“Cuando los que obedecen dejan de pensar, los que mandan dejan de tener límites.”

Tácito

“La injusticia hecha a uno solo es una amenaza dirigida a todos.”

Montesquieu

No fue una sesión legislativa. Fue una simple cortesía. La Primera Comisión de Asuntos Políticos e Internacionales de la Permanente ratificó —con diez votos a favor y una abstención— el nombramiento de Alejandro Gertz Manero como embajador de México ante el Reino Unido. Sin discusión. Sin conflicto. Sin el menor rastro de pudor republicano.

La oposición, siempre tan preocupada por “el equilibrio de poderes”, brilló por su ausencia. PAN y PRI decidieron no incomodarse. Movimiento Ciudadano envió a Luis Donaldo Colosio Riojas, quien cumplió con el ritual contemporáneo de la oposición mexicana: hablar bonito, señalar lo obvio… y, acto seguido, no votar en contra.

Colosio dijo que el proceso fue acelerado, opaco y jurídicamente cuestionable. Dijo que la experiencia de Gertz Manero no equivale a formación diplomática. Todo correcto, pero todo irrelevante.

Porque cuando llega la hora de decidir, la oposición mexicana prefiere la abstención, ese invento maravilloso que permite fingir dignidad sin asumir consecuencias.

Aquí no se estaba evaluando un perfil técnico. Se estaba premiando una trayectoria.

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Nadie en la Comisión mencionó a Alejandra Cuevas. Nadie recordó el uso de un tipo penal inexistente. Nadie preguntó por la Fiscalía convertida en arma personal, por la justicia usada como vendetta, por los expedientes fabricados con saña.

Todos escucharon. Todos sonrieron. Todos callaron ante las atrocidades.

La senadora morenista Verónica Noemí Camino Farjat informó, casi con alivio, que ya se contaba con el beneplácito del Reino Unido. Excelente noticia: primero preguntamos afuera si lo aceptan, luego aquí simulamos el proceso constitucional. El orden de los factores ya no altera el producto; altera la vergüenza, eso que ni qué.

Porque saben perfectamente a quién están enviando al Reino Unido. Saben que no es diplomacia: es destierro de terciopelo. Saben que no es representación: es blindaje.

Mandar a Gertz Manero a Londres no es un honor al Estado mexicano. Es una solución logística para el poder que detenta Morena. Sacarlo del país, alejarlo de expedientes incómodos, convertir su historial en anécdota internacional y su pasado en asunto cerrado.

Y la oposición ayudó.

No votando.

No estando.

No estorbando.

Luego se preguntan por qué la gente no cree en ellos. Por qué las encuestas. Por qué el descrédito. Por qué el “todos son iguales”.

Pues por esto: porque cuando tuvieron la oportunidad de marcar una línea —aunque la perdieran— prefirieron no hacer acto de presencia.

No hay legisladores defendiendo la legalidad. Hay administradores del silencio. No hay representantes del ciudadano. Hay gestores del acomodo. El mensaje es cristalino: en México, usar el poder para abusar no inhabilita; califica. No te lleva al banquillo. Te lleva a una embajada.

Ese es el acuerdo real. Ese es el sistema funcionando. Y luego se ofenden cuando alguien lo llama por su nombre.