En México ya no solo nos matan. Nos engañan primero.
Nos atraen. Nos citan. Nos aíslan. Y después… nos desaparecen.
Así de brutal. Así de claro.
Eso le pasó a Edith Guadalupe Valdés Saldívar, una joven de tan solo 21 años de edad.
Salió de su casa buscando trabajo. Buscando lo mínimo para salir adelante, y terminó siendo víctima de algo mucho más grande que un crimen: una trampa.
Una oferta falsa. Una cita. Una promesa.
Y detrás… alguien esperando.
Porque no nos equivoquemos, esto no es mala suerte. No es coincidencia. No es “un caso más”.
Es un método.
Un mecanismo que utiliza la necesidad como carnada. Que convierte la precariedad en riesgo. Que transforma la esperanza en sentencia.
Y lo más aterrador es esto: funciona.
Funciona porque hay impunidad.
Funciona porque hay indiferencia.
Funciona porque como sociedad nos hemos ido acostumbrando a vivir con miedo.
Sí, hay que decirlo sin suavizarlo: nos estamos acostumbrando a que las mujeres desaparezcan.
A ver fichas de búsqueda como si fueran anuncios. A escuchar historias como la de Edith… y seguir.
Como si fuera inevitable. Como si fuera normal.
Y no lo es.
No puede ser normal que una joven salga a trabajar y no vuelva.
No puede ser normal que buscar empleo sea un riesgo de muerte.
No puede ser normal vivir desconfiando de todo y de todos.
Pero ahí estamos.
En un país donde se nos pide cuidarnos más, no ir solas, verificar, desconfiar.
Como si la responsabilidad de no morir fuera nuestra.
No.
La responsabilidad es colectiva.
De una sociedad que dejó de reaccionar a tiempo.
De un entorno que permitió que estas prácticas crecieran.
De una realidad que se fue rompiendo y no se atendió a tiempo.
Porque esto no empieza en el feminicidio. Empieza antes.
Empieza cuando nadie cuestiona esas ofertas falsas. Cuando nadie alerta. Cuando nadie se involucra.
Empieza cuando dejamos de mirar de frente que algo en nuestra sociedad se está descomponiendo.
Y ahí… se abre la puerta.
Hoy las mujeres en México estamos hartas.
Hartas de que buscar el sustento sea un riesgo. Hartas de que salir a estudiar o trabajar implique no volver. Hartas de que la violencia siga encontrando nuevas formas… mientras seguimos reaccionando tarde.
Edith no es un número. No es un caso más. No es una historia que se va a olvidar.
Es una advertencia.
De hasta dónde está llegando la violencia. Y de todo lo que no podemos seguir permitiendo.
Por eso sí, hacen falta leyes.
Hace falta cerrar las grietas que hoy permiten que estos crímenes se repitan.
Y en ese sentido, cobra urgencia la iniciativa impulsada por nuestra presidenta Claudia Sheinbaum, una reforma para unificar el delito de feminicidio en todo el país, establecer criterios claros de investigación y garantizar que la justicia no dependa del lugar donde ocurren los hechos.
Es un paso necesario. Un paso para cerrar espacios a la impunidad.
Pero hay algo que urge todavía más: dejar de normalizar.
Porque mientras sigamos viendo esto como algo que “pasa”… va a seguir pasando.
Y cada vez peor.
Porque esto ya no es un caso. Es un patrón.
Y los patrones no se lamentan. Se rompen.
María Teresa Ealy Díaz, Diputada Federal LXVI Legislatura
Instagram: @materesaealymx | Facebook: Maria Teresa Ealy | X: @MaTeresaEalyMx | TikTok: @materesaealymx





