La presidenta Sheinbaum, incansable, continúa con su gira de trabajo por las 32 entidades federativas. De acuerdo con los informes de su equipo de comunicación y logística, detallados en las fichas técnicas que circulan por la prensa, está por concluir este recorrido territorial. Aunque la oposición, como siempre, dice que no hay nada que celebrar, la inmensa mayoría que respaldamos la gestión de la mandataria no le podemos reprochar absolutamente nada. Su labor, de una entrega total a la causa, merece todo el reconocimiento, pero también el cariño que la ciudadanía ha depositado en ella. Incluso, a ella misma se le atribuye ese poder de convocatoria que, justo en el primer tercio de su mandato, se afianza con una aprobación que ronda el 74 %.
La validez de esos mecanismos demoscópicos, por un lado, deja claro que la encomienda que el pueblo le delegó la está cumpliendo al pie de la letra. Ella, para no ir más lejos, es el activo político más importante del país. De hecho, la información que conocemos detalla que, a nivel mundial, su semblanza también constituye un fenómeno social. Basta con escuchar los buenos comentarios de los jefes y ministros de Estado para saber, en los amplios conductos de las políticas públicas, que su quehacer es, ni más ni menos, un patrón humanista y un ejemplo a seguir. Incluso, eso depende mucho del empuje ciudadano que, si algo caracteriza a la 4T, son las grandes proporciones que se movilizan cuando hay que salir a las calles a respaldar la labor.
Aunque la prensa conservadora dijo que la gobernadora se robó los reflectores, es evidente que Maru Campos, ante la imagen de la presidenta, no tuvo más remedio que aceptar, con el semblante, que entre un bando y otro hay una diferencia abismal. Es verdad: la mandataria, luego de asumir el cargo, ha sido más prudente en la narrativa que maneja. Me refiero a que, por la investidura, no puede promocionarse como una militante del partido con el que llegó al poder. Sin embargo, Sheinbaum sabe, por la experiencia que vivió en campaña, que la legitimidad se gana en territorio; es decir, escuchando a la sociedad y, a su vez, resolviendo sus inquietudes. De hecho, las giras que lleva a cabo no son meros eventos protocolarios, sino el marco perfecto para reivindicar el compromiso social del mandato popular.
En Chihuahua, por ejemplo, la presidenta cubrió los espacios que dejó la gobernadora en la convocatoria interna. De hecho, Maru Campos quiso sacar provecho mediático para forzar a la presidenta a atender sus demandas. Es muy difícil que la presidenta caiga en ese vaivén de declaraciones, mayormente por su larga experiencia en el servicio público. Podemos decir, por lo que atestiguamos, que la jefa de Estado asumió su posición institucional. Eso mismo hace en temas de seguridad, en los que, por cierto, la gobernadora de Chihuahua no ha querido atender las mesas de paz. Ante la nula coordinación, eso ha impedido que el cruce de información —en asuntos de inteligencia— sea efectivo. En los últimos años, por ejemplo, ese punto del norte del país ha tenido serios problemas de inseguridad a nivel estatal. Al final de cuentas, por imprudencia del gobierno local, quien termina pagando los platos rotos es la gente.
Debemos recalcar, antes de entrar en el tema electoral, que todo lo que aconteció tendrá repercusiones en las elecciones que habrán de celebrarse en 2027. Morena, desde hace mucho tiempo, viene capitalizando los errores y tropiezos que tiene la derecha. Es verdad: el PRIAN prepara una alianza variopinta que, por su descomposición, no cautiva ni siquiera al electorado. Entonces, con menos impulso que otras veces, el panismo debe ir haciéndose a la idea de que la transición está tocando fuerte la puerta de los chihuahuenses. De hecho, las preferencias, si hoy fueran las elecciones, estarían inclinadas hacia la causa de la izquierda. Eso significa, luego de ver esta ceremonia masiva, que los primeros pasos se están dando para generar las condiciones. Hoy, por ejemplo, las fracturas internas del panismo están acechando el cobijo que alguna vez tuvieron en abundancia. Esa falta de respaldo, en una cancha en la que el juego comenzó desde hace meses, ha permitido que la coalición Seguimos Haciendo Historia tome la delantera porque ha sabido no solo leer la situación, sino escuchar el clamor social.
Y cuando una fuerza política no responde a la demanda ciudadana o atiende con tibieza, el único camino que podemos esperar es, por supuesto, el de la alternancia. Eso significa que, como pasó en Estado de México y Yucatán, se terminó esa larga vida y esa racha ganadora de un panismo que no constituirá una resistencia.
A propósito de ello, ha trascendido que en unos días la dirigencia nacional de Morena dará a conocer el resultado del ganador de la encuesta. Aunque solo queda esperar, todas las direcciones apuntan a que será un hombre quien tome la batuta.


