La representación social que tienen los nombramientos de coordinadores, aunque no le parezca a la oposición, es un mecanismo de organización y, sobre todo, un vehículo de avanzada que concentra los temas relacionados con la militancia y la simpatía de la 4T. De hecho, por instrucciones de la presidenta, ninguno de los representantes —incluidos aquellos que aún faltan por designar— rebasará los límites para posicionarse mediante publicidad o propaganda. Está claro que el objetivo, desde hace muchos meses, ha sido proyectar el contacto directo con la gente. Es, por decirlo de algún modo, el componente de representación popular que, a la postre, se convertirá en el abanderado que aparecerá en las boletas. Por lo anterior, para despejar cualquier duda, existe una diferencia abismal entre un coordinador y un candidato oficial.

Sobra decir que lo que se avecina, dada su importancia, es el motivo primordial para que la izquierda prepare el terreno. En algunos lugares, pese a la alianza del PRIAN, sabemos con exactitud que no hay manera de competir con el paso dominante de la coalición Seguimos Haciendo Historia. La suma que hacen Alito Moreno y Jorge Romero, por ningún motivo, constituye una fuerza real, especialmente cuando ambos partidos atraviesan penurias. Puede afirmarse, incluso, que esa sociedad —si es que alguna vez tuvo una época dorada— terminó para el conservadurismo. Ya no preservan aquella enorme estructura territorial que en algún momento asumió protagonismo en temas legislativos y político-electorales. Todo eso, después de que se exhibieron diversas fechorías, derivó en el desmantelamiento de sus estructuras, más allá de la parafernalia que montan para simular una reestructuración que no tiene legitimidad ante el grueso de la población.

Tanto el PRI como el PAN, en este momento, son los partidos con mayores negativos, básicamente porque siempre han tomado decisiones unilaterales. De hecho, el propio Jorge Romero —como mencionamos hace unos días— afirmó que reservaría una cantidad de espacios para la población en general. Viéndolo bien, eso fue una estrategia para intentar acercarse al electorado. Incluso, si se analiza con detenimiento lo que ocurrirá, se observa que habrá un reparto de posiciones que saldrá de la mesa de negociación entre las dirigencias del PRI y del PAN. Eso dará pie a que los incondicionales reciban candidaturas que, en términos concretos, anulan cualquier determinación democrática porque serán producto de decisiones autoritarias.

Es evidente que el PAN no renunciará a Querétaro; sin embargo, una cosa son los anhelos y otra la realidad que impera. Morena ha iniciado un proceso de construcción en ese enclave. Las encuestas más consistentes muestran una evolución y, por mucho, puede calificarse que lo que viene, dada la correlación de fuerzas, es un cambio que se encuentra a la espera, conforme a la lógica de las circunstancias que han movido el tablero. Incluso, sabemos que el panismo ha perdido una proporción sustancial de su voto duro. De ahí surge el fundamento de que el blanquiazul ha desatendido la hegemonía que conservó durante décadas. Ese rechazo se ha gestado no solo porque no han atendido las necesidades de la sociedad, sino también porque carecen de un plan de trabajo integral capaz de articular acciones que ofrezcan una alternativa. Al observar esos indicios, se anticipa una jornada similar a la que se atestiguó en Estado de México y también en Yucatán.

No se trata de una idea espontánea sin fundamento, sino de una manifestación evidente que emerge de una causa social como la Cuarta Transformación. La figura del coordinador, que ha recaído en Santiago Nieto, implica un enorme desafío, pero también múltiples posibilidades de acceder al poder institucional del Estado. La presentación pública que realizó la dirigencia, después de ganar la encuesta interna, contribuyó significativamente. Con audacia, el extitular del IMPI encauzó rápidamente la unidad y, de paso, aceitó la maquinaria. Después de todo, el empuje y los altos índices de aprobación de la presidenta ayudarán a la causa, algo semejante al fenómeno social que, en su momento, generó la imagen de Andrés Manuel López Obrador.

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La meta es una: construir una columna vertebral capaz de poner fin a la supremacía del PAN en Querétaro. El partido ya no goza de aquella simpatía mayúscula. En pocas palabras, su poder de convocatoria se ha diluido por múltiples factores. Hoy observamos que uno de ellos, de suma relevancia, es el incumplimiento del compromiso social adquirido en campañas. Eso, desde hace tiempo, comenzó a poner en jaque al panismo, al grado de observar cómo se desploma en las encuestas. Al no contar con una ventaja tan cómoda como años atrás, se abrió la brecha no solo para acortar distancia, sino para afianzar una superioridad que coloque a Morena como favorito para ganar ese punto de la República.

Notas finales

En razón de propagar la unidad en Morena y el movimiento de la Cuarta Transformación, me llamó mucho la atención el mensaje que lanzó el senador de la República, Saúl Monreal Ávila. Él, con gran sentido de identidad, sabe a la perfección que el legislador de Sinaloa, Enrique Inzunza, es una pieza crucial del armado, mayormente para seguir reformando la Constitución y las propuestas que salen de la oficina de la presidenta.