La Asociación Sindical de Sobrecargos de Aviación de México (ASSA) emplazó a huelga a la empresa Aerovías de México, S.A. de C.V., (Aeroméxico), como parte de un proceso “normal”, con motivo de las revisiones contractual y salarial correspondientes al periodo 2026-2028.

Por ello, en el sindicato se están llevando a cabo asambleas en las que se presentan a los sobrecargos los resultados de las mesas de negociación. Pero es importante que sepan que dentro del gremio siempre hay gente que, por ignorancia o por conveniencia, quiere utilizar este derecho que tienen los sobrecargos de revisar sus condiciones laborales para llevar agua a su molino.

En varias ocasiones, incluso en este mismo espacio, he externado la pifia que ha resultado la tan cacareada reforma laboral del 2019. Concretamente me referiré al caso en que los sindicatos emplazan a su empresa para un posible estallamiento a huelga. Y es que el proceso per se, se ha burocratizado de tal forma que se ha perdido el factor “sorpresa”, por llamarlo de algún modo.

Ahora la ley laboral exige que se cumplan más pasos, desde mi óptica absurdos, para supuestamente garantizar con ello que la decisión de estallar la huelga, o desistirse de la misma, es voluntad real de los trabajadores, y no solamente de los representantes sindicales.

Para hablar específicamente de los sobrecargos de Aeroméxico, tengo que referirme al año 2014, en el que el entonces secretario general de ASSA, Ricardo Del Valle, prometió fuentes de trabajo a los sobrecargos de Mexicana de Aviación, que llevábamos cuatro años sin trabajo (y sin sueldo) tras la “bajada de vuelo” de 2010.

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Yo le llamo “extorsión” y “terrorismo laboral”, porque con la promesa de volver a trabajar (aunque fuera en una aerolínea diferente), consiguió que los sobrecargos “mayoritearan” una asamblea, y aceptaron las condiciones laborales de un Contrato B, esto es, un anexo al Contrato Colectivo con Aeroméxico.

La diferencia de condiciones no era menor, y es que debemos considerar que, aunque siempre se ha llamado Aeroméxico, son dos razones sociales diferentes: Aeronaves de México, que desapareció después de una quiebra, y surgió Aerovías de México.

Con la nueva empresa (Aerovías) entraron a trabajar los sobrecargos que prestaban sus servicios en 1988 (en Aeronaves). Con ese movimiento se vieron obligados a comenzar desde cero en cuanto a la adquisición de derechos laborales. Es evidente que de 1988 a 2014 ese contrato se había robustecido, a pesar de los convenios temporales de ahorro que se llegaron a firmar con Aerovías de México.

De manera natural, durante más de cinco lustros los sobrecargos fueron mejorando año con año, sus condiciones laborales. Pero no se dejen engañar, por muchas “conquistas laborales” logradas, jamás lograron regresar a la época dorada de Aeronaves de México.

Por su parte, en 2010 los pilotos de la Asociación Sindical de Pilotos Aviadores (ASPA) abrieron la puerta a un anexo a su contrato (o sea, un Contrato B), y pactaron con Aeroméxico las nuevas condiciones laborales para los pilotos en entraran a la empresa a partir de ese año.

El resultado era evidente, tener pilotos mucho más baratos dentro de la nómina de la aerolínea. Y como veían que resistía, fueron a llamar a otro elefante..., y en 2014 ese mismo ejercicio se ejecutó con los sobrecargos de nuevo ingreso, la mayoría pertenecientes a Mexicana de Aviación y a Aerovías Caribe (Click), a quienes no les importó mucho ser contratados bajo un contrato 60% más barato que el original. Repito, aprovechando la necesidad y desesperación porque Mexicana no “regresaba”.

Tener dos contratos distintos, en la misma aerolínea, le ha traído serios dolores de cabeza al sindicato ASSA, y serias desavenencias entre la planta, pues son empleados haciendo el mismo trabajo, pero cobrando distinto. En su momento se evaluó pelear jurídicamente que “a trabajo igual, salario igual”, pero desafortunadamente a la entonces secretaria general, Ada Salazar, le asesoraron que era imposible ganarlo, y nunca se hizo. Así que los sobrecargos del Contrato B se tuvieron que comer dicha noticia “con patatas”.

Hace dos años Ada Salazar “perdió” la revisión contractual, es decir, obtuvo pírricos resultados para los sobrecargos que, dada la inflación, se diluyeron incluso antes de verlos reflejados. Es evidente que los sobrecargos estén buscando un equilibrio, y lograr mejoras a sus condiciones.

Por supuesto, que me encantaría que mis colegas obtuvieran los mejores resultados en su actual revisión contractual, sin embargo, no podemos hacer a un lado a la realidad. A diferencia de 2024, hoy tenemos un conflicto bélico encabezado por Estados Unidos e Israel en contra de Irán, que provoca se disparen los precios del barril del petróleo, y es inevitable se eleve el costo de la turbosina; un dato terrible, porque dentro de la operación de una aerolínea este gasto representa aproximadamente el 40% del total. Es decir, “negociar” en estos momentos con cualquier aerolínea del mundo, es una tarea titánica.

No soy ingenua, soy realista y reconozco el polvorín sobre el que está parada la actual representación sindical para negociar con Aeroméxico. Sin embargo, un día sí, y otro también, recibo las críticas de los agremiados a ASSA que siguen idolatrando a Ricardo Del Valle; yo entiendo que están enojados porque hoy, al frente del sindicato esté Rafael Munguía.

Lo que no acepto, es que ese grupo de sobrecargos piense que es mi obligación criticar ferozmente y sin clemencia a quien quiera que encabece el sindicato. No se confundan compañeros -porque seguimos siendo compañeros-, suelo ser de las primeras en levantar la voz cuando algo no se hace bien, pero no descalifico solo por el gusto de hacerlo, y menos para granjearme aplausos o aceptación.

Esta representación sindical, de la mano de Munguía, está demostrando que las cosas se pueden hacer de formas diferentes a las establecidas entre los años 2011 y 2023, en los que Ricardo Del Valle estuvo al frente del sindicato. Es decir, hoy las cosas se hacen conforme al estatuto en vigor. Se ha convocado en tiempo y forma tanto al proceso de juntas particulares para la aceptación o rechazo del pliego petitorio, se han llevado a cabo asambleas, y la representación está acudiendo a las mesas de negociación, como es su obligación.

Incluso, he podido observar la conducción de las asambleas y debo decir que ha dejado de ser un circo, y vuelve a ser un espacio de discusión serio en el que se abordan temas referentes a las condiciones laborales de los sobrecargos. Roma, evidentemente, no se hizo en un día.

Fue más de una década de marasmo político e intelectual en los que ASSA se anquilosó. Sin embargo, paso a paso van regresando a darle forma y fondo a la asamblea, y trabajar para lograr mejoras.

Insisto, no será fácil ante el panorama geopolítico de hoy, pero confío plenamente en que Rafael Munguía, junto con el resto de la representación lleven a los compañeros a buen puerto, y tomen la mejor decisión, ya sea aceptar las propuestas que salen de las negociaciones con la empresa, o estallar a huelga. De algo estoy cierta: la decisión será democrática.

Antes de irme, quiero dejar una reflexión: pocos entienden la labor del sobrecargo, y peor aún, pocos respetan. Mucha gente tiene la creencia de que solamente están para dar galletitas, café y refresco.

No todos saben que en cada vuelo, el cuerpo del sobrecargo se presuriza y despresuriza, y que en ocasiones despegan y aterrizan varias veces al día, lo que altera (por decirlo de una forma elegante), su ciclo circadiano.

Las consecuencias pueden modificar su capacidad de concentración, lo que es vital para la “consciencia situacional” de un sobrecargo. La merma reduce la seguridad en un vuelo, sin dejar de contemplar la fatiga crónica, insomnio, graves problemas digestivos, hasta llegar a alteraciones metabólicas que pueden convertirse en enfermedades cardiacas o de tiroides, por solo nombrar algunas.

Me consta, siempre que lo platico, a la gente le cuesta creerlo. Hace más de 30 años (en 1993), se hizo un estudio entre ASSA y el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), que arrojó conclusiones de miedo: con las condiciones con las que volaban los sobrecargos, se podía decir que un año de trabajo en el aire, era equivalente a siete años de trabajo en tierra; a ese nivel es el desgaste físico del cuerpo de los tripulantes de cabina. Ahora, con condiciones más “castigadas”, no me sorprendería en lo absoluto que esa cifra fuese aún más grande.

Quiero que sepan la importancia de la labor del sobrecargo; son personal de seguridad a bordo, y esta columna tiene la incansable misión de insistir en el respeto que merecen, así como lo valioso de seguir todas y cada una de sus indicaciones.

No es casualidad, los sobrecargos son los ojos de los pilotos, que están encerrados en la cabina; son los encargados de realizar una evacuación en caso de emergencia y de proveer los primeros auxilios a pasajeros que así lo necesiten.

Como sobrecargo, es mi deber también sensibilizar a la gente de la empresa, en este caso Aeroméxico. Sus sobrecargos son personal especializado, que en aras de que la empresa crezca, pone su salud de por medio, y eso es muy valioso, y por eso se piden que el pago sea acorde. Sí, soy consciente del momento que están atravesando, pero confío en la voluntad política y que en las mesas de negociación que se están celebrando logren un ganar-ganar.

Concluyo diciendo fuerte y claro: siempre defenderé a mis compañeros sobrecargos, sin importar en qué aerolínea presten sus servicios, porque conozco perfectamente el oficio, y sé que existe gente irrespetuosa que desdeña su labor.