Después de ver hasta dónde es capaz de llegar la oposición con tal de figurar en los temas de la agenda pública, vale la pena reflexionar y reconocer, una vez más, que estamos en el lugar correcto y en la dirección adecuada con el proyecto de transformación que encabeza nuestra presidenta. Existe, de hecho, una diferencia monumental entre ambos modelos, una distancia tan amplia que permite observar los resultados con mayor objetividad.
Ese contraste es el que nos invita a detenernos y analizar de cerca las políticas públicas que se están aplicando. Se nota que Sheinbaum está aprovechando la buena racha que vive el país para reivindicar su compromiso con la ciudadanía. Desde esa perspectiva, hay razones suficientes para celebrar que los esfuerzos se han materializado de manera notable.
En materia de seguridad —una de las prioridades de la jefa de Estado— se han logrado avances contundentes. La coordinación con las entidades federativas, el cruce de información de inteligencia y la articulación de operativos estratégicos han permitido asestar golpes importantes.
Con base en los datos divulgados por el Secretariado Ejecutivo de Seguridad Nacional, podemos destacar la disminución de los homicidios dolosos que, tan solo en este mes, alcanzó cifras récord. Hablamos de una reducción del 51 %. Al valorar esa información, es evidente que la presidenta, junto con el buen manejo de Omar García Harfuch, ha encontrado una estrategia eficiente que está dando resultados. Es, por lo tanto, un logro sustancial que, en resumidas cuentas, demuestra eficiencia, pero sobre todo el sentido de responsabilidad con el que se asume esta tarea.
Desde la llegada de la Cuarta Transformación, las cosas han cambiado por completo. Lo que vemos hoy es la evidencia de la capacidad operativa y del despliegue territorial de los efectivos que están cumpliendo con su labor. Al observar de cerca esas acciones, en ese entorno, podemos afirmar que lo que prevalece es la confianza hacia el Estado.
Desde luego, aún queda mucho tramo por recorrer y persisten algunos focos que se están atendiendo. Sin embargo, la tendencia confirma que la estrategia está funcionando
Siendo la seguridad un tema que siempre está en el centro del debate, hay motivos suficientes para asegurar que la presidenta ha sabido conducir su mandato popular con estricto apego a la justicia. Con ello, evidentemente, se observa una nueva cultura de participación. Al tratarse de formalidades que se cumplen al pie de la letra, los entornos se vuelven propicios para que la sana convivencia siga prevaleciendo y, por ende, la pacificación mantenga ese dinamismo que hoy distingue al país.
Al mismo tiempo, queda claro que Claudia Sheinbaum ha sabido combinar la estrategia de seguridad con la reconstrucción del tejido social. En efecto, los programas de asistencia y acompañamiento han inhibido prácticas al margen de la ley y han generado condiciones más favorables para la prevención. Debemos mucho a las ideas que se trazaron desde el inicio del proyecto porque, en definitiva, han permitido alcanzar los datos históricos que mencionamos en los fragmentos anteriores de esta columna.
Con esos pilares tan enraizados, la presidenta sigue librando batallas contra la inseguridad. Todo ello, en su momento, será un elemento que incida en la confianza hacia el proyecto de transformación. Morena, en conjunto con sus aliados, tiene las condiciones dadas para seguir expandiendo su dominio político. Justo ahora, por ejemplo, se aprecia con claridad la diferencia entre una izquierda que trabaja con rumbo y una derecha que opera mecánicamente bajo la consigna del golpeteo y la descalificación.
Ese formato que presentan a la sociedad —ahora que la memoria colectiva ayuda a esclarecer el grado de cinismo al que han escalado los del PRIAN— resulta verdaderamente lamentable. Sea cual sea el tema, y sin pruebas, el PRI exhibe su irritación y, a gran escala, se dedicará a propagar mentiras por todas las capitales del mundo. Es, por lo tanto, un comportamiento vergonzoso y bochornoso, especialmente cuando el CEN del PRI manipula datos e información.
Al no obtener resultados con esa estrategia, el PRI seguirá viviendo de fantasías y utopías. Ningún jefe de Estado tomará en serio la narrativa de Alito Moreno, consciente del lastre de corrupción que arrastra el Revolucionario Institucional. Al perder toda dignidad y, sobre todo, identidad, este desgaste acelerará aún más la debilidad del contrapeso, que de por sí no ha logrado superar el tsunami electoral que les pasó por encima en la elección presidencial.
Y mientras la oposición no logra recomponerse de sus fracturas internas, el proyecto de transformación —hoy que vemos la realidad con mayor claridad— nos invita a reflexionar sobre lo afortunados que somos de contar con un gobierno como el de la presidenta Sheinbaum, que atiende de manera directa las necesidades que aquejan a la población. Hay, por lo tanto, una diferencia evidente entre un proyecto y otro. Podemos afirmar que estamos del lado correcto de la historia.


