El segundo domingo de agosto ya tiene un significado especial para México. El decreto publicado en el Diario Oficial de la Federación estableció esta fecha como el Día Nacional de la Reforestación, una decisión que debería servir mucho más que para organizar jornadas de plantación de árboles. Debería obligarnos a pensar qué estamos haciendo con nuestros bosques y qué país queremos dejarles a nuestros hijos.

Valle de Bravo asumió esa responsabilidad.

México enfrenta una pérdida constante de cobertura forestal. Entre 2019 y 2023 se perdieron 959 mil 30 hectáreas de bosques y selvas, principalmente por el cambio de uso de suelo para actividades agrícolas y ganaderas, la tala ilegal, los incendios, expansión urbana y obra pública como el Tren Maya.

La cifra es tan grande que quizá no alcanzamos a dimensionar lo que significa. Perder un bosque no es perder solamente árboles. Se pierde suelo, biodiversidad, capacidad para capturar carbono y sobre todo, capacidad para captar y conservar agua.

El bosque también es agua

En Valle de Bravo esta relación debería ser evidente para todos. Nuestro bosque no es solamente el paisaje que vemos desde una carretera, una cabaña o una ventana. Es parte del sistema que permite que el agua de lluvia se infiltre en el suelo, alimente los acuíferos y mantenga vivos los manantiales, arroyos y ríos.

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La vegetación es vital, porque disminuye la velocidad con la que el agua corre sobre el terreno y permite que una parte importante se infiltre. Cuando el bosque desaparece, el agua encuentra menos obstáculos, corre con mayor rapidez, erosiona el suelo y termina abandonando el territorio sin hacer recarga.

Por eso es que hablar de reforestación es hablar de agua. Y en un momento en que las comunidades enfrentan cada vez mayores dificultades para garantizar el abasto de este recurso, sembrar un árbol debería entenderse también como una forma de proteger el futuro.

Por ello, quienes conocen y vivimos en territorios boscosos, insistimos cada vez más en la necesidad de recuperar nuestros bosques, proteger los suelos y aprovechar mejor el agua de lluvia.

Mata Redonda y Cerro Gordo

El pasado 9 de agosto, en el marco del primer Día Nacional de la Reforestación, se realizó una jornada en Mata Redonda, El Manzano y Cerro Gordo, en Valle de Bravo.

Colaboradores, vecinos y voluntarios participamos en la recuperación de zonas que han perdido árboles por diferentes causas, entre ellas plagas, fenómenos naturales y acciones irresponsables.

Pero la importancia de estas jornadas no está solamente en el número de árboles que se plantan, sino en recuperar una relación con nuestro suelo.

Es importante reconocer la participación del Ayuntamiento de Valle de Bravo y de la presidenta municipal, Michelle Núñez, en el impulso de estas actividades y en la convocatoria para que distintas comunidades continúen sumándose a la conservación.

No es un tema político o de partido, es un tema de gobernanza, es un tema de responsabilidad, pocos municipios conozco con presidentes municipales responsables y comprometidos con la ciudadanía, como el de Valle de Bravo o el de Mérida, gobernado por Cecilia Patrón, donde anteponen la responsabilidad ciudadana frente a quienes, desde las cúpulas partidistas, tratan de hacer negocio sin importarles el entorno, los ecosistemas y la naturaleza del municipio que gobiernan.

Sin embargo, sería un error pensar que la responsabilidad termina en el gobierno. La conservación del bosque necesita de propietarios, comunidades, organizaciones, empresas, visitantes y habitantes.

Todos somos usuarios de los beneficios de la naturaleza y, por lo tanto, todos tenemos alguna responsabilidad en su cuidado.

No basta con plantar un árbol

Una jornada de reforestación no puede convertirse en una fotografía, una cifra o un evento de un solo día. Plantar un árbol es apenas el principio.

Hay que cuidarlo, garantizar que sobreviva, recuperar el suelo, combatir las plagas, prevenir incendios, evitar la tala ilegal y proteger las zonas donde el bosque todavía permanece. También necesitamos recuperar la cosecha de agua de lluvia y aprender nuevamente que el agua no es un recurso infinito.

La conservación no puede reducirse a discursos, necesita acciones permanentes y ciudadanos dispuestos a participar, y Valle de Bravo tiene una enorme responsabilidad porque su riqueza natural es también una de sus principales fortalezas económicas. El turismo llega por el paisaje, por el lago, por los bosques y por la posibilidad de encontrar aquí algo que cada vez resulta más escaso: contacto con la naturaleza.

Si destruimos aquello que hace atractivo al destino, terminaremos destruyendo también una parte importante de nuestra economía.

Los bosques que hoy protegemos no son nuestros. Son de quienes todavía no han nacido; plantemos para que nuestros hijos y sus hijos puedan caminar por un bosque que nosotros decidimos no dejar morir.

Valle de Bravo se mantiene y se mantendrá con acciones como las que se están llevando a cabo para conservar su naturaleza, acciones entre el gobierno municipal, la ciudadanía, organizaciones sociales como Comunidad de las Montañas y vecinos que asumen con plena responsabilidad el cuidado del bosque, su conservación y hasta la recuperación de espacios que habían sido devastados.

X: @diaz_manuel