Los bomberos no se dan abasto. Arriesgan la vida. En algunos videos se ve cómo la pierden al intentar sacar con grúas a personas atrapadas en edificios a punto de caer.
Nayib Bukele, presidente salvadoreño a quien De la Espriella admira, lo confirmó. Colombia rechazó al personal internacional de rescate y pidió apoyo solo en forma de donativos, apoyo económico e insumos. Con la oportunidad de multiplicar las manos rescatistas en el momento en que todo depende de las horas, el gobierno pidió materiales y cerró la puerta a los equipos.
Este 12 de agosto se reporta que supuestamente, De la Espriella rectificó y ya dio luz verde a la ayuda internacional (España y otros; la cancillería instaló un puesto de mando de cooperación). México enviará apoyo anunciado por la Presidenta Claudia Sheinbaum y los topos, equipo especializado en rescate que tantas vidas ha salvado en el largo historial catastrófico de México, se preparan para viajar con sus perros especializados en sismos. Pero no hay espacio para olvidar.
Rechazó apoyo. Rechazó experiencia. Rechazó, por horas decisivas, la esperanza de que su propio pueblo sobreviviera. Si la expresión negligencia criminal parecía gastada, hoy vuelve a tener sentido. El mundo entero es testigo. Fuerza, pueblo colombiano.



