Un mensaje por demás interesante el que se registró el pasado sábado, durante el Consejo Político Nacional de Morena.

Cuando buena parte de la opinión pública nacional asegura que está en marcha un evidente proceso de descomposición política o de ruptura al interior de ese que es el movimiento-partido que había logrado hasta hoy, consumar una especie de hegemonía política en el país en por lo menos 12 años y que ha sabido minimizar a las expresiones políticas formales e institucionales de la derecha y el centro tradicional mexicanos (PAN y PRI), este sábado hubo señales, activas, no solo discursivas, de que en Morena, el Movimiento de Regeneración Nacional, hará uso de todo su instrumental, su experiencia, su potencial y su capital político en general, para continuar siendo la primera opción electoral en nuestro país, por mucho tiempo más.

Esas señales se pueden resumir en la semiótica misma y las formalidades del discurso dado por los dirigentes, tanto del partido a nivel nacional (Luisa María Alcalde) y el presidente del Consejo Nacional de Morena, principal órgano de gobierno y deliberativo de ese movimiento-instituto, el doctor Alfonso Durazo Montaño, a la vez gobernador de Sonora.

Particularmente, en la intervención de este último, se encuentran los rasgos más visibles de un mariscal de mil batallas que sabe dónde está parado… y, sobre todo, sabe “a dónde quiere llegar”.

Difícil encargo, el de esa dupla Alcalde-Durazo, en medio de una gran tormenta política como la que enfrenta el gobierno federal y la principal exponente de autoridad que es la presidenta Claudia Sheinbaum, que se encuentra básicamente presionada por el gran “performance” que debe escenificar en su soliloquio de dominio imperial, el presidente estadounidense Donald J. Trump y, por otro, por los “jaloneos” políticos propios de la efervescencia, que ya empezó, con miras a la elección del 2027 más el clima de inseguridad imperante, no obstante los esfuerzos gubernamentales que se realizan.

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Mientras la presidenta tiene en estos días que mantener firme el timón y luego de un gran esfuerzo, desconcentrarse de su tarea gubernativa al interior del gobierno y de la propia sociedad mexicana, debe dedicar un tiempo casi equiparable al que dedica a gobernar, en calidad y cantidad, para hacerse cargo de un trabajo de cabildeo al interior de su movimiento y de planeación, ante eventuales jugadas del país vecino del norte, en que, dada su naturaleza exhibicionista, recurra en los próximos días tal y como lo anunció ya, a medidas que ofendan nuestra soberanía nacional bajo pretexto de combatir el “narcoterrorismo internacional”, del cual seis grandes cárteles mexicanos son exponentes.

No es nada fácil, mucho menos para una mandataria, estar planeando respuestas y salidas ante semejantes riesgos y amenazas.

De ahí la importancia de que la mandataria cuente con ese eje de aliados integrado por Luisa María Alcalde-Alfonso Durazo, al frente del partido movimiento que les da identidad hoy día. Y que no obstante que, dado el valor que representan y la estabilidad que le han significado ambos a la presidenta al frente del Movimiento fueron muy insistentes los rumores previos a esta Séptima Sesión Ordinaria, de que habría un reacomodo de la estructura directiva de Morena y del propio Consejo Nacional, pero para aprovechar mejor tanto a Luisa María como al doctor Alfonso Durazo; sin embargo, eso no ocurrió.

La presidenta nacional de Morena, Luisa María Alcalde, contó con la asistencia de la totalidad de gobernadores de Morena, así como de la totalidad de altos mandos y funcionarios gubernamentales federales de extracción ‘tetra transformadora’, con excepción del senador Adán Augusto López Hernández, cabe señalar que brilló por su ausencia.

La dirigenta partidista lo dejó muy claro: “Por encima de las aspiraciones personales de cada cuadro o militante está el proyecto mismo que hemos construido”.

“A todas y a todos nos toca proteger y defender a Morena actuando siempre en apego a sus principios y con congruencia. Tenemos los mejores ejemplos con Andrés Manuel López Obrador y la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo”.

Y de ahí la importancia también del discurso y la actitud de Alfonso Durazo, se reitera, el sábado en ese hotel de la capital del país, donde se verificó la referida Séptima Sesión Ordinaria del Consejo Nacional de Morena.

Mientras -por lo menos en público- no ha habido nadie quien les señale en el país, las actitudes soberbias, ausentes de modestia y de medianía republicana en que han venido incurriendo en por lo menos los últimos dos años, algunas “vacas sagradas” del gobierno de extracción morenista que encabezó AMLO desde 2018 y hoy lo hace Claudia Sheinbaum desde el 2024, Alfonso Durazo les pidió -contextualmente- que “se bajen del ladrillo en el que se encuentran parados y mareados”.

A los “acelerados” por el poder y que no respetan tiempos, ni formalidades, Durazo Montaño los puso en su lugar al publicar sendo documento que regula con principios de política civilizada y con ética, la contienda interna en Morena, en la legítima lucha que sus cuadros y militantes habrán de sostener a partir de julio próximo, para alcanzar la nominación en alguna de las diferentes modalidades.

Porque en julio se da la voz de arranque para que todo aquel cuadro o militante que esté interesado en competir por la nominación morenista a cualquier cargo de elección popular, pueda iniciar su estrategia.

Por eso el sábado fueron anunciadas nueve contundentes reglas las que anunció el también mandatario sonorense, que entrarán en vigor en la próxima contienda; estas son:

“Quienes aspiren a una candidatura, no podrán: Promover su imagen a través de anuncios espectaculares de cualquier índole. Incurrir en actos anticipados de campaña. Utilizar recursos públicos de cualquier naturaleza. Entregar despensas, artículos electrodomésticos o cualquier otra dádiva. Realizar actos o eventos dispendiosos ni desplegar campañas de comunicación dispendiosas. Desprestigiar, agredir o descalificar a otros aspirantes o participantes, evitando también que sus seguidores lo hagan por consigna o voluntad propia, ni alentar el ataque, la calumnia, la confrontación o la violencia. Difundir información falsa o manipulada sobre otros participantes. Acosar, desprestigiar o linchar digitalmente a otros participantes o contendientes. Y simular la pertenencia a un grupo vulnerable para obtener ventajas competitivas.

“Y como colofón, aunque no pertenece a la lista de nueve reglas originalmente difundidas: Acatar y apoyar la definición final del partido, en favor de quien resulte candidata o candidato”.

Este es sin duda, un liderazgo serio, maduro, que conoce perfectamente lo que necesita Morena y lo que “le duele” hoy día a ese partido-movimiento.

Su comunicación, digna de encomio de cualquier lingüista, es la que reconoce al valor del discurso jurídico, como aquel que transmite mandatos de ley o normativos, concebidos desde el hombre y para el hombre; para ser asumidos y observados con toda la serenidad y conciencia que da su pleno conocimiento y el compromiso de asumir las consecuencias de su incumplimiento.

Cuando una sociedad llega a estos niveles -reconoce John Austin, jurista británico impulsor de la corriente empirista, que sustentó las bases del andamio positivista, junto a Kelsen- ha llegado al umbral de la madurez y eso es lo que se percibe en Morena, hoy día, madurez, en lugar de luchas y enconos estériles hacia el interior. Afanes de cohesión y compactación por encima de reconocimiento a las grietas y las rupturas. Aunque hay casos en los que se demuestra lo contrario, ya que hay militantes y cuadros que buscan más defender el interés personal que el del partido o del país.

Así también hay casos notables de corrupción en el que algunos han incurrido.

Pero tal como en el pasado político de México, cuando por partidos solo teníamos logias y bandos (centralistas contra federalistas), en aquel siglo XIX de afanes de edificación y cimentación, las grandes planchas de las grandes asambleas, quedaban como testigos mudos de la trascendencia de un gesto político.

El lema de una de esas planchas ancestrales fue, ha sido y sigue siendo: “Ordo ab Chaos”, que significa que al final siempre “el Orden se sobrepone al Caos”.

Héctor Calderón Hallal: @pequenialdo; @Calderon Hallal1