Si llegaran a enfrentarse en el Mundial 2026, no tengo la menor duda de que, el equipo de Javier Aguirre, perdería ante el de Mauricio Pochettino. México gana sus partidos sin convencer. Mientras que la oncena norteamericana ha demostrado un mejor nivel de juego en la cancha. No se trata de ser patriotas, sino realistas: nuestra selección tiene serias carencias.
Todo lo contrario de lo que sucede fuera de los estadios, porque en la cancha de la política, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo derrota fácilmente al presidente Donald Trump MacLeod. Incluso, la mandataria mexicana llegó al torneo mejor calificada que el norteamericano.
En las elecciones del 2 de junio de 2024, Sheinbaum Pardo arrasó en las urnas a la derecha mexicana. Obtuvo 35.9 millones de votos, el 59.75% de la votación total y poco más de 5.8 millones por arriba de los 30.1 millones que obtuvo López Obrador en 2018.
Hablamos de un movimiento populista de izquierda en ascenso, cuyos votos obtenidos en 2024 representaron 13.2 millones más que los del PRIAN y MC juntos. Es decir, de un gobierno con la legitimidad necesaria para construir el segundo piso de la Cuarta Transformación. Y en contraparte, hablamos de una oposición disminuida en las urnas y moralmente derrotada. Los números no mienten. Con este palmarés llegó Claudia a ejercer la presidencia.
En cambio, en noviembre de 2024, Donald Trump ganó el Colegio Electoral con 312 votos y Kamala Harris obtuvo 226. Pero en términos del voto popular, el republicano apenas pudo superar a la demócrata por una diferencia mínima de 1.5 por ciento. Él se agenció 77.3 millones de sufragios (49.80%) y ella logró poco más de 75 millones (48.32%). Sin olvidar que, en 2016, Hillary Clinton le ganó a Trump el voto popular: 65.8 millones contra 62.9 de Trump.
Así, su movimiento populista de derecha llega al poder con menor legitimidad que el de Sheinbaum Pardo y con el Partido Demócrata pisándole los talones al republicano. Donald ganó su pase a la presidencia, jugando sin convencer a las y los norteamericanos. Los números hablan por sí solos.
Ya en el ejercicio del poder, los estudios demoscópicos han tomado el pulso de la “afición” que observa desde la tribuna a sus gobiernos. En el caso de la presidenta mexicana, Claudia inició su mandato con 73% de aprobación. En mayo de 2025 alcanzó el 79 por ciento. Y en junio de 2026 tiene un 68%, de acuerdo con la encuesta de encuestas de Polls.mx.
A pesar de esta disminución, dicho porcentaje se encuentra por arriba del que tuvieron en este mismo lapso de su sexenio Fox (50%) Calderón (60%), Peña (48%) y AMLO (60%), señala Polls.mx. Mientras que, un sondeo de Enkoll, dice que el 67% está a favor de que Claudia continúe en la presidencia.
En el extremo opuesto, desde el inició su mandato en enero de 2025, Trump es reprobado por la ciudadanía norteamericana. De acuerdo con la encuesta de The New York Times, inició con un 52% de aprobación en enero de 2025 y en marzo siguiente andaba en 48 por ciento. Actualmente anda en 38 por ciento.
De acuerdo al tracking del periódico The Economist, su aprobación neta, es decir, el saldo entre quienes lo aprueban y desaprueban, es actualmente de 22 puntos negativos. Superior a los 10 puntos negativos que traía en junio de de 2018, de su primera presidencia. Los números no mienten: Trump lleva 15 meses consecutivos reprobado como presidente.
No hay duda, las fortalezas de la presidenta Claudia son las debilidades de Donald. Tampoco es necesario acudir al VAR, para saber que, en la cancha de la política, la presidenta Sheinbaum Pardo aventaja por mucho a su colega norteamericano. Además, a diferencia de la oncena de Javier Aguirre, lo hace con un desempeño que convence a la afición mexicana.
De ahí que, como lo dijo en su discurso del 31 de mayo pasado, la presidenta cuestione si realmente el gobierno de Trump tiene el genuino interés de apoyar a México en el combate al crimen organizado. O lo que trata es llevar agua al molino del Partido Republicano, afectado por sus negativos, ante la próxima elección de noviembre. O bien, pretende incidir en las elecciones intermedias de 2027, favoreciendo a la derecha mexicana a costa de la 4T.
Por supuesto, a Trump le interesa tener a un gobierno mexicano de derecha, genuflexo a sus pretensiones. Como sucede en otros países del continente americano. Y no a uno de izquierda que, como el de Sheinbaum Pardo, le dé un portazo en sus narices defendiendo la soberanía nacional. A sus 64 años recién cumplidos, tenemos mucha presidenta.



