Demasiada gente, como Carlos Loret de Mola, está molesta en México porque la presidenta Claudia Sheinbaum viajará este sábado a Estados Unidos, específicamente a Nueva York —en vuelo comercial, como debe ser—, para estar presente mañana en la gran final del Mundial de futbol invitada por el presidente Donald Trump.

Ahí, en el estadio Nueva York / Nueva Jersey coincidirá con el dirigente de la nación más poderosa de la Tierra, el mencionado Trump; con el primer ministro de Canadá, Mark Carney; con el presidente del gobierno de España, Pedro Sánchez, y con el monarca español, el rey Felipe VI.

Quien no estará presente, según ha trascendido en medios, es el mandatario argentino Javier Milei, quien decidió no asistir por una cuestión de mera superstición: para no dar mala suerte a su selección. Así de ignorante este ídolo de la derecha mexicana.

A la comentocracia le molesta profundamente que Trump haya invitado a Sheinbaum porque esto derrumba la historia —historieta, más bien, y aun histerieta periodística— de que la 4T ha entrado en una ruta de inevitable colisión con el vecino del norte. No hay ni habrá tal cosa.

La oposición y ciertos analistas argumentan que si la mandataria mexicana no asistió a la inauguración de la Copa de la FIFA en el Estadio Azteca, no tiene ahora la autoridad moral para presentarse en el MetLife Stadium de Nueva York / Nueva Jersey, el imponente escenario con capacidad para 82 mil 500 espectadores donde se enfrentarán las selecciones de España y Argentina.

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Cabe decirle a tan lamentable comentocracia —bastante lastimada porque Sheinbaum está manejando, otra vez, sumamente bien la relación con el poderosísimo gobernante de EEUU— aquello que se inmortalizó en la campaña de Bill Clinton en 1992, desde luego parafraseado. En aquel entonces, el estratega James Carville puso un letrero en la sede de operaciones electorales del candidato demócrata que decía: “¡Es la economía, estúpido!”.

Ahora hay que decirles a los críticos locales, frustrados porque México y EEUU se entienden: “¡No es el futbol, pendejos! ¡Es la relación con el presidente más poderoso del mundo!”.

A eso va Claudia a la final mundialista, un torneo cuya organización compartieron de manera histórica México, Estados Unidos y Canadá. Va nada más a defender a México con dignidad, exigiendo respeto a nuestra soberanía y también dejando perfectamente en claro que cooperación habrá toda la que las autoridades estadounidenses quieran, pero jamás se aceptarán sus amenazas absurdas de injerencismo en territorio mexicano.