La “Casa de las Campanas” fue construida como casa señorial en el siglo XVIII, en lo que hoy es el centro de Tlalpan en la capital del país. De sus muros de cantera rosa colgaban campanas de varios tamaños que repicaban a merced del viento y acallaban las voces dentro. De ahí surgió su nombre.
En un tiempo tañeron por las Madres Capuchinas Sacramentarias. Los gruesos muros son testigos de los maitines, del roce de la vara de la escoba sobre la baldosa, el de la tela de los hábitos, del pasar fervoroso de los dedos sobre las cuentas de los rosarios.
El convento fue dirigido tiempo después por la Concepción Acevedo de la Concha, conocida como la “Madre Conchita”, los rezos se fueron transformando en murmullos nocturnos, de esos rápidos, ininteligibles y misteriosos que iban construyendo una perversa conspiración.
La “Madre Conchita” con esa astucia espiritual y religiosa, con ese susurro no de rezo sino de conjura, convirtió el claustro en centro de operaciones. Ahí, la abadesa Acevedo alentó y convenció al joven José de León Toral para asesinar a Álvaro Obregón.
Tras el asesinato de Obregón el 17 julio de 1928, Concepción Acevedo fue acusada por ser la autora intelectual y trasladada a las Islas Marías; cumplió una condena en ese centro para despojarse de los hábitos y casarse con Carlos Castro Balda.
Años después el inmueble fue adquirido por las Madres Teresianas, quienes vivieron ahí hasta la década de los setenta. La vida conventual volvió por un tiempo. Resurgieron los rezos, pero los murmullos de conspiración se quedaron atrapados en aquellos muros húmedos que lo absorbieron todo.
El claustro emitía silencios en los que se podían escuchar suspiros, oraciones, llanto contenido: los hombres que iban a hacer reparaciones veían sombras, el vello de la espalda les se erizaba…
La Casa de las Campanas fue catalogada como Monumento Histórico por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), fundado por el presidente Lázaro Cárdenas en 1939. Una de sus funciones principales era la de proteger iglesias, ex conventos y casonas coloniales.
Vivieron ahí las Madres Teresianas hasta la década de los 70. En el sexenio de Luis Echeverría ese patrimonio cultural fue vendido a Rodolfo Echeverría, entonces diputado y sobrino del expresidente que, al adquirirlo de manera ilícita, decidió fraccionarlo. Rodolfo era hijo del conocido actor Rodolfo Landa, quien además de interpretar papeles, era abogado, funcionario, político y sindicalista, cuyo nombre real era Rodolfo Echeverría Álvarez, hermano del mandatario, todo un rosario de virtudes.
El día de hoy las “campanas” ya no tañen, solo se recuerda su eco entre religioso y malévolo. Estas gotas de latón, de acero ya no están en los muros; ahora este histórico lugar se ha convertido en una fortaleza. Las altas ventanas fueron selladas con cemento, conservaron solo la herrería, construyeron un segundo piso para que nada se oiga, nada se vea…
Ahora esas paredes, esos altos techos con rincones floreados e iluminados por arañas de cristal son testigos de otro poder, añejo pero renovado. Los pasillos y salones ahora son recorridos por Pedro Haces Barba el empresario taurino y dirigente sindical, su hijo Pedro Haces Lago e invitados especiales.
En la parte lateral de la casa está el portón para la entrada de vehículos, protegido con gruesos tubos automáticos que ascienden del piso para que nadie entre ni salga sin la venia del dueño.
El diputado local de Morena Pedro Haces Lago, anunció su registro para participar en el proceso interno de su partido y convertirse en el próximo “coordinador” de los Comités de Defensa de la Cuarta Transformación en Tlalpan.
Desde hace meses Tlalpan está plagado de mantas y bardas con su nombre. Camiones públicos con su imagen promocionando un libro. Pedrito, cuenta con el apoyo de su padre Pedro Haces Barba el líder sindical, miembro de Morena. Es Secretario de la Confederación Autónoma de Trabajadores y Empleados de México (CATEM). La confederación dirigida por Pedro Haces Barba, cuenta con casi 7 millones de afiliados.
Haces padre, ha sido señalado de enriquecerse con contratos públicos adjudicados de manera directa, y de hacer trabajar a personas bajo salarios a veces sin contrato de promedio. Ha sido criticado por sus lujosos viajes y excesos, de los cuales también disfruta el “ajonjolí de todos los males”, Ricardo Monreal Ávila.
Hoy, las campanas suenan por los Haces y tienen el tono de corrupción e impunidad.





