Hay instituciones cuya importancia se mide por su historia y otras por su capacidad para responder cuando la historia cambia. American Society of Mexico pertenece hoy a ambas categorías.

AmSoc nació el 26 de agosto de 1942, en uno de los momentos más complejos del siglo XX. Fue fundada por integrantes de la comunidad estadounidense en México junto con el entonces embajador de Estados Unidos, George S. Messersmith, su primer presidente honorario. Su propósito fue articular a la comunidad estadounidense y crear un espacio permanente de representación, cooperación y encuentro.

Más de ocho décadas después, aquella vocación permanece intacta. Pero el mundo de 2026 no es el de 1942.

La relación entre México y Estados Unidos atraviesa una etapa de enorme profundidad y creciente tensión. Seguridad, migración, comercio, energía, inversión, cadenas de suministro, crimen transnacional y la revisión del T-MEC forman parte hoy de una misma conversación. Las decisiones de un gobierno producen consecuencias casi inmediatas al otro lado de la frontera.

Ante esa realidad, AmSoc tampoco puede permanecer estática. American Society of Mexico ha entrado en una nueva etapa. Una que exige ampliar su presencia territorial, incrementar su capacidad de interlocución e incorporar nuevos liderazgos para asumir con firmeza una responsabilidad primordial: ensanchar las vías del entendimiento entre México y Estados Unidos precisamente cuando esas vías parecen estrecharse.

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Ser firme no significa ser estridente. Tener interlocución no significa sustituir a los gobiernos. Defender una relación tampoco significa ignorar sus diferencias.

Una organización binacional madura debe construir espacios de confianza, acercar actores y mantener abiertos canales sociales, empresariales e institucionales aun cuando la relación entre los gobiernos atraviese momentos difíciles.

México y Estados Unidos pueden discrepar. Inevitablemente lo harán.

Somos dos naciones soberanas, con historias e intereses diferentes. Pero la geografía tomó hace siglos una decisión que ningún gobierno puede modificar: somos vecinos. Y somos mucho más que eso.

Millones de familias viven entre ambos países. Empresas, universidades, organizaciones civiles, agricultores, empresarios y trabajadores mantienen relaciones que existen independientemente de quién ocupe temporalmente Palacio Nacional o la Casa Blanca.

Esa comunidad binacional es la verdadera infraestructura de nuestra relación.

Es el vínculo vivo entre sociedades y gobiernos y, muchas veces, el puente que permanece abierto cuando otros canales se tensionan.

Ése es el sentido profundo de la nueva etapa de AmSoc. No sustituir a los gobiernos ni competir con la diplomacia, sino hacer aquello que una organización con más de ocho décadas de historia y una naturaleza genuinamente binacional puede hacer: crear confianza, mantener interlocución, acercar comunidades y ensanchar permanentemente las posibilidades del acuerdo. Por eso ésta es la hora de una AmSoc más grande, más territorial, más representativa y también más firme.

Ahí radica la importancia del liderazgo de Larry Rubin, uno de los operadores civiles más experimentados de la relación México–Estados Unidos dentro de su ámbito de acción. Su trayectoria combina conocimiento empresarial, interlocución institucional y, sobre todo, una comprensión práctica de cómo funcionan ambos países.

En una coyuntura como la actual, la improvisación cuesta. La relación bilateral necesita personas que conozcan a sus actores, tiempos, códigos y límites. Larry ofrece una conducción consolidada, vacunada contra la improvisación, consciente de que entre México y Estados Unidos rara vez existen soluciones sencillas para problemas complejos.

La incorporación de Glenn Hamer como vicepresidente de la AMSOC constituye uno de los activos de esta nueva etapa. Hamer encabezó durante catorce años la Arizona Chamber of Commerce & Industry y posteriormente asumió la presidencia de la Texas Association of Business.

Su experiencia alcanza además Washington: fue jefe de gabinete del congresista Matt Salmon y asistente legislativo del senador Jon Kyl, además de participar en espacios de liderazgo de la U.S. Chamber of Commerce. Conoce, por tanto, la lógica empresarial, estatal y federal estadounidense y posee una amplia experiencia de interlocución en Capitol Hill.

Para una organización que pretende desarrollar una presencia verdaderamente binacional y territorial, ese conocimiento constituye un activo extraordinario.

En lo concerniente a la vinculación, AmSoc cuenta con Lizette Clavel Sánchez, ex senadora de la República, cuya trayectoria incluye una amplia experiencia en representación laboral y sindical, particularmente en el sector aeronáutico. Su incorporación recuerda que una relación bilateral moderna no puede construirse exclusivamente desde gobiernos y grandes corporativos. Trabajadores, organizaciones sociales, legisladores, empresarios y sociedad civil forman parte del mismo ecosistema.

Del lado de la experiencia y madurez, resalta la asesoría de Simón Vargas Aguilar, distinguido abogado que ha ocupado cargos de la mayor importancia desde los años 80 y que fuera designado como primer “Zar antidrogas” en México.

De observarse también la reciente designación del Dr. Marcelo Flores Serna al frente del Capítulo Nuevo León como otro paso de esta estrategia. Joven abogado con formación ejecutiva y especializada en materias vinculadas con la actividad empresarial, tributación internacional y legislación fiscal estadounidense, Marcelo representa también una apuesta por una nueva generación de liderazgo.

Nuevo León es, además, un lugar natural para este modelo. Allí la relación con Estados Unidos deja de ser una abstracción diplomática y se convierte diariamente en inversión, producción, comercio, empleo y cadenas de suministro.

Una institución de más de ochenta años debe saber reunir experiencia y renovación, memoria y futuro.

Jalisco y Chihuahua deberán ser los siguientes grandes capítulos de esta expansión. Jalisco, por su ecosistema tecnológico, industrial, académico y empresarial y sus profundos vínculos con Estados Unidos. Chihuahua, por su condición fronteriza y su integración manufacturera y logística, además de concentrar algunos de los principales retos y oportunidades de la agenda bilateral.

Estas oficinas deberán ser más que representaciones administrativas: auténticos nodos de interlocución capaces de generar agenda, detectar problemas, construir acuerdos y conectar comunidades.

Son piezas de una misma estrategia: construir una AmSoc con mayor presencia territorial, mejores capacidades institucionales y una red humana suficientemente amplia para estar a la altura del nuevo momento bilateral.

Durante más de ochenta años American Society of Mexico ha construido comunidad. En esta nueva etapa deberá hacer algo todavía más ambicioso: construir buena vecindad.

Porque cuando dos naciones comparten más de tres mil kilómetros de frontera, millones de personas, familias, inversiones, empleos y sueños, llevarse bien deja de ser una cortesía diplomática.

Se convierte en una responsabilidad histórica.