Otra vez tenemos que hablar de algo lamentable: en México, ser periodista sigue siendo un riesgo.

Hace una semana en Poza Rica, Veracruz, fue asesinado el periodista Carlos Castro. Un ataque directo que incluso fue grabado por los mismos sicarios y el video difundido en redes sociales y medios de información.

La verdad es que cuando escuchamos estas noticias nos hierve la sangre, más aún porque el morbo, la revictimización, incluso la indolencia y la burla, hacen que estos sucesos se vuelvan virales, sin respetar el dolor de las familias y creando historias que satanizan a la víctima.

Carlos se suma a la larga lista de comunicadores que han pagado con su vida por hacer su trabajo, fundamental para que podamos saber qué pasa en nuestro país, para que haya transparencia y para que los poderosos rindan cuentas.

Y es que los periodistas, muchas veces, somos incómodos cuando decimos la verdad. Se intenta callar las voces críticas de muchas formas, como ocurrió el pasado 13 de este mes en Santiago Miahuatlán, Puebla.

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María Luisa Ruiz, quien fundó y dirige el medio Expresión, Principio de la Comunicación, se encontraba en la calle, documentando un operativo policial, cuando se le acercaron elementos de la policía municipal. Aunque ella les dijo varias veces que era periodista y que tenía derecho a estar ahí –derecho que tenemos todos los ciudadanos, por cierto– la retuvieron y la llevaron en patrulla hasta la comandancia.

Ya en el camino y al entrar a las instalaciones, aseguró que la jalonearon, la empujaron, incluso la golpearon. Además, la amenazaron con denunciarla por delitos que no cometió.

La mujer, con más de cuarenta años ejerciendo su profesión, padece hipertensión y diabetes, y después de tremendo susto tuvo que ser atendida en un hospital.

El suceso escaló y Artículo 19 condenó los hechos solicitando medidas de protección para la comunicadora y su familia, pues se teme que existan represalias.

La organización independiente, además, aseguró que este caso muestra algunos de los riesgos que tenemos las mujeres periodistas, más las adultas mayores. Además de la violencia que sufren todos los comunicadores, tenemos que lidiar con una estructura patriarcal que nos critica por nuestro cuerpo, nuestra edad, nuestra apariencia física y muchas cosas más. Ser periodista y mujer, parece un arma letal.

Estos hechos lamentables nos recuerdan que por desgracia México está lejos de ser un paraíso para ejercer el periodismo, pues seguimos siendo de los países más peligrosos del mundo para ejercer esta profesión.

Algo más: Tras el homicidio de Carlos en Poza Rica lamentamos también la desaparición de su novia y una amiga, a quienes se les perdió la vista después de su sepelio, hecho que se suma, de manera indirecta, a la violencia que se vive dentro del gremio. Son víctimas colaterales y son, además, un número más en la lista de desaparecidos en nuestro país.

La agresión contra María Luisa y el asesinato de Carlos, nos duele, y sí, nos encabrona. México debe ser un país donde todos podamos trabajar sin miedo y por lo visto, falta aún mucho por hacer.