“Nuestros enemigos son los primeros soldados del mundo, pero ustedes son los mejores hijos de México”. Estas palabras de Ignacio Zaragoza sintetizan el espíritu de los dos discursos más importantes de la conmemoración de ayer, 5 de mayo, en Puebla.

Ambas alocuciones, la de la presidenta Claudia Sheinbaum y la del secretario de la Defensa Nacional, Ricardo Trevilla, deberán ser estudiadas con gran seriedad por analistas mediáticos y actores políticos tanto de México como de Estados Unidos. Solo la comprensión cabal de tales mensajes evitará que sigan cayendo en el error quienes, con ligereza, desean que el gobierno nacional se entregue por completo a las exigencias de Estados Unidos.

En el México actual, innegablemente agredido desde el extranjero, las intervenciones de la presidenta y del secretario de la Defensa Nacional articularon, en tonos distintos pero complementarios, un mensaje inequívoco: la soberanía nacional será defendida siempre, cueste lo que cueste.

Las palabras de la presidenta: soberanía, historia y proyecto

El mensaje de Claudia Sheinbaum vinculó la historia de nuestra patria —una historia de invasiones que ya no debemos permitir— con el actual proyecto de nación de la izquierda mexicana.

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Nuestra joven república enfrentó constantes intentos de intervención por parte de potencias extranjeras posteriores a la consumación de la Independencia de 1821”, dijo la presidenta.

Y Sheinbaum agregó, para quienes consideran que cualquier decisión de las autoridades estadounidenses relacionada con México debe ser acatada de inmediato, sin siquiera estudiarla: “Por cierto, para muchos de los sesudos juristas que hoy abundan, los argumentos para las invasiones se sostuvieron, en todos los casos, en supuestos jurídicos desde la perspectiva del invasor”.

México es y seguirá siendo un país libre e independiente, afirmó Sheinbaum. La presidenta aprovechó la gesta de Ignacio Zaragoza para recordar que la dignidad nacional no tiene precio y que, frente a cualquier potencia, la razón, la ética, el patriotismo y el respaldo popular son las armas de defensa más valiosas del Estado: “Cuando hay momentos difíciles en la vida de los pueblos, siempre hay que recordar la historia y en todo momento hay que recurrir al gigante Juárez; un gigante que defendió a su pueblo, la libertad, la república y la independencia”.

Fue contundente la presidenta: “A esos que buscan la intervención extranjera en México, a los que hoy se vanaglorian y defienden la injerencia, a los que aplauden a las televisoras extranjeras cuando hablan mal de México; a ellos les decimos, con verdad y justicia: que quienes buscan el apoyo externo por no tener apoyo popular en nuestro país están destinados a la derrota”.

En la narrativa de Sheinbaum, desde que estalló la crisis por las famosas extradiciones, la soberanía se construye diariamente mediante la honestidad y la atención a los más vulnerables. La 4T es así, en esencia, una defensa de la identidad nacional. Bajo su mando como comandanta suprema, la libertad se entiende como un ejercicio de defensa de derechos y unidad colectiva.

La presidenta Sheinbaum no ha vacilado: la relación de México con el mundo —específicamente con EEUU— se define por una máxima perfectamente clara: la cooperación es bienvenida, pero la subordinación es inaceptable.

En ese sentido, para Sheinbaum el espíritu de la Batalla de Puebla debe ser la brújula para vencer los desafíos contemporáneos, desde los desequilibrios internos magnificados por una oposición y una comentocracia que no actúan leal y democráticamente, hasta las presiones externas, cada día más fuertes.

El registro militar: institucionalidad y fuerza estratégica del Ejercito mexicano

Por su parte, el secretario de la Defensa Nacional, general Ricardo Trevilla, optó por un registro marcadamente institucional, formativo y estratégico.

El discurso del general secretario no eludió el compromiso con una ideología fundamental en México, el nacionalismo, que es más que un principio que siempre debe guiarnos: es también el cimiento de la estructura operativa de la defensa nacional.

Al destacar la evolución del servicio militar hacia un enfoque social, el general Trevilla resaltó el hecho de que nuestra nación cuenta con una juventud leal, honorable y dotada de una nueva conciencia social para enfrentar los retos actuales.

El punto más relevante de su intervención fue el recordatorio de la capacidad real del Estado: los 7 millones de mexicanos que integran las reservas nacionales, además de los cientos de miles de elementos activos en el Ejército, la Marina y la Guardia Nacional, a quienes hay que sumar más de 30 mil nuevos conscriptos.

Tales cifras no son estadísticas frías, sino el registro de los mejores hijos de la patria que, con la misma entereza que el Ejército de Oriente en 1862, sabrán defenderla —y la defienden— en cualquier circunstancia; ya sea en catástrofes naturales, en labores de inteligencia, desmantelando instalaciones de las mafias o como muro impenetrable en el caso, por fortuna altamente improbable (casi imposible, pues la geopolítica de hoy no lo toleraría), de que el injerencismo deje de ser mediático o judicial y pase a otro tipo de acciones.

La relación bilateral atraviesa su momento más tenso en décadas, con una administración en Washington que ha endurecido su postura en seguridad, alentada por grupos conservadores de allá y, desgraciadamente, también de acá, de este lado. Y es que, si bien siempre han sido mayoría las personas nacionalistas en nuestro país, nunca han faltado —y no faltan ahora— traidores a la patria siempre deseosos de que llegue un extranjero a gobernarnos.

El 5 de mayo de 2026 no fue una efeméride más: se trató de una declaración de principios, de un manifiesto de resistencia.